Por dónde empezar…

Cuesta trabajo enfrentarse a la página en blanco, luego de tantos y tantos acontecimientos, luego de tanta indolencia pero también de tanto coraje; luego de tantos análisis, de tanta crítica y de tan pocas soluciones; cuesta trabajo pensar en proponer cuando hay tanta propuesta sin ser escuchada, pero cuesta trabajo también ser uno más de los que se quedan callados.

Cuesta trabajo escribir cuando parece que todo está escrito, pero cuesta también trabajo pensar que todo lo escrito sirve de tan poco ante semejante sordera.

Este espacio ha estado en silencio por casi un mes ante la perplejidad que dejan los acontecimientos que sin duda rebasan por mucho a la actividad turística de la que siempre nos ocupamos, aunque sin duda también se ve afectada, aunque nos pese y aunque se niegue, por las avasallantes calamidades que aquejan a nuestro querido México.

Nunca, desde que tengo uso de razón, como  dicen los viejos, había escuchado semejante clamor generalizado pidiendo la renuncia de un presidente, nunca con esta intensidad, nunca tan generalizado; nunca desde que vivo en Cancún, el mejor y más importante destino turístico de México y Latinoamérica, había escuchado que estamos tan mal yéndonos tan bien; nunca había percibido tal descontento, tal enfado, tal incertidumbre.

Es esta la hora, parece, de reflexionar para todos: políticos desde luego -que tan mala fama les precede-, funcionarios en “desfunciones”, empresarios, inversionistas, activistas, líderes de opinión, periodistas y comunicadores, organizaciones sociales, intelectuales, académicos y pensadores en general, acerca de la realidad de México y lo que esperamos de nuestro futuro.

El problema es que en este país todos hemos estado por décadas en una zona de confort, a la espera de que alguien haga algo por nosotros, y le hemos dejado irresponsablemente al gobierno esa enorme responsabilidad, de manera que cuando los grupos “irreverentes” de diversos ámbitos de la sociedad se levantan, reclaman y se manifiestan nos parece a todos raro, inconveniente e inoportuno, por decir lo menos.

México está agobiado y el gobierno no atina acción alguna encaminada a reducir el agobio, ni a ofrecer soluciones tangibles no solo a nivel federal en torno a los lamentables acontecimientos que hoy son noticia mundial, sino también en los estados en donde el desgobierno, la corrupción y represión son el pan de cada día.

Más allá de la enorme crisis de inseguridad, de la incredulidad que priva y de la incertidumbre de todos los mexicanos, la pregunta que surge es ¿qué sucederá en medio de esta crisis, por ejemplo, con las actividades económicas estratégicas como el turismo?

¿Qué será de Acapulco y otras playas cuando la secretaria de Turismo federal parece que no se entera bien hasta hoy de qué se trata esta actividad; cuando menos así parece, cuando se le expresan repetidamente los problemas que significan los bloqueos de taxistas en todas las playas del país y no parece haber reacción de su parte?

¿Qué se puede esperar para la actividad turística cuando no existe un solo incentivo, un solo esquema de fomento, una sola acción estratégica de impacto para favorecer a la única industria estratégica noble y en constante desarrollo que podría detonar e impulsar a México?

Si bien las reformas estructurales, aunque no fueron bien comprendidas ni aceptadas por todos, habían generado un impacto favorable en todos los mercados y fueron recogidas con simpatía por diversos países, la energética especialmente, lo cierto es que hoy ante la triste crisis, la reacción tardía ante las tragedias y la impopularidad del gobierno promovida viralmente en las redes sociales, las citadas reformas quedaron en el olvido y lo que destaca acerca de México en el mundo es la duda, la incertidumbre y el temor, y no lo digo solo adivinando, hace unos días me lo expresó de frente una distinguida embajadora.

Entonces, ¿por dónde empezar?… ¿Por dónde empezar el 2015?

¿Por dónde empezar una nueva era? ¿Cómo ayudarle al presidente que no ata ni desata? ¿Y qué hacemos en los estados?… ¿Seguimos en la pasividad que nos caracteriza, ante la ineficacia, la opacidad y la corrupción? ¿Seguiremos tolerando?…

Me parece que es el tiempo de los ciudadanos, el tiempo de los pensantes, el tiempo de los valientes… ¿Qué opinan mis estimados ocho lectores?

 

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