Año 5 Número 59 Febrero 2008

La

Vitrola

Sal y Pimienta
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Sal y Pimienta
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*Las críticas que presentamos en este espacio gastronómico están soportadas en las experiencias personales de expertos en restaurantes de Latitud 21. Todos los lugares que se mencionan aquí son visitados en anonimato y Latitud 21 paga por el consumo.
Ningún desembolso de otro tipo influye en los comentarios de este espacio gastronómico.

Sabadito futbolero, sabadito cantinero…
-No me quieras tomar el pulso, Pimienta, con tus ocurrencias.
-No lo tomes tan mal, ve mi invitación como una cita intrigante, entre esos gritos de pueblo y una gastronomía popular…
-De ninguna manera me intriga la aventura; sin embargo, con tanto calor me apetece el sabadito cantinero, como tú le llamas Pimienta.
-Mmmm, entonces rumbo a La Vitrola, Sal, que recordarás en México nos hizo la fiesta algunos viernes…
-Lo que sí me intriga es su ubicación… muy grande para respirar ambiente cantinero… como que muy desfasada con respecto de la de México…
-No te lo creas, más bien disfruta su amplitud, el no estar chocando codos, ni sillas…
-Buen punto… sólo decía. Pero qué atrevimiento, por sólo 236 pesos, más de 40 platillos a escoger con toda la bebida de marca incluida… ¿Será redituable?
-Hombre, es de esos arrebatados ganchos para la parranda, claro, entre amigos Sal, y tratándose de una cantina, pues de pocas pulgas.
-¿Una coronita? Qué linda cortesía, Pimienta… Aunque pensándolo bien, ¿dónde está la botanita? Es algo que no logro entender del todo cuando se presumen como cantinas. ¿A dónde queda ese desfiladero de abundantes botanas a cada trago?
-Eso sí que ahora me intriga, Sal. No sé si es producto de la globalización, de la influencia de franquicias, o vete tú a saber, pero no debiera, porque entonces por qué adornarse como cantina
-Atinada observación, Pimienta. Pero entremos en materia… No pensarás sólo beber, apostar y jalarte los pelos a los gritos de gol
-No. De hecho ya me di una vuelta por el buffet, y es a lo que le voy a apostar. Y es de sorprender, lo pensé más bien cantinero pero no, tiene una curiosa mezcla: ensaladas, carpaccios, carnes frías, mariscos, sopecitos. Luego vienen sopas y caldos: de tortilla, consomés, pasta y spaghetti. Ahora que en los platos fuertes encuentras desde pescado hasta algunos cortes y guisados.
-Mi apetito no da para tanto, Pimienta; sin embargo, no se me ha resuelto la sopa de médula desde hace quién sabe cuántos años.
-Lo lamento, no hay desde hace algunas semanas, Sal, pues dice el mesero que no han encontrado al proveedor. Te quedarás con las ganas como desde hace muchos años.
-No encuentro nada atractivo el pan; es viejo y chicloso. ¿La salsa? Sin consistencia, muy aguada… y encima nada de variedad. Aunque le doy la gracia a la sopa de tortilla, como de casa.
-Los sopecitos los siento un tanto crudos, y me asusta ese enjambre de lechuga…
-Pues la Lengua La Vitrola ha recompensado… y bien. ¡Me encantó, Pimienta!
-Lo comparto, pero creo que no lo conseguí con el chile relleno, pues estuvo insípido y con un capeado abrumador.
-Ahora Pimienta, si reparamos en el servicio es atento y cuidadoso, aunque lenta la cocina.
-Lo que no es tan mal visto, Sal, en el ambiente cantinero, donde se prepondera la atención y el cuidado de los meseros con los parroquianos, y en eso La Vitrola se lanza y sin paracaídas.
-Palomita… la que también le pongo a ese cuidado de sus propietarios de no permitir el escandaloso mariachi…
-¡Pero si eso es lo bueno! Ese es el que le pone el saborcito cantinero…
-No hace falta, pues lo hemos pasado a gusto; con plática ininterrumpida, a no ser por tu bendito futbol…
-Así se vive un sabadito cantinero, a la salud de todos los que aman el futbol…

 
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