Vientos huracanados

Variedad de sistemas de protección anticiclónica están a la mano para respaldar la cultura de la protección y seguridad

Con una lógica hasta cierto punto comprensible, es precisamente después del paso de algún huracán cuando se reactiva el interés de las personas y posibles clientes por recurrir al uso de nuevos sistemas de protección anticiclónica, ya sea lonas, cortinas o cualquier otro moderno sistema para oficinas, hoteles, empresas, bodegas y casas habitación.

Aunque hay avances sustanciales, la cultura de prevención dista todavía de un estándar adecuado, pues aún se recurre en gran medida a sistemas de antaño, como las clásicas maderas para las ventanas o cinta adhesiva que se coloca en los vidrios, y que si bien cumplen con una función, implican en muchas ocasiones gastos mayores y no cubren a cabalidad el aspecto de la seguridad.

La columna vertebral de todo sistema de protección antihuracán son los anclajes con los que se fija, y actualmente hay varios métodos de protección a elegir. “Yo recuerdo que con el paso del huracán Wilma agarré un colchón y lo puse en la ventana, como una medida de protección para mis trillizos que en ese entonces eran muy pequeños”, señala Emilio Lalieu, director general de la empresa Globalia, especializada en la instalación de sistemas de protección anticiclónicos.

Ahora, con ocho años de experiencia en el mercado, subraya que “en la medida que haya una mejor comunicación y hagamos conciencia de la necesidad de protegernos de los posibles efectos de un huracán, más rápido será para todos salir adelante del problema, como comunidad y como destinos, porque los daños serán menores. Podemos protegernos con lo que sea, pero lo esencial es qué nivel de seguridad queremos”, agrega el empresario.

“Un sistema endeble, por ejemplo en un hotel, implica efectos posteriores adicionales, incluso el cierre del negocio, baja operatividad, la salida del mercado en tanto se atienden los daños, lo que al final representa una pérdida mucho mayor a la inversión que se puede hacer en un sistema adecuado de protección.

“Una vez inmerso en este rubro empecé con lonas anticiclónicas, pero nos pedían el aluminio en acordeón, enrollables de aluminio tipo europeo, láminas de policarbonato, rieles de aluminio  galvanizado, por lo que trabajamos con varios sistemas”, indica.

En lo personal, añade, “lo que más me gusta, a lo que más confianza le tengo y  recomiendo, son las lonas anticiclónicas, que impactan menos una fachada, además de que se requiere tiempo para tensarlas y poner como debe, pero al final son, sin duda, lo más seguro que hay”, precisa.

Reconoció que es a raíz de la publicidad de boca en boca que se va haciendo la suma de clientes, no sólo en Cancún sino en otros destinos y ciudades del interior del país, donde tienen también demanda del servicio.

Indicó que para muchas personas puede ser un servicio caro. “Es caro comparado con qué; si estás en casa con tu familia durante un huracán sin protección, podría resultar más caro y riesgoso no invertir en un sistema de blindaje”.

Apuntó que en ocho años de labor alcanzaron la instalación de 50 mil m2 de protección con material que se importa de Estados Unidos (de dos empresas proveedoras de lonas y dos de aluminio), y los costos, dependiendo del diagnóstico, las necesidades y posibilidades de cada cliente, van desde 800 pesos hasta siete mil pesos por metro cuadrado, “en este caso con sistemas muy sofisticados”.

Con la referencia que tenemos, hemos trabajado mucho con empresas grandes como Grupo Ultrafemme, varios hoteles y Liverpool, con nueve tiendas de destinos de playa como Salina Cruz, Oaxaca; Coatzacoalcos, Veracruz; Tampico, Tamaulipas; Ciudad del Carmen, Campeche, y Playa del Carmen, en Quintana Roo. “Hacemos citas que nos permiten elaborar un diagnósticos de vulnerabilidad, sin costo. Al final es más económico protegerte y prevenir que resolver los problemas después de un fenómeno”.

La empresa tiene un equipo que conforman nueve personas y en temporadas pueden tener entre 50  y 70 eventuales.

 

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