Año 5 Número 53 Agosto 2007



César Barrios

Todos los humanos utilizamos productos y servicios de la Naturaleza, con lo que se ha empezado a causar un impacto a ésta, y desde el siglo pasado. Lo que no está mal por la propia subsistencia. El problema estriba cuando se sobrepasa la capacidad de carga, es decir, cuando la demanda es más alta que la oferta, y cuando ésta no es renovable.  
¿Tenemos un problema? En 1990 William Rees y Mathis Wackernagel, de la Universidad de Columbia Británica en Canadá, desarrollaron el concepto de la “huella ecológica”, un método que nos puede ayudar a contestar esta pregunta. Este concepto se utiliza para medir cuántos recursos naturales utiliza cualquier ser humano para sostener su estilo de vida en cualquier parte del planeta. Es un cálculo que se basa en dos puntos.
Primero se calcula el consumo de recursos y energía de una población definida, y, segundo, se transforma este consumo en la superficie de tierra o mar requerida en su producción.
La huella ecológica de una persona -desde que nace-, de una ciudad, país o continente es el total de tierra o mar ecológicamente productivos usados exclusivamente para producir los recursos consumidos y para asimilar todos los desechos generados por éstos.
Un ejemplo local. La huella ecológica de Cancún incluye mínimo 20 estados de la República Mexicana y unos 80 países del mundo: el plátano que viene de Tabasco, la carne del ganado de Nuevo León, el maíz de Chiapas, los ventiladores de China, todos los productos de conserva importados de EU y Europa.
Todo, absolutamente todo lo que consumimos deja una huella ecológica desde su origen, pasando por su empaque y transporte hasta su consumo y disposición final; en todas estas etapas se deja una huella ecológica. 
Por ejemplo, para producir cada tecla de computadora con la que estoy escribiendo se consumieron recursos naturales y energía; para producir e imprimir Latitud 21 igualmente.  Para hacer un guacamole se necesitan aguacates, y éstos necesitan tierra y agua para crecer, así como mano de obra para su cosecha, la cual requiere de camiones para su transportación, mismos que consumen diesel y producen monóxido de carbono, el que afortunadamente es absorbido por los bosques, así es que este servicio ambiental irónicamente es pagado con deforestación. 
Para aquellos que en este momento piensen que esta es una exageración conservacionista, les recomiendo realizar su huella ecológica personal para abrir su visión al tema y para actuar en su reducción, visitando la página http://www.earthday.org/footprint/index.asp.
Mi huella ecológica es de 6.2 hectáreas, es decir, mi consumo de tierra, mar, oxígeno y absorción de bióxido de carbono afecta al planeta -comparativamente hablando- en una superficie de poco más de seis campos de futbol.
Si consideramos que el promedio para México es de 2.5 hectáreas o el promedio para el planeta es de 3.4 hectáreas, y que en la tierra hay una disponibilidad de 1.8 hectáreas para cada uno de los seis mil millones de seres, y si éstos tuvieran mi consumo personal, se necesitarían más de tres planetas Tierra.
A veces pensamos que todos los recursos son infinitos (selvas, bosques, manglares, mar, montañas, agua), pero no es así, la superficie y los recursos disponibles para el hombre son finitos. Además tenemos que entender que no todo el planeta es para nuestro uso exclusivo, pues existen otras especies con las que lo compartimos y al igual que nosotros necesitan de recursos para su subsistencia. 
Estados Unidos tiene el récord de la huella ecológica con 10.3 hectáreas. Si todos los seres humanos actuales consumiéramos como sus habitantes necesitaríamos más de seis planetas para mantenernos. En el extremo tenemos a Bangladesh, con cinco hectáreas. Está más que claro que el sobreconsumo, y no la pobreza, es la verdadera amenaza para el desarrollo sustentable.
La capacidad de carga disponible en el planeta para cada persona se reduce constantemente; el crecimiento demográfico, la erosión de los suelos, la pérdida de selvas, manglares y bosques, la desertificación son algunas de la causas. 
El capital más valioso para cualquier grupo empresarial debe ser el capital natural. Es necesario realizar el análisis económico de los costos ambientales, ya que los administradores al hablar del balance comercial sólo se refieren al flujo de dinero y no a los flujos ecológicos. Como parte de la visión de cada empresa se debe tener en cuenta que no todos los servicios de la Naturaleza pueden ser objeto de comercio. Todos debemos reducir nuestra huella ecológica con acciones muy puntuales:
1.- Reducir nuestro consumo en general. 
2.- Re-usar los que ya usamos.
3.- Reciclar, y 100 veces reciclar.
4.- Invertir en energías alternativas.
5.- Evitar importaciones, consumir productos hechos en México.
6.- Mejorar el transporte público.
7.- Conservar y aumentar las Areas Naturales Protegidas. 
La huella ecológica no se reduce viendo el video de Al Gore tres veces. Tampoco se reduce viendo los conciertos de LiveEarth. La huella ecológica la reducimos con acciones diarias como individuos y como empresas.

 
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