Viaja, disfruta, respeta

Con este lema la Organización Mundial del Turismo (OMT) lanzó, en septiembre de este año, la campaña en medios relacionada al Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, declarado así por la Organización de las Naciones Unidas para 2017.

La campaña, basada en información para que nosotros como turistas hagamos viajes más responsables, se centra en cinco consejos prácticos que todos debemos seguir como viajeros: 1) valorar a los anfitriones y nuestro patrimonio común; 2) proteger nuestro planeta; 3) apoyar la economía local; 4) informarse bien; 5) ser un viajero responsable.

Nada difícil, ¿cierto? Y es que, con más de mil 200 millones de viajeros internacionales a nivel global, y un estimado de entre cinco mil y seis mil  millones de viajes de personas al interior de sus propios países, es necesario hacer que nuestros turistas se conviertan en un motor de cambio.

Porque es claro que el trabajo a nivel de política pública y de destino, a nivel de leyes y programas, a nivel de empresas y organizaciones no alcanza si nuestro consumidor no es concientizado y educado acerca no solo de sus impactos sino de las inmensas posibilidades que hay de que su viaje genere beneficios al sitio que visita y, por supuesto, a la población residente.

La gran pregunta que debemos hacernos todos los integrantes de la cadena de distribución del turismo es si estamos dando pasos firmes en apostar por un turista responsable, tanto a nivel internacional como nacional y local. ¿Hacemos lo suficiente?

Desde mi punto de vista, no. Conozco muchos esfuerzos de empresas y destinos que están apostando seriamente a la sustentabilidad: mejorando sus prácticas, invirtiendo en tecnologías alternativas, generando alianzas con organizaciones y proyectos locales, protegiendo la biodiversidad, pero hay muy pocas campañas de empresas y destinos que están apostando a informar al turista y a convertirlo en un agente de cambio.

¿Se imaginan el impacto que genera en Quintana Roo la visita de 10 millones de turistas y cuatro millones de cruceristas? Seguramente sí. Ahora imaginemos todo lo que podemos hacer con estos 14 millones de visitantes que eligen nuestros destinos anualmente.

Desde hacerles saber que visitan un sitio biodiverso (que estoy seguro que pocos lo saben), incorporarlos en campañas locales de beneficio local, vincularlos para la compra de artesanías de manos mayas, involucrarlos en proyectos de reforestación tanto de selvas como de corales, hacerlos, pues, parte de los esfuerzos que llevamos a cabo todos en el destino.

Necesitamos que la promoción turística siga con su gran labor, pero también abrir una línea de comunicación de la sustentabilidad hacia nuestros turistas, como ya lo hacen empresas y destinos líderes a nivel global. Por supuesto que ha habido esfuerzos, pero hace falta una estrategia central para alinearlos.

Sigamos trabajando en ello, y en el inter hagámonos la siguiente pregunta: Nosotros, al viajar, ¿estamos siendo turistas responsables?

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