Año 2 Número 14 Mayo 2004



Carlos Mota Columnista nacional de finanzas y negocios.

Ni hablar. Mientras el país tiene 20 playas catalogadas como "sucias" por parte de la autoridad federal, el desarrollo espera, lentamente, la llegada de inversores extranjeros. Es la historia de siempre, la de empresarios mexicanos que no logran despuntar en el espectro de negocios nacional, y mucho menos internacional.

Para muestra basta Quintana Roo. El 4 de abril pasado el secretario de Finanzas del gobierno del estado, Luis García Silva, celebró lo que podría ser la llegada de 10 mil millones de dólares en inversión hacia este estado. Será durante los siguientes cinco años. Suena bonito.

Pero es limitado. Ninguna de las firmas que aparecieron en aquel anuncio es punta de lanza internacional en su industria. Se habló de Liverpool, la afamada cadena de tiendas departamentales que inundó el territorio nacional durante los últimos diez años. Pero nada más. Lo demás son firmas sin nombre global y muy enfocadas en la dimensión comercial, aspecto que no es sustentable en el largo plazo si no se reinventa constantemente.

Que una firma como Liverpool sea puntal de un anuncio gubernamental en materia de inversión habla del rezago que el país tiene en materia económica y que Quintana Roo magnifica en su particular posición. No es que esa tienda sea una mala empresa -por el contrario, es de lo más exitoso que ha dado México-, pero preocupa que del anuncio de abril no sobresalga una sola empresa multinacional o mexicana con dominio absoluto en su categoría.

 

 

No es un tema menor. Si Quintana Roo está destinado a ser uno de los polos de atracción turística más afamados de la segunda mitad del siglo XXI, entonces habría de hacerse acompañar de inversiones de empresas igualmente notorias. La actividad empresarial de clase mundial es consustancial al desarrollo y visibilidad de una región, se quiera o no. No es casualidad que en Suiza o en Londres se establezcan las empresas más prestigiosas del mundo, las que no vacilan en su agresividad competitiva o en el desarrollo de su capital humano. Así de sencillo.

Ni la Interplaza Kabah ni el centro comercial de Las Américas están pensados para desplazar los grandes malls o outlets de Miami o Los Angeles. ¿Cuál es entonces su misión estratégica? El nuevo Liverpool, por su parte, no está concebido para desplazar a Harrods o para convertirse en el Saks del Caribe.

No hay estrategia, sólo extensión simplona de ideas preconcebidas. Es una pena, porque si las apuestas de negocios que surgen en la zona no despuntan, la región en su conjunto sufrirá de mediocridad endémica hacia el largo plazo. La "idea" de Cancún que se está gestando ahora se parece a las playas contaminadas de esterococos reportadas recientemente por la autoridad. Cocos en las playas; playas sin verdaderos cocos.

México requiere un Cancún más estratégico y menos reactivo. Pero no ocurre así, y por ello a lo largo del Paseo Kukulcán nacen apuestas comerciales nuevas que generan harakiri de comercios en la región. Es una pena.


A partir de esta edición tendrá una colaboración mensual en Latitud 21 motacarlos@aol.com

 
 


 

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