Transición

Con demasiada frecuencia nos enteramos aquí y allá de que los medios de comunicación atraviesan una etapa difícil. Más allá de los histriónicos ataques del presidente Trump, que devoran la atención de éstos, es una realidad que están perdiendo su principal soporte: la publicidad (en los casos de The New York Times y The Washington Post, hasta un 40%, y a nivel nacional doble dígito en los últimos dos años), y han tenido que buscar negocios paralelos y modelos no tradicionales para su monetización, como las producciones de video, los eventos deportivos y artísticos, y una política continua de fusiones y alianzas, para poder sobrevivir.

Esas noticias tienen un trasfondo muy doloroso, que no siempre sale a la luz: adecuaciones financieras, contracción de presupuestos, ajustes a la plantilla laboral. Es una conducta lógica. La primera obligación de las empresas es subsistir, mantenerse productivas y rentables, tratando de superar este vendaval adverso.

Es el caso que hoy enfrenta Grupo Editorial Latitud 21 (GEL21). Una serie de factores fuera de nuestro control, como el avance imparable del modelo todo incluido, la migración de los presupuestos publicitarios a las redes sociales y al Internet y, desde luego, los costos desorbitados de los materiales de producción (papel e imprenta) han orillado a la empresa a efectuar una firme reestructuración financiera, que implicará grandes cambios en el modelo de negocio.

Reconozco el liderazgo del presidente de la empresa, Eduardo Albor, en este proceso. Con mente fría, la que se requiere para sortear el temporal, ha tomado decisiones nada fáciles, que implican ajustar el organigrama de la empresa, modificar la periodicidad de dos de los tres medios impresos, e incluso variar su aspecto físico y su presentación, en aras de sostener la estructura a flote.

Y esa estrategia implica la desaparición de la dirección ejecutiva, puesto que nuestro presidente me confió hace cuatro años y que desempeñé con honestidad y eficacia. Entiendo su decisión, que es irreprochable desde una perspectiva financiera, aunque en lo personal me obligue a alejarme de esta actividad (y de este grupo editorial) que me tatué en la piel.

Fueron, en total, 14 años consecutivos de lidiar con los cierres de Latitud 21, de atestiguar las etapas de Proyecto Brújula, de ver el renacimiento y la consolidación de la guía turística i-Tips. Fueron cientos de ediciones, miles de entrevistas y millones de momentos memorables, lo mismo tensos que alegres, lo mismo emocionantes que urgentes, pero sin duda siempre aleccionadores y productivos.

Solo tengo motivos de gratitud para quienes hicieron posible esta aventura: lectores, anunciantes, entrevistados, incluso críticos. Una mención especial a mi equipo, que siempre estuvo a la altura de las circunstancias. Y ya lo dije, a nuestro presidente, Eduardo Albor, quien tiene la complicada misión de los líderes de empresa: sacar esto adelante.

Dentro de lo que cabe, puedo afirmar que me voy contenta y tranquila, sabiendo que hicimos buen periodismo y que no hemos predicado en el desierto.

 

 

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