Paradójicamente mientras algunas partes de nuestro cuerpo durante la etapa de envejecimiento tienden a disminuir su tamaño y volverse flácidas, otras por el contrario pueden aumentar su volumen y endurecerse, tal es el caso de la muy conocida y cada vez más mentada próstata.
Las causas de este aumento de tamaño y de cambios en su estructura son desconocidas, aunque se piensa que pueden influir los cambios hormonales asociados con el proceso de envejecimiento.
Dentro de los síntomas más frecuentes que la persona sufre al aumentar de tamaño la próstata están: el esfuerzo por orinar (empujar o hacer fuerza para empezar a orinar), el aumento de la frecuencia urinaria el levantarse durante la noche para ir al baño, la disminución de la fuerza y tamaño del chorro, orina entrecortada, sensación de vaciamiento incompleto, goteo terminal, incontinencia por rebosamiento, hasta poder tener una retención urinaria completa por la obstrucción que el aumento de la próstata causa.
La siguiente es una lista de preguntas que deberá hacerse usted mismo, mi querido lector, para tener una idea de cómo anda al respecto de este cada vez más frecuente problema. Se preguntará: con qué frecuencia el último mes: 1.- ha disminuido el chorro de la orina, 2.- ha sentido que la vejiga no se vacía por completo al acabar de orinar, 3.- ha interrumpido y reiniciado la micción mientras orinaba. 4.- ha tenido que empujar o hacer fuerza para empezar a orinar. 5.- ha tenido que orinar de nuevo en las dos horas siguientes a la última micción, 6.- con qué frecuencia ha tenido dificultades para posponer la micción y, por último, deberá preguntarse cuántas veces se suele levantar a orinar desde que se acuesta por la noche hasta que se levanta.
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El que la frecuencia de todos estos cuestionamientos vaya en aumento es indicativo de una hipertrofia prostática. El análisis de sangre para detectar el aumento del antígeno prostático también es un arma de diagnóstico, a pesar de que se eleva sólo en el 30 a 50% de los pacientes con hipertrofia prostática. El tacto rectal sigue siendo importante medio de diagnóstico, en manos, desde luego, expertas, así como el ultrasonido.
Muchos casos de este padecimiento son tratados con medicamentos, teniendo buenos resultados, aunque el tratamiento definitivo es el quirúrgico.
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