Nuevo año de retos

Trillado resulta quizá el título de esta entrega, pues cada año, cada nueva etapa, cada inicio es un nuevo reto, una nueva oportunidad de crecer, de mejorar, de especular, de esperar nuevos y mejores horizontes y de pensar que con trabajo, ahínco, buenos y, también, mejorados propósitos podemos aspirar a mejores estadios en lo personal, en lo familiar y sin duda también en el ámbito social y comunitario.

Así que aunque trillada y desgastada, permítanme mis ocho lectores usar esa frase para arrancar el año y este espacio, siempre con la esperanza de que podemos estar mejor sin que ello signifique que debamos dejar atrás la historia, las experiencias y los aprendizajes.

Hay que “echar pa’ delante”, como se dice, pero sin soslayar las experiencias del pasado para de ellas aprender, no tropezar con las mismas piedras y estar listos para emprender nuevos derroteros.

Alguna vez recientemente escribí en este espacio que me daba pena el destino de un tal Roberto Borge, al recordar su elocuente discurso de toma de protesta cuando ascendió a uno de los más altos cargos que un ciudadano puede alcanzar en su comunidad, el de ser gobernador, cargo que desde tiempos de la Colonia significaba no solo la más alta distinción sino la oportunidad, aunque fuera solo retóricamente, de proveer una mejor calidad de vida a la población gobernada.

Aunque si leemos a los cronistas de la Conquista, la Colonia y de las épocas posteriores, entenderíamos que los gobernadores estaban ahí para servir a la Corona, a ellos mismos y a los intereses de los más allegados, utilizando a los súbditos y pueblo en general para lograr a costa de lo que fuera sus muy personales propósitos.

Dice Bernal Díaz del Castillo en su magnífica crónica, que luego de que eligieran a Cortés por capitán general y justicia mayor, nombrada la villa y alcaldes y regidores, que estaban tan enojados y rabiosos los de “la parcialidad” del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, que para acallar las voces, “entonces avisó secretamente a Juan de Escalante que le hiciésemos parecer las instrucciones que traía de Diego Velázquez, lo cual luego Cortés las sacó del seno y las dio a un escribano del rey que las leyese, y desde que decía en ellas: “Desque hobiéredes rescatado lo más que pudiéredes, os volveréis”, y venían firmadas de Diego Velázquez y refrendadas de su secretario Andrés de Duero. Todo a efecto de que su majestad supiese en España “cómo todo que hacíamos era en su real servicio, y no nos levantasen alguna cosa contraria de la verdad”.

El texto justificaba a Cortés pero evidenciaba la ambición del gobernador Velázquez.

Es decir, en leguaje de hoy, una vez que llegues, agarra todo lo que puedas y te regresas.

Solo que Borge agarró todo lo que pudo, con la venía, la instrucción y la guía de su antecesor, pero no se pudo escapar y hoy irónicamente clama justicia.

Me causa un poco de gracia, debo decirlo, que el anterior virrey de Quintana Roo clame hoy justicia y que su ilustre abogado exclame que el dilecto otrora poderoso gobernante ha bajado de peso a causa de la mala alimentación del presidio, entre otras cosas. ¿Pues qué esperaba el joven Borge? ¿Comida gourmet? … Que estaba bajo la sombra sin ver el sol. ¿Pues qué esperaba? ¿Tratamientos de spa y mejoramiento estético?

Nuestra nueva, demeritada, devaluada y desprestigiada clase política llega al poder a base de mentiras, de arreglos políticos, de componendas y acuerdos en lo oscurito, muy lejanos a los principios democráticos y a los verdaderos deseos del pueblo; se acomodan, “dirigen” y designan de manera lamentable y al final, si acaso se hace justicia, esperan ser beneficiarios de los derechos humanos. Realmente un escenario ridículo, absurdo y vergonzante.

Hoy lo que se espera no solo es que purguen condenas, que sufran y sean maltratados, sino que además retribuyan al pueblo y al estado lo que desviaron, lo que malgastaron, lo que se robaron.

No vengáis ahora, por favor, dilectos e irredentos (vestidos de humildad) suspirantes y aspirantes en estas próximas elecciones a decirnos que estáis con el pueblo, que vuestro compromiso es con la juventud, con los más necesitados, y con el desarrollo sustentable; frases todas hechas, carentes de verdad y honestidad. No habléis como políticos si queréis confianza y voluntad de nuestra parte.

Tengan en cuenta que estamos lastimados, heridos, maltrechos, pero que seguimos vivos y fuertes y que cada vez será más difícil engañar a este pueblo.

Por ello, mis queridos y escasos lectores, es este año uno de nuevos y muy interesantes retos, pero también de oportunidades.

Hagamos lo propio, trabajemos duro, pero más que ello pensemos con visión lo que realmente podemos hacer para cambiar en lo personal, como familias y como ciudadanos, por mejorar a este querido país, sin estar pensando en lo que pueden hacer por nosotros los políticos y gobernantes, ellos ya traen su agenda y, esa, no es la nuestra…

Al Buen Entendedor…

Exitoso 2018 para todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*