En resumen mi querida Sal. Una mala tarde y con pésimas faenas. Sí, de mucha pretensión culinaria, pero ¿desayunos con huevos rancheros y chilaquiles? ¿o New York y arrachera a la parrilla en sus platillos estelares? ¡Por favor! Esto es verdaderamente abominable para una cocina de gran respeto internacional y de la que muchas de las mejores han tenido tremenda influencia, y no lo digo por los huevos rancheros que no le hacen ningún honor a la mexicana.
-Interesante punto, Pimienta.
-Ahora ¿Que no nos puedan servir un gazpacho porque “suponen” que se ha echado a perder? ¡Eso sí que no tiene nombre mujer!
-Otro interesante punto.
-¿Que el servicio sea lentísimo? Eso es atroz, cuando ni siquiera tienen una cuarta parte del restaurante ocupada.
-No hay discusión al respecto, Pimienta.
-Y para pasarse los malos tragos por copeo, ¿tenga que elegir entre los más corrientes de la carta de vinos? ¿O por botella las mismas marcas que encontramos en todas partes (Marqués de Cáceres, Marqués del Riscal, Viña Ardanza o Cune)?
-Cállate, Pimienta, y no te hagas de la boca chica, porque bien te dejaste seducir por el Barón de Oña…
-¿No dicen, Sal, que el vino embellece? Así es que este embellecedor placer no me lo podía negar…
-Contra el presupuesto establecido, ¿no?
-Ahora tú no te hagas de la boca chiquita, Sal, porque ya entrados en gastos ni a ti ni a mí nos importó que su precio estuviera triplicado…
-Mmmm… Pimienta, no has tenido recato en tus opiniones. Has sido severamente crítico con Casa España y encuentro acertadas tus percepciones: que no tiene personalidad propia, que el servicio es conducido por personal poco calificado para la pretensión de este centro gastronómico que no es precisamente accesible a cualquier bolsillo. Pero creo que está a tiempo de reconsiderar su conducción, tratándose de un lugar muy bien montado, con una ubicación privilegiada, con una importante inversión de por medio, con un amplio público afecto a la comida española y con poca competencia.
-Buen punto de tu parte, Sal, y pudiera ser. Y si no he tenido piedad en mis comentarios es que no doy crédito a que no tengan el más mínimo criterio. ¿Cómo fue posible que sirvieran la sopa saltándose sin empacho las entradas? ¿Cómo fue posible que hicieran esa mezcolanza en su carta? ¿Cómo es que no se han dado a la tarea de aplicarse en el servicio después de tantos meses? En este negocio o entras al ruedo y tomas al toro por los cuernos, o te embisten. No se trató de nuestra primera visita, ya han sido varias y con las mismas cornadas.
-Ahora que lo dices….
-Porque si de sazón hablamos, la paella y la sopa de lentejas son ligeramente admisibles, pero las entradas, incluyendo la tortilla española y el surtido ibérico, ¡rayando en la mediocridad! Y para los pulpos a la gallega sólo un calificativo: ¡desabridamente reprobados!
-Reconozcamos, Pimienta: piropos para el salmón a la cordobesa y la fabada.
-Mmmm… no tanto, y tampoco a ti te han emocionado. El negocio de la restaurantería requiere de su tiempo, de dedicación, de estar alertas y de vigías en atenciones a los comensales a quienes se deben en el servicio, para nunca dar una mala tarde con pésimas faenas ni fallidas estocadas culinarias. Punto.
