La sociedad actual cada vez es más reacia a sentir dolor de cualquier naturaleza y eso ha derivado en el uso y abuso de medicamentos cada vez más y más fuertes, los cuales mal administrados y usados fuera de control pueden, con mucha facilidad, hacer al paciente dependiente de ellos y causarles una serie de trastornos que les pueden llevar incluso hasta la muerte. La sociedad de nuestros vecinos estadounidenses es una clara muestra de lo que trata de ser una sociedad sin dolor, pues curiosamente utilizan en su arsenal medicamentoso productos que fácilmente pueden causar dependencia en las personas que los toman.
Dentro de este grupo de sustancias están los opiáceos, tipo la morfina y la codeína. Drogas semi sintéticas producidas a través de la morfina como la hidromorfona, la diacetilmorfina y la oxicodona. Otros agentes sintéticos son la meperidina (demerol), el propoxifeno y la metadona. Todas estas sustancias producen analgesia y euforia, pero también una marcada dependencia física si se toman en dosis altas, por periodos prolongados y sobre todo sin control.
Más del uno por ciento de la población estadounidense reúne criterios de abuso o dependencia de narcóticos en algún momento de su vida. El 70% de los individuos adictos a los narcóticos presentan otro trastorno psiquiátrico (generalmente depresión, alcoholismo o trastornos de la personalidad) o han sido consumidores de alcohol, tabaco, marihuana, entre otros. |
Todos los opiáceos tienen los efectos siguientes en el sistema nervioso central: sedación, euforia, disminución de la percepción al dolor, disminución del estímulo respiratorio y vómitos. Cuando se administran en dosis mayores producen: intensa disminución de la respiración, miosis pupilar (pupila pequeña), estupor y coma.
Además las sustancias que sirven para cortar las drogas de la calle, como la quinina, la cafeína, la estricnina, leche en polvo, pueden producir lesiones neurológicas permanentes.
El consumo crónico de estas sustancias dará lugar a la tolerancia, por lo que se requerirán dosis superiores para alcanzar los efectos psicotrópicos y a su vez la dependencia física.
Por todo lo anterior no hay que caer en el abuso de medicamentos para quitar el dolor, pues pueden llegar a ser en su vida un verdadero dolor de cabeza.
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