Año 6 Número 72 Marzo 2009

Juan Antonio Palacios
jpalacios@gassler.com.mx

La economía en México no ha sido suficiente para promover los empleos que se necesitan crear cada año. Ahora con la crisis financiera y la recesión mundial las expectativas de empleo y el crecimiento se han ajustado a la baja de manera drástica. Actualmente las expectativas de movilidad social son mínimas, crean desesperanza, angustia, frustración. Aunado a ello las actividades ilícitas se incrementan. La inseguridad y la delincuencia han llegado a niveles críticos en el país con situaciones extremas en algunas ciudades y regiones que lo convierten en un tema de seguridad nacional.
Ante este panorama se suma que el gasto corriente del sector público crece insaciablemente y reduce el espacio para la inversión. Las políticas públicas se han realizado sin planeación adecuada y con criterios populistas o de corto plazo, por no mencionar los elevados precios de los bienes y servicios que administra el sector público, la falta de transparencia, la insuficiencia de rendición de cuentas y las violaciones al estado de derecho.
Todos estos elementos se traducen indudablemente en una enorme falta de competitividad en el país.
Altas tasas de crecimiento no son la única solución ni son suficientes para resolver todos estos problemas, pero son definitivamente necesarias. Por ello insistimos en que se concreten los cambios largamente demorados en nuestro sistema político y en lo económico. Además y refiriéndome a la crisis, quisiera señalar algunos principios básicos que identificamos en el sector privado.
Primero. La principal responsabilidad es utilizar todos los mecanismos para mantener la liquidez, tanto en las empresas como en las personas. Sin dinero en la caja no se pueden pagar salarios, no se pueden pagar proveedores, no se pueden pagar impuestos y no se puede consumir ni invertir.
Segundo. El empleo debe ser preocupación y atención de todos; al menos para los empresarios sí lo es. Las medidas para su fomento deben implementarse de inmediato.
Tercero. Si el presente año se ve difícil, el próximo muy probable podría ser también un año complicado por el hecho de que no tendremos cobertura sobre los precios del petróleo y la plataforma de producción, y los precios se mantienen en declive. Esto nos obliga a buscar, desde ahora, otras fuentes de ingreso fiscal que suplan a aquellos que dejaremos de recibir, pero que no inhiban la inversión y alimente la informalidad.

Propuestas
Son muchos los países del mundo que han adoptado medidas profundas y diversas para atenuar el impacto de la crisis económica y financiera. Algunos ejemplos son elocuentes. Hasta ahora los estímulos contracíclicos adoptados en Estados Unidos representan el 5.4% del producto interno bruto; los instrumentados por Canadá, el 2.1 por ciento; los de Alemania, el dos por ciento y los de Brasil, el 1.4 por ciento de su producto nacional.
En el caso de México se han impulsado una serie de medidas, la mayoría de las cuales se sustentan en el presupuesto público.
Las acciones anunciadas en el marco del Acuerdo Nacional a favor de la Economía Familiar y el Empleo representan un apoyo cercano al punto 0.5 por ciento del producto interno bruto, incluyendo el congelamiento de los precios de la gasolina, que no es una inyección de recursos adicional a la economía, por lo que considero que son notoriamente insuficientes.
En materia fiscal se recomienda adoptar medidas que respondan a la necesidad de promover la liquidez de las empresas y personas, de estimular la inversión y de incentivar el consumo y generar mayores empleos.
Permitir pagos en parcialidades por adeudos fiscales, incluyendo retenidos y trasladados, así como acelerar y facilitar las devoluciones de saldos a favor.
En el caso del ISR y el IETU realizar pagos provisionales de manera conjunta, tal como operaba el impuesto al activo; ampliar la deducción inmediata de las inversiones en Impuesto Sobre la Renta, en todas las áreas geográficas del país, sin excluir activos, y eliminar la tasa de descuento.
Calcular el IETU en base al coeficiente del año anterior para evitar descapitalización; no limitar la deducción de inversiones e inventarios anteriores al primero de enero de 2008.
Respetar la recuperación íntegra del impuesto al activo, eliminando la restricción de los transitorios de este impuesto, lo mismo que la prelación de acreditamientos, a efecto de evitar la pérdida de créditos.
Es necesario adelantar la eliminación prevista del impuesto por tenencia de automóviles; deducibilidad fiscal en gastos de educación, promover la repatriación de capitales, salvaguardando la identidad de las personas por seguridad con una tasa impositiva atractiva.
Asimismo, precisar los esquemas de compensación en caso de daño ambiental a efecto de no detener las obras de infraestructura. Incluir en las leyes los incentivos fiscales en el cuidado del medio ambiente que México se ha comprometido en la firma de convenios internacionales.
Como se puede observar, es mucho todavía lo que se puede hacer para enfrentar con solidez la crisis global y retomar con suficiencia la fuerza en el camino del crecimiento.

 
 

Marco V. Herrera
marco.herrera@grupopublic.com.mx

Barack Obama es un fenómeno de nuestros tiempos. Hace una campaña electoral inaudita, marcando con esto el futuro de cómo se deben de manejar las nuevas herramientas tecnológicas para comunicarse con la gente. También marca un hito en la comunicación política al manejar con limpieza y sencillez sus discursos y mensajes, los cuales se han convertido en piezas de análisis detallado; y finalmente su liderazgo es de corte social, nacido de las teorías de Harvard.
Sin entender todo esto y, sobre todo, lo que significa el liderazgo social, puede ser ocioso el análisis de su discurso de toma de posesión de la presidencia. He oído todo tipo de comentarios sobre este discurso, pero la constante es de no entenderlo en su totalidad; esto nace de la característica humana de tener, ante una crisis de las magnitudes que estamos viviendo, la necesidad de encontrar respuestas a los problemas de cada país, de cada ciudad y hasta la resolución de problemas personales.
En México y el mundo al parecer estaban esperando el día de la toma de posesión para oír en el discurso de Obama la solución a la crisis mundial, de ahí se creó la expectativa de que en ese discurso inaugural se encontrarían todas las respuestas y caminos que se deberán de seguir. Pero a simple vista no se encontraron; las bolsas se cayeron y la realidad siguió su camino.
Creo que el mundo está acostumbrado, para mal, a los discursos incendiarios de los últimos ocho años de Bush y de un liderazgo de problemas del siglo XX para atrás. No estamos tomando conciencia de que este es el primer presidente de los Estados Unidos del siglo XXI, es afroamericano, nace del pueblo, no viene de una dinastía de tradición política, ni de familia poderosa. Es una persona extremadamente educada y con una visión del mundo global.
Otro detalle curioso a entender es que Obama no es de la generación de la guerra; a Obama no le pueden achacar ni que es héroe de guerra ni que es pacifista negado a enrolarse en el ejército, porque simple y sencillamente por su edad y circunstancia ya no le tocó jugar ese papel tradicional en la Unión Americana de ser héroe de guerra, es más, no está en su vocabulario. Este es un tema que reconoce, pero lo trata más desde el punto de vista de la fundación de la nación americana que el recordatorio heroico de Vietnam o las últimas guerras en Asia.
Es por eso que considero que la mayoría de la gente afuera de los Estados Unidos no entendió el discurso de Obama, de ahí puede venir el desencanto ante su figura, pero que de alguna manera en su estrategia logró dos cosas: detuvo la expectativa exagerada a su persona y, el asunto más importante a mi parecer, el conectarse con sus electores, a quienes se debe y de donde él viene. Eso definitivamente sí lo logró.
El impresionante número de personas que reunió enfrente del Capitolio, una muchedumbre ordenada y silenciosa, esa que es el pueblo, esa masa invisible que ningún político quiere ver enojada o levantada en armas, fue fiel acompañante de su líder, desde que los convenció poco a poco a través de su discurso humanista, de su visión de los problemas, a los que les pidió apoyo y dinero por Internet; esa muchedumbre virtual se fue haciendo real el día de la votación y terminó acompañando a su líder en la toma de posesión, porque quería ver lo inaudito: un presidente afroamericano tomando protesta para romper el más alto mito racista de América, el que un afroamericano ocupe la Casa Blanca.
Con esa su gente, a su pueblo, estuvo dirigido su discurso. A los especuladores, los poderosos, los enemigos del Estado americano y al resto del mundo les dedicó algunos párrafos de una sencillez que analizándolo en este contexto da miedo. Claro, contundente, sin retórica ni bravuconadas de un texano con botas y pistola al cinto. Un mensaje que pone límites, que ofrece paz y amistad para el que la quiera.
Considero que el discurso más que no gustar no fue plenamente entendido; en el fondo está procediendo bajo el más antiguo de los principios americanos que dice: back to basics, regresar a lo básico, pero con una claridad en el procedimiento. Dos cosas son de llamar la atención, que se pueden interpretar mal o bien, y que habla de una refundación del Estado americano, de crear un nuevo sueño americano con una visión de futuro. Y en segundo lugar el hecho de aceptar que el mundo está cambiando, a lo que se puede inferir que él en lo personal lo acepta y quiere hacer entender a su pueblo que así es.
Por tradición el americano considera que el mundo es de ellos y que vive su misma realidad. Si juntamos esas dos cosas, refundación y entender que el mundo está cambiando, puede implicar que ahí es el cambio de fondo que Obama quiere generar.
El discurso merece más análisis bajo esta óptica y tendrá que ser leído y releído. Efectivamente hoy no hay frases que pasen a los anales de la historia, como algunos líderes de opinión y analistas buscan desesperadamente; con los hechos, con la transformación de las cosas poco a poco las palabras irán tomando su curso adecuado. Al final del día lo más importante es que fue un discurso dirigido a la conciencia de las personas del mundo, habrá que analizar qué nivel de conciencia tiene cada individuo; su pueblo, sus electores, a quienes él se debe, entendieron perfectamente el mensaje, los demás poco a poco lo entenderán.

 

 
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