Año 3 Número 32 Noviembre 2005

 

Es interesante saber que esta es la única bomba de diesel marino que existe en Cozumel, la isla más poblada de México. También es interesante saber que está descompuesta y que no se puede reparar, porque un famoso parásito que se ostenta como empresario, Francisco Rangel Castelazo, metió pleito cuando, después de medrar 20 años, se acabó su concesión del Puerto de Abrigo. ¿Significa eso que todos los barcos de la isla, más los visitantes, tienen que trasegar su combustible en bidones? Correcto: así sucede, lo cual demanda el trabajo inútil de miles de horas-hombre. ¿Y desde cuándo? Hete aquí el absurdo: ¡desde hace tres años! Desde luego, un jalón de orejas para la Administración Portuaria Integral, la API, que ni siquiera tiene planes para instalar otra bomba. Pero también un jalón de orejas para los empresarios de Cozumel que, en esta época en que Pemex reparte franquicias, siguen esperando que Papá Gobierno les resuelva el problema.

Espacio reservado para los anti-empresarios:
proveedores que abusan, deudores que no pagan,
evasores de impuestos, transgresores de la ley y demás
lacras que desprestigian el auténtico espíritu emprendedor.

 
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