Año 6 Número 72 Marzo 2009

Ignacio Javier Karin

El mundo de los diamantes tuvo sus comienzos en la India, los cuales se encontraban en los ríos y arroyos de ese país. Algunos historiadores estiman que la India ya negociaba con los diamantes hacia alrededor del siglo IV AC. Las fuentes del país producían cantidades limitadas para un mercado limitado: la gente de la alta sociedad de la India. Sin embargo, esta situación gradualmente fue cambiando. Los diamantes encontraron su camino, junto a otra mercadería exótica, hacia el oeste de Europa en las caravanas que viajaban a los mercados medievales de Venecia. Para el siglo XV, los diamantes se habían convertido en los accesorios de moda de la elite europea.
A principios del siglo XVIII, Brasil emerge como fuente importante debido a que el abastecimiento de los diamantes de la India comenzó a declinar. Se descubrieron diamantes en las bates (for washing gold) de los mineros de oro cuando éstos examinaban cuidadosamente las piedras del Río Amazona y sus afluentes. Brasil llegó a su máximo potencial y dominó el mercado por más de 150 años.
A medida que las fuentes naturales cambiaban, el mercado del diamante experimentaba su propia evolución. Las viejas clases gobernantes, las cuales eran las consumidoras más grandes de diamantes comenzaron a perder fuerza hacia fines del siglo XVIII.
El siglo XIX fue muy positivo económicamente para el Oeste de Europa y los Estados Unidos, provocando de esta manera una gran demanda de toda clase de productos lujosos, incluyendo a los diamantes. Hacia fines del siglo los exploradores descubrieron los primeros grandes conductos de kimberlitas de Sudáfrica.
La compra y venta de diamantes es actualmente una industria internacional multimillonaria. Los factores que contribuyeron a este crecimiento fenomenal son parte de la historia del comercio del diamante que no sólo está relacionado con el trabajo exhaustivo, sino también está íntimamente ligada a los conflictos políticos y sociales.
La historia del mercado moderno del diamante comenzó realmente en el continente africano.

Las primeras minas
Existen varias historias acerca de los primeros excitantes años de la exploración de diamantes de Sudáfrica. Con algunas notables excepciones, la mayoría de los descubrimientos no fueron accidentales. Atraídos al área por algunos descubrimientos tempranos, geólogos y mineralogistas estaban buscando depósitos de diamantes y ofrecían recompensas al que les otorgaba información que los condujeran a ellos.
Las fuentes naturales de depósitos que se encontraron en Sudáfrica afectó a muchos segmentos de la industria del diamante. Lo que moviliza a una mina de diamante va más allá de lo subterráneo. Esto implica altos costos, y las nuevas fuentes forzaron el desarrollo de técnicas en minería más eficientes.
La nueva abundancia de diamantes también causó problemas. Más de una vez, la sobreproducción causó una caída en los precios. Esto inspiró a los primeros empresarios de la industria del diamante a investigar diferentes maneras de balancear la oferta y la demanda – y mantener precios estables. La idea de un mercado de un solo canal tuvo sus raíces en aquellos años y eventualmente nació la Organización Central de Ventas” (CSO = Central Selling Organization), especialmente diseñada para comprar, clasificar, evaluar y vender diamantes en bruto. Por décadas la CSO funcionó como el canal de distribución y negocio de los diamantes en bruto de las minas de todo el mundo.

Nacimiento de una industria
Cecil John Rhodes, ciudadano británico, llegó a Sudáfrica en 1870 para unirse a su hermano mayor justo en el momento en que se habían hallado los primeros diamantes. Sólo tenía 17 años. Los hermanos contrajeron la fiebre por los diamantes y tenían en mente conquistar el área que luego fue llamada Kimberley.
Mientras Cecil y su hermano trataban de conseguir la concesión de la zona, Cecil aumentaba sus ingresos vendiendo agua a los sedientos excavadores. Alrededor de los 19 años ya era financieramente independiente y una presencia dominante en los campos del diamante.
Desde ese momento en adelante se convirtió en un participante entusiasta en el crecimiento de la industria del diamante. Gradualmente desarrolló la idea de que podía estabilizar los precios al encontrar un balance entre la producción y la demanda. El primer paso, él decidió, era controlar la producción.
Los próximos ocho años dividió su tiempo entre Sudáfrica e Inglaterra, donde se ganó un título en la Universidad de Oxford. Mientras tanto, su negocio en Sudáfrica prosperaba. Para el año 1888 era el dueño de las minas de diamantes en la zona de Kimberley. Para llevar el control de todo fundó la compañía De Beers Consolidated Mines Ltd.
En 1900, De Beers controlaba aproximadamente el 90% de la producción mundial de los diamantes en bruto. Rhodes había logrado su objetivo de controlar los precios al controlar la producción.
Cecil Rhodes fue una fuerza dominante en la industria del diamante a partir del momento que pisó suelo sudafricano en 1870. Su influencia estuvo presente más allá de su fallecimiento en el año 1902.

Versión original: www.joyaskarin.com.ar


Aldo Loup

En 1851, un joven de 13 años entregaba a la reina Victoria de Inglaterra una pequeña piedra de tan sólo 38 gramos, pero de un brillo, transparencia y dureza muy particulares. El chico se llamaba Dhulip Singh y era el último Maharajá del Imperio Sikh, en el subcontinente indio. Decía que la piedra era un regalo, muy especial por cierto, pues se trataba nada menos que del mayor diamante del mundo.
Esa piedra había sido descubierta en la India, probablemente en la región de Golconda, alrededor del siglo XV. Había sido tallada a la manera hindú, con el fondo plano y la parte superior en forma de bóveda. Se decía que su precio sólo podía medirse en términos de lo que la humanidad entera producía en un día.
Durante su historia había tenido muchos dueños, todos personajes poderosos. Uno de los primeros había sido el emperador Humayun, que cuando un gobernante al que le pidió asilo le insinuó que le diera la piedra a cambio, él le respondió: “Gemas como esta no pueden ser compradas: o bien caen a uno por la arbitrariedad de la centelleante espada, (…) o de otra manera vienen a través de la gracia de un poderoso monarca”.
Fiel a esas palabras, el conquistador Nadir Shah, luego de marchar triunfante sobre la ciudad de Delhi en 1738, exigió que el dueño de la gema en aquel momento, Mohammed Shah, le entregase el famoso diamante del cual había oído hablar. Este se negó, hasta que alguien de su harén confesó que estaba en el turbante del mismo. Nadir Shah se llevó la prenda de vestir a otro recinto, y al desenvolverlo en presencia de sus subordinados, quedó tan maravillado por lo que vio que exclamó: “¡Montaña de luz!”. Desde entonces se lo conoce con ese nombre, “Koh-I-Noor” en persa.
Uno de los últimos en adquirir el famoso diamante fue el Gobernador General de la India, Lord Dalhousie, quien luego de la conquista británica de lo que hoy es la ciudad paquistaní de Lahore, exigió como uno de los términos de rendición que el Koh-I-Noor pasara a manos de la reina de Inglaterra. “Es más honor para la Reina que el Koh-I-Noor sea entregado directamente de la mano del príncipe conquistado a las manos de la soberana que fue su conquistadora”, recomendó este “ceremonioso” político.
En realidad, cuando el diamante más grande del mundo fue presentado al pueblo británico durante la Gran Exhibición de 1851, en Londres, no entusiasmó demasiado a la gente, que lo creía más brillante. Para remediar esto, el príncipe Albert, esposo de la reina Victoria, lo mandó tallar de nuevo, perdiéndose en el proceso más del 40% de su peso pero ganando mucho en fulgor. Se guarda hoy en la Torre de Londres, de donde salió por última vez (engarzado en una corona) en 2002 para honrar el ataúd de la fallecida Elizabeth I, la Reina Madre.

El Azul de Hope
Este diamante aparentemente comenzó como “El Azul de Francia”. Extraído de las minas de Kollur, en la India, en fecha desconocida, llegó a Francia de manos del mercader Jean-Baptiste Tavernier. El rey Luis XIV se interesó por él y lo compró, aún como piedra bruta. La mandó tallar en forma de pera triangular, quedando con un peso bruto de 67 quilates (13 gramos).
Con la Revolución Francesa, en 1789, desapareció junto con muchas otras joyas reales. Oficialmente nunca más se lo volvió a ver, pero coincidentemente, un día después de cumplirse los 20 años de su robo, estando el delito prescripto, apareció en Londres un raro diamante azul de 46 quilates (nueve gramos). Modernos estudios de la manera en que fue cortado sugieren que esta nueva piedra es un retallado del famoso Azul de Francia, habiendo sufrido esta “cirugía” con el propósito de esconder su verdadera identidad.
Fue comprado por Henry Hope, y pasó a sus descendientes, incluyendo a la actriz May Yohe. Al comienzo del siglo XX fue vendido nuevamente y llevado a los Estados Unidos.
Entre 1920 y 1921, May Yohe creó una atracción cinematográfica titulada “El misterio del diamante Hope”, contando supuestamente la historia del mismo, incluyendo algunas desventuras de sus ex dueños que hacen a uno concluir de que está embrujado. Sin embargo, no existen referencias de que los supuestos detalles históricos que aparecen en la obra hayan sido verdaderos.
De cualquier manera, en 1949 fue comprado por el joyero Harry Winston, quien final y desinteresadamente lo donó al Museo Smithsoniano de Washington, DC. Allí reside hasta hoy, expuesto a la curiosidad del público.

El Amarillo de Tiffany
Durante siglos, las únicas minas conocidas de diamantes estaban en la India, pero en 1725 se encontraron diamantes en Brasil, y luego en 1867 en Sudáfrica, que pronto se convertiría en el principal productor a nivel mundial.
Una de las más bellas piedras a salir de ahí es el Amarillo de Tiffany. Diamantes amarillentos son comunes y no tienen tanto valor, pero este es de un color amarillo intenso. Fue encontrado cerca de 1878, en la parte de la mina de Kimberly, Sudáfrica, perteneciente en aquel entonces a la Compañía Francesa de Diamantes del Cabo. Fue llevado a París, donde la piedra bruta fue tallada por George Kunz hasta dársele 90 caras diferentes, lo que le dio un brillo como de fuego. Lo compró Gideon Reed, en nombre de la joyería Tiffany’s de New York.
Una vez en América fue expuesto en la joyería neoyorquina y pronto este diamante de 129 quilates (26 gramos) se hizo muy famoso. En algún momento se le colocó un precio de cinco millones de dólares, pero nunca fue vendido. Sólo fue usado, a préstamo, por dos mujeres: una de ellas fue la esposa del embajador y senador estadounidense Sheldon Whitehouse; la otra mujer que lo lució fue, por supuesto, la actriz Audrey Hepburn, en 1961, durante la promoción de la película “Desayuno en Tiffany’s”.
Este diamante ha adquirido un simbolismo tan especial para la joyería que se dice que una vez un nuevo vendedor le preguntó al gerente qué premio le darían si vendía el Amarillo de Tiffany. La respuesta fue contundente: “Será usted despedido”.

El Cullinan
Una tardecita de 1905, el superintendente de la mina Premier, situada 40 km al este de Pretoria, Sudáfrica, estaba haciendo su ronda rutinaria en el gran pozo a cielo abierto que constituía la mina. De repente, algo llamó su atención: había una cosa brillando en la pared del pozo, un poco por encima de su cabeza. Estiró el brazo y arrancó del barro una impresionante piedra del tamaño de su puño. Al principio pensó que eso sólo podría ser vidrio, pero unos rápidos análisis en la oficina de la mina demostraron que estaban ante el diamante más grande jamás encontrado, con unos sorprendentes tres mil 106 quilates (621 gramos).
Fue bautizado como Cullinan, en honor al dueño de la mina, y llevado a Amsterdam, Holanda, para ser tallado. Infelizmente estaba lleno de fisuras, por lo que el tallador Joseph Asscher recomendó partirlo en varias gemas. El pedazo más grande, separado inicialmente con una cuña especial y un golpe de martillo (!), se llamó “La Estrella de Africa” y fue regalada al rey Edward VII del Reino Unido, quien la colocó en el cetro real británico. En total, del Cullinan se tallaron nueve diamantes principales (todos orgullosamente entre las Joyas de la Corona) y 96 diamantes menores.

El Taylor-Burton
Los diamantes han sido siempre compañía constante de la realeza. En el mundo democrático y capitalista de hoy, la realeza ha sido suplantada por los grandes industriales, financistas, deportistas y gente del entretenimiento. Dos de esas figuras, radiantes por derecho propio, son Elizabeth Taylor y su quinto marido (y también sexto), su colega de escena Richard Burton.
La Cleopatra de Hollywood era tan aficionada a los diamantes que inclusive llegó a escribir un libro sobre su relación con ellos. Es así que cuando en 1969 la casa Parke-Bernet Galleries de New York anunció que saldría a subasta un enorme diamante incoloro de 69 quilates (14 gramos) descubierto hacía poco en la mina Premier, de Sudáfrica, el señor Burton apareció en la lista de ofertantes.
La base de venta, inicialmente fijada en 200 mil dólares, subió escandalosamente hasta que sobrepasó la barrera del millón de dólares, un precio nunca antes visto en una sala de subastas por un diamante.
Pero cuando el martillo cayó, los derechos de decidir qué mujer lo usaría no quedaron en manos del desconcertado actor británico: la joyería Cartier había ofrecido más.
Pero días después, Richard Burton llamó al intermediario desde un teléfono público de un elegante bar en el sur de Inglaterra, y estalló: “¡No me importa lo que cueste, vaya y cómprelo!”.
El precio final nunca se divulgó; lo único que declaró la Casa Cartier fue: “Estamos muy felices de que la señora Taylor esté muy feliz”.

Versión original: www.abc.com.py

Los líderes mundiales de la industria del diamante consideran a México como un detonador en la región para la explotación de las piedras preciosas, y como un primer paso para incentivar su participación, ya que forma parte de los países que están certificados por el Proceso Kimberley (PK), que garantiza que sus diamantes provienen de un mercado legal, y después buscarán la creación de una bolsa para que se constituya como un centro de negocios.
Desde el 2007, México buscó formar parte del PK, que instrumentó la ONU para regular el comercio de diamantes en bruto, especialmente para evitar la venta de aquellos que son utilizados por movimientos rebeldes para financiar guerras civiles.
Erez Akerman, presidente de Panamá Diamond Extrange, considera que México, al incorporarse a la lista de 74 países que forman parte del PK, entre ellos, Israel, Estados Unidos, Japón, China, Emiratos Arabes Unidos, India, Rusia, Suiza y Turquía, tiene amplias oportunidades en el mercado y podría beneficiarse en el desarrollo de esta industria. “Tiene futuro, el mercado mexicano cuenta con un potencial increíble, pues hay cientos de joyerías”, enfatizó.
Comenta que trabajan con autoridades para que México se beneficie del desarrollo de esta industria, al igual que ahora lo hace Panamá, donde se anunció la creación de una Bolsa de Diamantes, la primera y única de América Latina, la cual regula el comercio de diamantes y joyas preciosas con la garantía de que éstas provienen de mercados legales.
Las bolsas de diamantes son organizaciones legalmente constituidas y reguladas que permiten aglutinar a inversionistas para crear un marco de negocios para sus miembros, con reglas básicas para el comercio de diamantes. En todo el mundo existen 29 bolsas, a las que pertenecen 15 mil comerciantes de diamantes, que dan servicio a 100 mil joyerías a nivel mundial. Sin embargo, Latinoamérica no contaba con estas organizaciones y el 24 de octubre pasado se creó Panamá Diamond Exchange.
Los empresarios de la industria del diamante eligieron a Panamá por su posición geográfica estratégica, ya que es la puerta comercial y la capital financiera para América Latina.

Israel, la capital del diamante
La industria del diamante de Israel es uno de los centros líderes mundiales del comercio de diamantes pulidos y en bruto. Aproximadamente la mitad de los diamantes de calidad gema del mundo sale de Israel y puede encontrarse en una porción importante de la joyería de diamantes más hermosa vendida mundialmente.
Las fábricas de pulido de diamantes de Israel, consideradas las más avanzadas del mundo, están equipadas con sofisticadas tecnologías de pulido y procesamiento, la mayoría de las cuales fueron desarrolladas en Israel. Una mano de obra altamente calificada, utilizando avanzadas tecnologías, coloca a la industria israelí en una posición de líder global.
Con una presencia destacable en los centros de marketing y ventas del mundo, así como en las exposiciones internacionales, la industria del diamante de Israel continúa adaptándose a los cambios en el mundo del diamante.
Capitalizando en tecnología de punta, una mano de obra excelentemente entrenada y la integración de la segunda y tercera generaciones en el negocio, la industria del diamante de Israel mantiene su nivel de líder en la escena internacional.


El Museo del Diamante en Brujas
Sólo hay cinco museos dedicados a los diamantes en el mundo. Uno de ellos es el de Brujas. A pesar de que otra ciudad belga, Amberes, deba ser considerada el centro comercial del diamante en este país, fue en Brujas concretamente donde se inventó el arte de pulir los diamantes, allá por el siglo XV, gracias al orfebre local Lodewijk van Berguem.
Un paseo por el museo no sólo nos llevará a contemplar los maravillosos objetos que se nos muestran, sino que también nos servirá para dar un gran paso atrás en el tiempo y recorrer los lugares que han tenido relación directa con el mundo de los diamantes. Viajaremos a la Brujas del siglo XV, o al Amberes del XVI, a donde se trasladó la industria del diamante, nos acercaremos más tarde al Amsterdam de los siglos XVII y XVIII, a la extracción de diamantes en el Africa de los siglos XIX y XX, volviendo por último a la propia Bélgica.
Y es que este museo no podía situarse en otro lugar mejor. Brujas es quizás el diamante de la corona belga.

China da bienvenida a inversiones
China desea que empresarios extranjeros se conviertan en miembros del único centro de intercambio de diamantes, Bolsa de Diamantes de Shanghai (SDE) y realicen negocios en la parte continental china, segun el presidente de SDE, Lin Qiang.
SDE, que se estableció en octubre de 2002 ha seguido las prácticas internacionales de la industria del diamante, ha sido designada por el Consejo Estatal de China como la única bolsa para el comercio de diamantes de China.
Desde junio de 2002, el gobierno central anunció la política de exención de derechos de importación para importar diamantes a China mediante la SDE y la gerencia centralizada de las importaciones y exportaciones de diamantes en la SDE. A finales de diciembre, el volumen de transacción del SDE había alcanzado los 157 millones de dólares.
Guo Zhiyue preside la Asociación de Fabricantes de Diamantes de China (CDMA). La parte continental china tiene más de 18 mil fábricas dedicadas al pulido de diamantes y 16 mil son miembros de CDMA.
China se ha convertido en el segundo mayor pulidor de diamantes del mundo tras la India y las regiones occidentales de China también tienen un gran potencial en el desarrollo de la industria de pulido de diamantes.

Versión original: www.vanguardia.com.mx/ww.holidayinisrael.com/sobrebelgica.com/spanish.peopledaily.com.cn

Javier Carazo

El negocio de las cremaciones y los diamantes se fraguó en las mentes de dos emprendedores suizos Veit Brimer, de 38 años de edad, y su socio Rinaldo Willy, de tan sólo 24 años, iniciaron el exitoso y lucrativo descubrimiento con una discusión sobre cómo el entierro tradicional estaba dejando paso en Suiza a la incineración de los cadáveres. Europa había eliminado por un tiempo la cremación de los cuerpos, que se había practicado durante muchos siglos, pero a finales del siglo XIX esta práctica volvió a resurgir. Suiza fue uno de los países pioneros en este sentido. En 1889 se abrió el tercer crematorio de Europa en Zúrich. Casi un siglo más tarde, en 1969, la Iglesia Católica aprobó oficialmente la exhumación de los cuerpos, callando así las voces cristianas discordantes que se oponían a este ritual. A partir de ese momento cada fiel podía decidir por su cuenta el futuro de su cuerpo y a consecuencia de ello creció enormemente la práctica de las cremaciones.
La pregunta que surgió en la discusión de los emprendedores fue si no se podría reciclar la ceniza de diferentes maneras. Los parientes de la difunta o del difunto podrían, en vez de ir a rezar a la tumba, esparcir la ceniza en el jardín de la familia o conservar los “restos” del ser querido en una caja de madera preciosa en algún rincón místico de la casa. Así, Brimer y Willy, divagando sobre este asunto, llegaron a la idea de que se podría usar la ceniza para fabricar diamantes, y que esta práctica se podría covertir, con el tiempo, en tradición.

De la ceniza al diamante
Sí, no es una tontería, con la tecnología de hoy en día es posible convertir la ceniza de un cadáver en un diamante. Los emprendedores suizos Willy y Brimer saben bastante sobre física, química y anatomía y, según ellos, la composición del agua después de la cremación es muy similar a la que se obtiene en la creación de diamantes. El diamante es en sí un elemento de la ceniza, así como el vapor y el hielo son elementos del agua.
Los dos jóvenes se dieron cuenta desde el inicio que su idea prometía. Desde un punto de vista psicológico, la urna es un recuerdo para los familiares, pero la imagen de la misma es fría y distante. Aunque se hayan vivido momentos excepcionales con el difunto, la primera impresión, al mirar la caja, es siempre de luto. Con los diamantes, sin embargo es distinto. Con cada leve movimiento de la piedra aparece una nueva luz. No en vano se considera a los diamantes el símbolo de la eternidad, el recuerdo y el amor.

Una tecnologia posible,
pero muy costosa

Willy y Brimer no sólo se convencieron rápidamente de las ventajas del diamante frente a la ceniza en la urna, sino que también se enteraron de las posibilidades que ofrece la teconología. El primer diamante artificial se creó en unos laboratorios estadounidenses allá por 1955. El modelo, fabricado a través de la cristalización de carbono, ha sido de gran utilidad, por su dureza, para los instrumentos perforadores de los dentistas o para limar herramientas, pero nunca se ha considerado una piedra preciosa. Las diferencias en calidad también se pueden apreciar en la naturaleza. Algunos tipos de diamantes son idóneos para la industria, otros, en cambio, son más adecuados para los joyeros. En los laboratorios de los Estados Unidos se creó en 1970 un tipo de diamante que cumple todas las cualidades de una piedra preciosa. El único problema es que los costes de la fabricación superan los relativos a la obtención de las piedras por el método natural.

En Rusia se obtiene
la presion necesaria

Afortunadamente, un instituto científico de Moscú ha sido capaz de crear un programa alternativo para la creación de diamantes. Sin este descubrimiento, la idea de Willy y Brimer no podría llevarse a cabo con tanta rapidez.
En Moscú se han logrado conseguir los niveles necesarios de presión y temperatura a un precio reducido. En este caso, el elemento prioritario es la presión, no la temperatura. Donde hizo falta, se limpió el carbono de todas las sustancias químicas inorgánicas y después se sometió, durante dos semanas, a una temperatura de mil 500 grados celsius y a una presión de 60 mil unidades. Esta es la misma presión que cabría esperar en el océano a 600 kilómetros de profundidad, estando el punto más profundo de la tierra a 10 mil metros por debajo del nivel del mar. A través de este proceso de compresión, que viene realizado por una máquina que parece una nevera, se logra cristalizar el carbono.
El diamante que se obtiene tiene todas las cualidades de una piedra preciosa, aunque se puede notar cierta diferencia con las piedras naturales y por eso su precio en el mercado es más reducido. Los expertos en diamantes puede que no observen ninguna diferencia entre las piedras artificiales y las naturales, pero los laboratorios han constatado tales defectos. Si bien el proceso de elaboración de diamantes se ha visto reducido aún más en los Estados Unidos en los últimos años, las investigaciones realizadas en Moscú confirman que los diamantes fabricados artificialmente nunca podrán ser comparados con los diamantes naturales, pero eso poco le ha importado a nuestros dos emprendedores suizos que tienen una visión mucho más comercial del asunto.

Diamantes de un quilate
En el argot de los joyeros un quilate corresponde a una piedra de un quinto de gramo de peso y con un diámetro de aproximadamente seis milímetros. Un quilate, de esta forma, no tiene más volumen que un guisante. Dicho esto, con la tecnología de Moscú, los dos jóvenes suizos son capaces de fabricar diamantes de 0.5 a 1 quilate. Las posibilidades son múltiples. Con un laboratorio sencillo y un equipo que no tiene más que un metro y medio de altura se pueden hacer virguerías. Cuando los clientes llegan con la ceniza de sus seres queridos al mostrador de la empresa de Willy y Brimer se encuentran con una lista completa de diferentes modalidades de diamantes.

Las Iglesias dan la luz verde
La tradición musulmana y judía, salvo excepciones, no permiten la cremación de los difuntos. Los cadáveres deben ser enterrados y dejados en las manos de la naturaleza. Brimer y Willy sabían desde el primer momento que no podían contar con el beneplácito de estas dos comunidades, pero su interés estaba en la Iglesia Católica y la Protestante.
La Iglesia Católica acepta desde 1963 las cremaciones, aunque en ninguna parte está escrito que “puedes hacer un anillo de las cenizas de tu abuela”. Cuando el tema de los diamantes de ceniza llegó a la opinión pública, los sacerdotes cristianos no se pronunciaron sobre el asunto, aunque su silencio no duró mucho. Después de intensas deliberaciones, la postura oficial de las dos iglesias cristianas es que no se oponen a esta práctica. La conversión de las cenizas de un ser querido en un diamante no debe considerarse un pecado y debe ser una libre decisión del fiel. La práctica no ha sido condenada, pero los sacerdotes han mostrado sus dudas sobre si el procedimiento es el más adecuado.

Un inicio espectacular
Los emprendedores suizos recibieron esta noticia con enorme satisfacción y comenzaron a centrarse en el trabajo. El viento estaba a su favor. Los medios de comunicación se encargaron de airear la noticia e incluso antes de ofrecer los servicios ya eran conocidos. No hizo falta ni tan siquiera realizar una campaña de promoción. Miles de personas que quieren convertirse en diamante después de la muerte o quieren recordar a sus seres amados a través de una piedra preciosa entran en la página web de la empresa: www.algordanza.org y establecen el contacto con Willy y Brimer directamente.

¿En cuanto tiempo y por que precio se consigue el diamante?
La empresa encargada de producir diamantes de cenizas de seres humanos se llama “Algordanza” y ha abierto sus oficinas en julio de 2004. El precio y el tiempo de producción dependen del tamaño y la calidad de la piedra. Un diamante de medio (0,5) quilate, es decir del tamaño de un guisante, cuesta cerca 76 mil pesos y es la oferta más económica. Después, si se quiere una piedra más gruesa, hay que pagar más. Aunque el diámetro del diamante nunca superará los seis milímetros porque la tecnología no permite fabricar diamantes más grandes.

¿Que porcentaje del diamante
corresponde al cuerpo del difunto?
Por ahora los crematorios queman a los difuntos vestidos y en una caja de madera. El diamante que se extrae de las cenizas está hecho en gran parte del cuerpo del fallecido, pero siempre quedan restos de ropa y madera. Para los dos emprendedores, “los clientes son los responsables de la ceniza”. En sí, el “diamante puro” sólo sería posible si se quema el cadáver sin la ropa y la caja, pero que los crematorios ofrezcan en el futuro este servicio aún no está nada claro.

El brillo Unico del
diamante artesanal

¿Puede haber diamantes de laboratorio?, ¿Es posible conseguir un diamante personalizado procedente del mechón del cabello de una persona o de un animal? Aunque parezca increíble, esto es así. La empresa española Instituto de Monocristales, cuya localización geográfica no puede identificarse por razones de confidencialidad, es la responsable de producir y comercializar este tipo de diamantes que no desmerecen en calidad a los naturales.
Constituida en el año 2001, la compañía ‘fabrica’ dos tipos de diamantes. Uno de ellos es el producto denominado Diamante Irisgem, realizado a partir del mechón del cabello de una persona. Un hecho llamativo, pero que Ramón Martín, director general de Instituto de Monocristales, justifica científicamente: ‘El diamante es carbono cristalizado. Por tanto, si cogemos carbono y lo cristalizamos obtenemos un diamante. A su vez, el cabello humano se compone de un 80% de queratina, una proteína cuya composición elemental, en peso, es carbono (un 47% aproximadamente)’.

 

Desde el siglo XIX se ha intentado crear diamantes sintéticos, pero fue en 1954 cuando General Electric Company logró producir los primeros diamantes sintéticos de calidad similar a los utilizados en procesos industriales.
Las innovaciones científicas y tecnológicas de las últimas décadas han permitido crear piedras sintéticas igualando la belleza, calidad y características de los diamantes naturales, a diversas compañías repartidas por todo el mundo, que los fabrican y comercializan para su uso en joyería y en otros campos de la ciencia.
Esta nueva situación ha generado cierta alarma en la industria joyera ante el temor de que los diamantes “falsos” inunden el mercado y generen confusión entre los consumidores de joyería, obligando a reaccionar a los fabricantes y distribuidores de diamantes con diversas iniciativas, que reflejan de un modo u otro una visión clara de las connotaciones que tienen los diamantes sintéticos como amenaza y oportunidad para la industria.
Existen varios ejemplos que reflejan la emprendeduría ante el nuevo reto tecnológico que suponen los diamantes sintéticos, empresas modernas que no solamente son capaces de satisfacer la demanda de diamantes para la industria joyera, sino también para nuevas áreas tecnológicas, y son The Gemesis Corporation y Apollo Diamond, Inc., ambas radicadas en Estados Unidos.
En la actualidad, los diamantes sintéticos son fabricados por diversas compañías repartidas por todo el mundo. Muchos investigadores han competido en una carrera para lograr la “gema perfecta”.

Los orígenes
En 1954, un equipo de científicos liderado por H. Tracy Hall de General Electric Company sometieron grafito a presiones de 20 mil a 30 mil atmósferas de presión y temperaturas medias de tres mil grados centígrados. Como resultado del experimento obtuvieron unos pequeños diamantes sintéticos, de similar calidad a las gemas naturales seleccionadas para el uso industrial.
General Electric Company se convirtió así en la primera empresa capaz de obtener una gema con posibilidades comerciales, o al menos la primera en publicar la producción de un diamante sintético a partir de carbono, que mantuvo en secreto hasta que se dieron a conocer en 1961 las “nuevas” aplicaciones de los diamantes sintéticos.

Baltazar von Platen
Baltazar von Platen, del laboratorio ASEA de Estocolmo, es considerado como el primero que fabricó un diamante sintético en 1953, aunque nunca publicó los resultados.
Baltazar Von Platen trabajaba en el proyecto secreto denominado “Quintus” cuya misión era lograr diamantes perfectos. Su laboratorio en Estocolmo era conocido como “Quintuslaboratorium”. AESA confiaba plenamente en su visión creativa porque Von Platen gozaba de prestigio inventivo, pero el equipo liderado por Von Platen sufrió las calamidades técnicas que años posteriores repetirían los investigadores de General Electric. Construir unas máquinas que soportasen las condiciones extremas requeridas para simular el entorno ideal para que florezca un diamante, fue la gran muralla insuperable en los inicios de las investigaciones, y limitó enormemente la calidad final de los diamantes sintéticos obtenidos.
Pasaron los años desde el “descubrimiento” de Mr. Hall para General Electric Company en la década de los 50´s, y la tecnología para obtener diamantes sintéticos se había perfeccionado. A mediados de los setenta ya se obtenían diamantes sintéticos aptos para su uso en joyería. La tecnología ya disfrutaba de aplicaciones comerciales y se cerraba un período de experimentación iniciado en el siglo XIX.
General Electric Company junto con De Beers Group Company se convertían en los líderes mayoristas en la producción y venta de diamantes sintéticos industriales.

Gem Defensive Program
Desde que en marzo de 1999 General Electric Company y Lazare Kaplan International informaran de que estaban preparados para producir y “tratar” diamantes con tecnología HPHT (alta presión-alta temperatura) y mejorar su calidad, los laboratorios gemológicos más importantes a nivel mundial lanzaron diversas iniciativas para analizar y desarrollar sistemas de detección de diamantes tratados y sintéticos.
La aparición de tecnología rusa capaz de producir diamantes artificiales de calidad excepcional, réplicas exactas de gemas naturales en diversos colores y tamaños, también ha forzado un planteamiento nuevo en cuanto a las técnicas disponibles para detectar estos diamantes en el mercado.
De Beers Group Company, uno de los grandes dominadores de la industria del diamante, lanzó recientemente la iniciativa a nivel mundial Gem Defensive Program con el objetivo de minimizar el impacto negativo que pudieran tener los diamantes artificiales y tratados. La principal misión del programa es asistir a laboratorios gemológicos en el desarrollo de instrumentos y técnicas de detección, de bajo precio y fácil uso, complementarias al equipamiento disponible en la actualidad en los laboratorios.
El Gem Defensive Program es parte de la estrategia de De Beers Group Company, que está investigando en el campo de los diamantes artificiales y técnicas para tratarlos desde hace varias décadas en los laboratorios del Diamond Trading Company DTC Research Centre en Maidenhead, Reino Unido, y en los laboratorios de De Beers en Sudáfrica, con el objetivo de desarrollar innovaciones tecnológicas diseñadas para detectar gemas tratadas o artificiales, y anticipar el riesgo de nuevos productos creados o tratados artificialmente. Innovaciones que incluyen la experimentación con tecnologías de espectroscopía por absorción ultravioleta, o por fotoluminiscencia mediante láser o irradiación térmica.

Versión original: www.freshvalentino.net

 

Si piensa comprar un diamante, que sea un solitario u otra pieza de joya con diamantes, usted ha entrado a un mundo encantador de romance, intriga, leyenda e historia. Hasta hace un siglo solamente las personas ricas podían comprar diamantes. Afortunadamente, desde el descubrimiento de grandes depósitos en Africa y en otros países, los diamantes están ahora a precios accesibles y disponibles en varios tamaños, formas, colores y categorías.

¿Por qué un diamante?
Las razones para comprar un diamante son tan diferentes como las personas que los desean. El diamante es un carbón puro o casi puro, con cualidades extraordinarias:
Primero, tiene el poder especial de reflejar la luz. Cuando es tallado en buenas proporciones, la luz queda en su interior, y se refleja como una lluvia de brillo y fuego.
Segundo, es la gema más pura que existe sobre la tierra, compuesta de un solo elemento no adulterado.
Tercero, es la sustancia transparente mas dura conocida por el hombre. Pero aun así, un impacto brusco y agudo la puede dañar. Se supone que la piedra más pura y brillante de todas las piedras del mundo debería ser también la más duradera.
Estas cualidades hacen que un anillo con diamantes sea el símbolo perfecto de compromiso.

¿Que determina el valor
de un Diamante?
La graduación de la calidad de un diamante no es una operación sencilla. Las diferencias entre grados son muy pequeñas, en ocasiones muy difíciles de concretar, y las normas internacionales en muchos casos no se siguen con el debido rigor, lo que ocasiona a veces pequeñas diferencias de criterio o interpretación que se traducen en graduaciones desiguales.
Las características que determinan la calidad, y por lo tanto el valor de un diamante son: color, pureza, peso y talla. Popularmente en inglés se conocen como las “4 Cs” por sus iniciales (Carat - quilate, Clarity – pureza, Color y Cut - talla). Pero es imprescindible hablar de la quinta C del diamante, el Certificado. Es muy importante que las cuatro características de valor mencionadas sean establecidas por un Laboratorio de Certificación serio, riguroso e imparcial, ya que una ligera variación en los grados de calidad del diamante puede suponer cambios muy significativos de su valor.

Corte (el factor mAs importante)
La forma del cristal bruto determinará la forma en la cual será tallado. La talla redonda es la más popular de todas. Sin embargo, la decisión de escoger la forma dependerá del gusto de cada uno.
El corte más que cualquier otra cualidad determina el fuego y brillo de un diamante. Una joyería de buena reputación utiliza solamente los mejores y más experimentados talladores de diamantes del mundo. El tallado ideal es el que permite la penetración de la luz en la piedra por la parte de superior, reflejando y refractando la luz en forma de arco iris de colores llamado “el fuego” de la piedra.

Claridad o pureza
Para determinar la pureza de un diamante se considera la medida, ubicación, color, naturaleza y número de sus “inclusiones” internas o irregularidades de superficie externa. Las inclusiones son marcas naturales, tales como manchas, burbujas o líneas atrapadas dentro de una piedra cuando en su estado de carbón se cristalizó millones de años atrás. Estas marcas hacen que cada piedra sea única, porque no existen dos diamantes con las mismas inclusiones en el mismo lugar. Cuantas menos inclusiones tenga un diamante más valor tendrá.
El Instituto Americano de Gemología (GIA) creó un sistema de análisis de calidad, el cual es el más utilizado para clasificar las piedras preciosas en el mundo. La pureza es clasificada según su posición relativa en una escala de puro hasta defectuoso. La clasificación de la claridad va de la letra “I” (imperfecto) a las letras “FLAWLESS” (puro). Un buen brillante debe ser de una claridad superior a VS2”, (inclusión muy ligera).

El color
Los diamantes más puros y raros no tienen color. Aunque al mirar algunos diamantes estos parecen no tener color, la mayoría de ellos tienen algunos muy ligeros rastros de color amarillo, marrón o gris. Generalmente, la belleza de una piedra y su valor aumentan muchísimo cuando ellas no tienen color. Los diamantes de color blanco como la nieve son raros y por esto muy valiosos. El espectro de clasificación empieza por la falta de color a partir de la letra “D”, a”Z” que es el amarillo pálido. Una joyería de buena reputación no aceptara vender un diamante solitario cuyo color esté por encima de las letras H-I. Aunque la mayoría de los diamantes son blancos, éstos también se encuentran en todos los colores.

El peso (quilate)
Esta es la unidad de peso que se utiliza para los diamantes, es una palabra derivada de las semillas de carob utilizadas para estabilizar las pesas en los tiempos antiguos. Un quilate es igual a 200 miligramos y hay cinco quilates en un gramo. Luego el quilate está subdividido en puntos. Un quilate tiene 100 puntos. Por ejemplo, un diamante de 45 puntos pesará un poco menos de medio quilate. Debido a que los grandes diamantes son raros, éstos tienen más valor por quilate.

El certificado
Las diferencias de graduación de los diamantes como hemos visto implican enormes diferencias en su precio.
Las normas de graduación aprobadas por los organismos profesionales internacionales no son exigidas por las administraciones nacionales de los distintos países, por este motivo hay muchos “laboratorios gemológicos” que habiendo alcanzado un renombre comercial no aplican las normas rigurosamente. Debemos confiar solamente en laboratorios independientes y oficialmente registrados, que nos garanticen el rigor de sus dictámenes.

Versión original: www.retzignac.com/ /www.ige.org

 
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