Sin discusión, Sal, los mejores pasteles
de Cancún salen de los hornos de La Pasteletería, y punto.
-Eso no es lo que discuto, ni es el punto, Pimienta. Hablo de que le recordaba como un lugar de mucho, pero mucho encanto, el mismo que ya no encuentro
tras pasar los inquietantes aparadores. Pero concuerdo. Los mejores pasteles son de su factura.
-¿No has comido bien? Te noto satisfecha Sal.
-Satisfecha, por supuesto. Y no puedo dejar de ser objetiva a la hora de dirigir mis comentarios hablando exclusivamente de su carta. Siempre ha sido un placer sentarme en su mesa. Si me pongo a hacer memoria encuentro en sus desayunos el equilibrio perfecto,
con esa fusión entre cocina tradicional mexicana con alguna ocurrencia gourmet. Como esos huevos revueltos con cebolla morada
y queso sobre nopal asado bañado en salsa de pasilla, o esos huevos con divertidos nombres: El hacendado, con jamón de pavo y queso chedar, o El campesino, con papas con su cascarita, mmm...
-No entiendo, Sal. Porque si de mí se trata no hay ningún otro lugar en Cancún donde haya encontrado esas sopas servidas con pan campesino, y ahora sí la Adela por delante, con su rica crema de chile poblano, o el Eclipse, con esa sorprendente mezcla de crema de frijol con queso perfectamente delineados…
¡Una obra gastronómica!
-No me he explicado bien, pues sabes que soy toda una devota de sus ensaladas, particularmente
la del Huerto, con manzana, crotones de queso de cabra, nuez, betabel, zanahoria y lechuga…
-No soy devoto, pero voto a favor de sus Gorditas de paste y las pechugas en salsa de chipotle… Nunca hay pierde, ¡ni me las pierdo!
-En efecto, Pimienta. La Pasteletería se ha mantenido fiel a sus recetas y es algo que debe y debemos celebrar. Sin embargo, hay algo que me inquieta, y eso es en lo que concierne a su descuido, tanto que a simple vista me arrebata. Mira las patas descarapeladas
de sus viejas mesas, el acceso del baño y hasta el baño mismo, de pena, verdaderamente ajena… Ni hablar cuando chocó tu cabeza con su lámpara, ¡el polvo cayó como copos!
-No soy tan fijado como tú, pero viéndolo fríamente bien te concedo la razón, ¡pensé que se trataba de una repentina lluvia de caspa!
-No me hace gracia tu chiste…
-Está bien, también lo noté, lo del polvo pues.
-La Pasteletería siempre ha hecho gala de su exactitud en la alta repostería, que inmedia-tamente te atrapa apenas abres sus puertas…
-Exacto, nunca sabes para dónde voltear; es demasiada tentación por donde le mires…
-Y es por ello que me parece extraña tanta dejadez… Me vuelve a saltar que mientras disfruto de su cocina, mis ojos se encuentren con un lugar que percibo como viejo, cuando muchos hacen en el día a día su intento por embellecer su fisonomía para corresponder a sus comensales…
-Y a la competencia, querida...
-No ha habido mantenimiento y eso se nota que es cosa de tiempo, no del ajetreo cotidia-no. Y del servicio, ni se diga…
-Mmmm… quizá estén en una reestructura o en un cambio de domicilio…
-No se trata de eso, Pimienta, se trata de lo que ha significado este espacio en nombre de la gastronomía nacional, además que es de los pocos de los perímetros alejados del centro de la ciudad que continuamente reciben visitantes
extranjeros ávidos de conocer nuestras tradiciones, que van de la mano con los mercados,
artesanías y cocina… Y no le veo tanta inversión a un poco de pintura por aquí o por allá, a una limpieza como debe ser a lugares tan delicados como el toilet…
-Tus palabras me provocan ansiedad,
ansiedad y ansiedad… ¿Me trae una bomba de chocolate para dos?
-Ahora sí que me tapas la boca…
-¡Buen provecho!
