
Cada vez es más frecuente en la gente de todos los estratos sociales el consumo de los productos “milagro”, los cuales son impresionantemente difundidos en los medios de comunicación, independientemente de las muy comunes recomendaciones de amigos, primos, vecinos, etcétera, para el uso de los mismos.
Se identifican como productos “milagro” aquellos que sin estar avalados por las autoridades sanitarias aseguran en sus presentaciones o en su publicidad prevenir o curar enfermedades o diferentes problemas de la salud. Para buscar ser más atractivos siempre se presumen como productos de origen natural, ecológicos, y sin efectos secundarios, así como expenderse en farmacias de prestigio.
El mayor mercado de este tipo de productos está enfocado principalmente en los que ayudan a bajar de peso, en la recuperación de la juventud, en el incremento de la potencia sexual y para evitar la pérdida del cabello.
Es impresionante la cantidad de gente que compra este tipo de productos sin pensar en las repercusiones nada favorables para su propia salud; y digo esto porque si los productos que son avalados por las autoridades sanitarias tienen efectos secundarios nocivos si no se toman con las indicaciones precisas de su médico, imagínese las consecuencias que podría tener con este tipo de productos, muchos de los cuales ni siquiera están reconocidos por dichas autoridades.
Es por eso que la intención de este artículo es la de informar a las personas para que no se dejen llevar por recomendaciones de persona a persona (cada organismo responde de diferente manera), anuncios, publicidad disfrazada de testimoniales, sino que antes acudan con representantes de la salud para pedir información al respecto.
Eso no quiere decir que usted no se mantenga enterada/o de los nuevos productos que la industria farmacéutica saca al mercado internacional, pero sí que guarde una considerable distancia de aquellos productos que parezcan no tener ningún respaldo científico. Su salud lo puede pagar, y muy caro.