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| Año
4 Número 35 Marzo 2006 |
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Enrique Gómez
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A partir del 1 de diciembre pasado entró en vigor la disposición que obliga a todos los contribuyentes a pagar los consumos de combustibles a través de cheques, transferencias bancarias, tarjetas de crédito o de débito y monederos electrónicos, para poder efectuar la deducción fiscal por este concepto.
La medida se supone está enfocada hacia las gasolineras con miras a controlar sus ventas, ya que ante la gran cantidad de robos de combustibles a través de la red de Pemex y debido a que se carece de un control estricto sobre estos líquidos por parte de la autoridad hacendaria, ésta creó un mecanismo para que los contribuyentes fuéramos sus auditores, ya que al obligarnos a pagar nuestros consumos por medios diferentes al efectivo, ahora sí los gasolineros declararían la totalidad de sus ventas.
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Dicha acción tiene un costo financiero, ya que los gasolineros argumentan que hasta antes de la modificación fiscal el margen de utilidad que como franquicia les corresponde era muy reducido y disminuiría más si entre sus costos de operación deben absorber la comisión que los bancos les cobran por el manejo de las tarjetas.
Los bancos se niegan a absorber esta comisión, los gasolineros también, el fisco igual. Entonces quién queda..., pues el contribuyente. Y ahí vamos. El costo de operación se eleva haciéndonos menos competitivos y más preocupados por el cumplimiento de los requisitos para la deducción fiscal.
No mencionemos que esta medida desde el punto de vista legal es inconstitucional al establecer requisitos diferentes para una deducción; tampoco mencionemos que la medida como medicina es peor que la enfermedad, pues los gasolineros nos seguirán vendiendo litros incompletos además de que seguirán manejando ventas en efectivo, ya que no todos los consumidores exigimos el comprobante fiscal respectivo.
Con esta medida la autoridad demuestra su falta de control y de ideas, pues no termina por implementar los controles volumétricos a los gasolineros ni de exigirles el establecimiento de las famosas máquinas que acepten como pago las tarjetas de crédito, para de esta forma dejar a los bancos fuera, instituciones que con su comisión son felices.
Finalmente, en días pasados el jefe del SAT, José María Zubiría Maqueo, reconoció que el programa para deducir la compra de gasolina tiene “serias deficiencias de instrumentación”, por lo que próximamente sufrirá ajustes; adelantó la permisibilidad para que los contribuyentes soliciten en las estaciones de servicio al momento de comprar el combustible las viejas facturas de papel, inclusive si el pago se realiza en efectivo. “Eso no significa que con esta disposición estamos echando para atrás la medida”, aclaró.
Por lo que los contribuyentes seguiremos siendo rehenes de los gasolineros y de la autoridad hacendaria, quienes ahora nos tienen agarrados del... tanque de gasolina.
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