Año 4 Número 47 Febrero 2007

Finalmente, el pasado 27 de diciembre se publicaron en el Diario Oficial de la Federación cambios a las disposiciones fiscales que entraron en vigor a partir del 1º de enero de este año, las cuales fueron aprobadas por unanimidad, ya que en el Poder Legislativo “saben ponerse de acuerdo”.
Al analizarlas nos damos cuenta de que el reto sigue siendo la Reforma Fiscal, ya que los cambios recientemente aprobados son meramente recaudatorios hacia los clientes… perdón, contribuyentes, que ya están registrados, no responden ni a la competitividad ni a las necesidades que los empresarios (personas físicas y morales) y que el país requiere; es más, ni siquiera combate a los sectores que no pagan impuestos (comercio informal-ilegal), que de acuerdo con algunos estudios ya llegan al 50% del total de la economía y la tendencia es a la alza, en cambio complican la dinámica de los negocios, pues con las nuevas obligaciones como la de presentar información mensual sobre el IVA no es más que mayor carga administrativa y de obligaciones a los contribuyentes; los obliga a preocuparse por cómo cumplir con todas las obligaciones fiscales federales, estatales y municipales, a incrementar su personal administrativo para cumplirlas, a ser fiscalistas de sus proveedores y para colmo los deja en la incertidumbre jurídica al no lograr que las disposiciones sean claras y  sencillas, que les den certeza sobre sus procedimientos y el cumplimiento a las mismas, lo cual es necesario para facilitar la justicia fiscal y para promover la inversión.
Año con año se publican las reformas fiscales y en el inter se emiten decretos, misceláneas, modificaciones a la Resolución Miscelánea, acuerdos, etcétera, lo que de alguna manera no le da permanencia a las disposiciones fiscales, pues al ser tan cambiantes las “reglas del juego” no le permiten a los contribuyentes planear en el mediano y largo plazo, e incluso aun con todos esos cambios o adecuaciones se incluyen indefiniciones, imprecisiones e incluso errores, lo que de alguna manera distrae la atención a la inversión nacional y extranjera que tanto se necesita para crear empleos y renovar la planta productiva.
Usted, así como todos los que de alguna manera participamos en las empresas en la parte administrativa, se preguntará ¿y la simplificación fiscal? Bueno, pues sigue siendo un mito. ¿No me cree? Pregúntele a su contador el procedimiento o la mecánica para determinar el Impuesto Sobre la Renta a un asalariado. Hay que consultar tres tablas o tarifas, pero antes hay que determinar el factor de subsidio, y para esto hay que considerar todos los gastos de la empresa que se refieran a empleados… ¿Complicado? Pues no acaba ahí. Le falta considerar las retenciones de IMSS, Infonavit, entre otros, que aunque  nada tienen que ver con el ISR sí se reflejan en el cálculo de las nóminas.
Las autoridades federales, estatales y municipales deben promover la rendición de cuentas, ya que existe mucha desconfianza entre la población que sí paga impuestos sobre si éstos son usados correctamente, debido a que no se percibe el beneficio en los servicios públicos que el Estado está obligado a proporcionar.
Se ha insistido en diversos foros desde la fallida Convención Nacional Hacendaria hasta en las propuestas de Reformas que publican diferentes instituciones (Colegio de Contadores Públicos, IMEF, etc.) en que para incrementar la recaudación se deben impulsar cambios en los impuestos indirectos (IVA, IEPS, impuestos ecológicos, etcétera), ya que son más fáciles de fiscalizar y de recaudar, y bajar la tasa en los impuestos directos (ISR) que con tantas exenciones y tasas diferenciadas facilitan la evasión, con esto se lograría, en parte, que los que más consumen paguen más impuestos y viceversa, pero debido a los compromisos políticos o a la promoción de los defensores de las causas sociales, éstos tardarán tal vez otro sexenio en darse; en otros países este cambio ha sido exitoso.
Por lo aquí comentado es que considero que la Reforma Fiscal sigue siendo uno de los grandes pendientes y que se requerirá algo más que buena voluntad para seguir avanzando y para adecuarnos a donde la globalización nos lleve. 

Enrique Gómez

 

 
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