Cuando llegué a Cancún no tenía ni idea de lo que significaba densidad hotelera, de lo que es una agencia mayorista en turismo, ni para qué le sirve a Cancún devolver el IVA a los extranjeros.
Pero con el paso del tiempo, y sintiendo a veces un cosquilleo como si pareciera pretender ser un sabelotodo, me he ocupado de oír noticias locales sobre el mercado turístico, a escuchar, interesarme y preocuparme por los niveles de ocupación y la derrama económica que recibe nuestro estado de Quintana Roo.
Todo comenzó cuando me di cuenta de que a mayor ocupación mejoraban las ventas de mi negocio, el automotriz, que a mayor inversión más crecimiento reportaba mi mercado, y que las temporadas bajas también lo son para la venta de automóviles.
Es por eso que los que no nos dedicamos a la industria turística directamente, pero vivimos en este paraíso, debemos de participar en las iniciativas que permitan traer prosperidad a esta tierra, en donde están nuestros negocios y donde están creciendo nuestros hijos. Asimismo debemos reprobar actitudes nefastas que entorpecen la actividad turística o que limitan el crecimiento y desarrollo de nuestra región. No es válido pasar la cuenta a los hoteleros de los males que le ocurran al destino, ni ser ajeno a colaborar para el engrandecimiento de la sociedad.
Pero tampoco se vale escudarse ante cualquier membrete para alzar la voz y derramar incongruencias propias de la ignorancia supina pero con afán protagónico. Creo en las organizaciones empresariales cuando verdaderamente están organizadas, y cuando tienen un ideario y un timón fuerte, orientados al bien común de sus asociados.
No quiero que esto se lea como una declaratoria propagandística, ni una crítica específica; quiero mandar un mensaje muy claro: nos debemos de ocupar para que la actividad turística tenga valor, sea fuerte, moderna y que provea prosperidad para quienes estamos detrás, con una visión a largo plazo, aun cuando no nos dediquemos a ningún negocio o actividad turística.
La búsqueda del bien común nunca había estado tan de moda, pero en la práctica es muy difícil vivirla, sentirla y trabajar por ella. Creo que cada quien puede aportar su granito de arena desde muchos y muy variados enfoques, y que juntos podemos ver hacia el mismo lugar y caminar juntos hacia allá.
Turisteros o no, las empresas y empresarios de Quintana Roo tenemos una tarea fácil y muy comprometida: velar por los intereses turísticos de esta tierra, y con esa vocación trazar el camino sobre el que vamos a transitar nosotros y nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos…