Un sueño de 500 años

El pasado 21 de octubre el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, anunciaba que se había optado por aplicar el artículo 155 de la Constitución, previsto para el supuesto de que una comunidad no cumpla con sus obligaciones o las leyes, y que convocaría a elecciones en Cataluña antes de seis meses, esto con el fin de restaurar el orden constitucional, asegurar la neutralidad institucional, garantizar los servicios y la actividad económica y preservar los derechos de los ciudadanos de esta región de Cataluña. Finalmente, Rajoy solo hace lo que juró cuando asumió el cargo, cumplir y hacer cumplir la Constitución española, que no fue redactada por él pero que está obligado a cumplir.

Dos días antes, el 19 de octubre pero del año de 1469, hace ya 548 años, se celebraba en la misma España, en el palacio de los Viveros de Valladolid, un hecho de trascendencia histórica, la boda de Isabel y Fernando, la primera princesa de Asturias y el segundo príncipe de Aragón. Años más tarde, cuando en 1474 muere el hermano de Isabel, Enrique II, esta sería entronizada como reina de Castilla y de León en base a los Tratados de Guisando que la nombraban la sucesora al trono, mientras que cinco años después, en 1479, Fernando asumía el trono a la muerte de su padre, el rey Juan II de Aragón, y se convertiría en el rey de Aragón, Sicilia, Cataluña, Valencia, Baleares y Cerdeña, hasta su muerte en 1516.

Este fue el inicio de un sueño de los posteriormente conocidos como los ‘Reyes católicos’, el de unir los diferentes reinos hispánicos bajo una sola corona y dar así nacimiento a una gran nación que hoy conocemos como España, y que en los siguientes tres siglos sería la más poderosa del mundo.

A pesar de que este sueño no lo llegan a ver consolidado en vida ni la reina Isabel, quien muere en 1504, ni el rey Fernando, quien fallece en 1516, pudiéramos decir que se realiza con la coronación de Carlos I de España el 14 de marzo de 1516, cuando por primera vez en la historia la misma persona ostenta la corona de los reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón.

Esto se cuenta en pocas líneas, pero llegar a la realización de este sueño se logró no por plebiscito, sino a base de luchas y guerras en donde las minorías o la nobleza buscaban mantener sus prerrogativas, por lo que se tuvieron que superar muchas guerras civiles y rebeliones para conseguir y mantener esa unidad.

Hoy, 501 años después de la coronación de Carlos I de España (también conocido como Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico), vemos cómo los intereses de otro Carlos, el presidente de la comunidad de Cataluña, Carlos Puigdemont, pone en riesgo las bases económicas, sociales y políticas de una gran nación como lo es España. Pensar que la independencia se consigue por plebiscito me resulta de lo más ingenuo que he escuchado. Cualquier separación o independencia se consigue con sangre y sudor. La nuestra, la mexicana, se llevó 11 años y la sangre de cientos de miles de mexicanos. Los cuatro años de guerra civil en los Estados Unidos en el siglo XIX, cuando los estados confederados buscaban separase de la Unión Americana, costaron la vida de más de 700 mil personas, para finalmente frustrar el intento y mantener unido lo que hoy es los Estados Unidos de América.

No existe una independencia por plebiscito. Qué ingenuo Carlos Puigdemont y sus seguidores. Pero al menos, qué bueno que esto ocurre en el siglo XXI, porque si esto hubiera ocurrido en el reinado de Fernando e Isabel, sería juzgado por traición y con la vida pagaría el precio de poner en riesgo la estabilidad de una nación.

Deseamos que los catalanes se convenzan de que en la unión está la fuerza y  que el sueño de Fernando e Isabel, por el que tanto lucharon ellos y muchos otros, se conserve por unos 500 años más. Sea.

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