Apoco más de cien días de las elecciones, es evidente que el sector mpresarial de Cancún ha adoptado como propia la candidatura del panista Felipe Calderón (y, por default, la del priísta Roberto Madrazo).
Es lógico: Calderón es el único que ha incluido el turismo en su discurso, que habla con regularidad del tema y que ha entendido que se trata de una industria estratégica, capaz de generar divisas en gran escala y de sacar de la pobreza a muchas regiones del país.
Pero tanta belleza puede ser vana ilusión: a cien días de las elecciones,también es evidente que el candidato más popular es López Obrador, que las encuestas lo siguen dando como favorito, que no está cometiendo errores graves y que, salvo un milagro, el tabasqueño tiene todo para ser el próximo inquilino de Palacio Nacional.
Esas parecen malas noticias para el sector turismo.
Aunque el Peje ha sido esquivo en el tema, durante su gobierno en la Ciudad de México designó en Turismo a la escritora Julieta Campos, quien no tenía más mérito que ser esposa de Enrique González Pedrero, un ex gobernador de Tabasco, de izquierda moderada, que en su tiempo colocó a Andrés Manuel al frente del PRI local (y a quien reconoce como maestro).
Doña Julieta sí cometió muchos errores, los más por omisión. El más notorio fue irse por la libre y cancelar todos los convenios con el Consejo de Promoción Turística de México, sin más explicaciones que un vago deseo de promover el turismo social, proyecto que nunca se materializó.
Cierto, la capital progresó en términos turísticos, primero porque tiene un déficit considerable en cuartos de hotel (que de momento son un gran negocio), y luego porque creció el segmento de convenciones, pero es significativo que el boom se haya dado en forma espontánea, sin un plan oficial que lo respaldara.
Está claro que a López Obrador el turismo le parece industria secundaria, accesoria, de poca monta, pero también está claro que a los empresarios turísticos no les gusta López Obrador y, en una reacción de avestruz visceral, no están haciendo nada para enderezar esa visión distorsionada de la industria. Algo tendría que decir la cúpula turistera de Quintana Roo, pues, si se habla de turismo, los negocios del Caribe mexicano ocupan los primeros lugares a nivel nacional.
Es curioso: cuando se aproxima la sucesión en el Gobierno del Estado, los empresarios se preocupan de que los candidatos conozcan su visión, oigan sus planes, conozcan sus estrategias, e incluso se establezcan compromisos de inversión. Pero no sucede lo mismo en el marco de la sucesión presidencial, como si ese relevo nos resultara ajeno, distante, inaccesible, cuando es tan decisivo y definitorio como el proceso estatal.
A la brevedad, habría que buscar la atención del Peje y desde luego de sus competidores serios, Calderón y Madrazo, que si algo saben del tema tampoco estorbará que sepan más. No será la primera vez que haya que persuadir a un candidato, o a un futuro Presidente, que el turismo es cosa seria, que crea muchos empleos, que capta muchas divisas, que merece ser prioridad nacional.
Ese mensaje lo sabemos de memoria: es momento de volver a repetirlo.
No sé si resulte, pero, pase lo que pase, siempre será mejor estrategia que limitarse a cruzar los dedos.