Año 1 Número 12 Marzo 2004


Francisco Verdayes .

A 27 años de su fundación, la escuela de danza Talulah es pionera en esta disciplina en Cancún, una escuela que ha dejado huella en niñas de todas las clases sociales

Generalmente se piensa que si desde el inicio no se está de acuerdo con un negocio irremediablemente se estará condenado al fracaso.

Este, sin embargo, no es el caso de Elizabeth Duarte Marín, a quien simplemente conocemos como Liz, propietaria y maestra de la escuela de danza Talulah y quien hoy, a 27 años de haberla fundado (1977), nos confiesa el coraje que le provocó que su padre, Rodolfo Duarte (+), le haya construido el primer salón de danza con el ánimo, dice, de que no se fuera de Cancún.

En rebeldía, Liz -quien estudió danza en la ciudad de Mérida- decidió ponerle a su escuela de danza clásica el nombre de Talulah, que evoca a una doncella polinesia, en vez de echar mano de los tradicionales Pavlova o Nigisky:

"Según mi padre me estaba haciendo el regalo de mi vida, pero a esa edad (17 años) yo no pensaba en tener una escuela. Yo tenía ganas de irme a estudiar fuera y de hacer tantas cosas. Además, para construir esa escuela mi padre pidió dinero a un usurero y cuando la terminó me dijo: 'aquí está tu escuela y aquí está tu deuda'. Para mí fue no poder dormir nada más de pensar cómo iba a poder pagar esa deuda, porque, obviamente, era un dineral".

A pesar de no estar de acuerdo, Liz esperó serenamente la conclusión de las obras de esa primera escuela que, aclara, no era más que un salón en el patio de su casa. Pese a ello, inició las clases de danza en septiembre de ese año en el Parque de las Palapas, en lo que ahora son las oficinas del Registro Civil, contando con la venia del primer alcalde de Cancún, Alfonso Alarcón Morali.

"Para diciembre nos pasamos a la escuela (salón) que había hecho mi papá y fueron llegando las alumnas poco a poquito, y en el primer año cerré mi festival de cursos con 60 alumnas, o sea que ya desde el primer año la escuela había sido un exitazo. Recuerdo con mucho amor a mi padre haciendo las escenografías, a mis hermanos, en fin, toda la familia involucrada. Todo era tan maravilloso que la convivencia con las mamás de las niñas me hicieron olvidarme que quería irme a otro lado, además de que empecé a dar clases en el Itzamná y en el Montesori".

Ya casada con Jorge Barrera, fue hasta 1986 cuando empieza a construirse la actual escuela Talulah, que hoy se encuentra en la avenida Náder número 30.

-¿Y se pagó aquella deuda con el usurero?

"Sí, por supuesto.".

-¿Hijas de quiénes eran esas primeras alumnas? ¿De los hoteleros o de los trabajadores?

"Pues ahí de todo un poco. de los trabajadores porque desde ese momento empezamos con nuestro sistema de becas, pero también de la gente de aquí: la hija de Germán González; Aída, de los de la Perfumería Venus; estaba Sonia, la hijita de Luis Arce; los Knape, las hijas de Carlos Constandse, Jimena estuvo con nosotros; obviamente todos los Lara pasaron por el Talulah. Entraban y entraban, pero de todas las clases sociales, pues si algo me llena de orgullo es saber que en Talulah todas somos iguales. Tenemos niñas que vienen desde las regiones a tomar sus clases hasta niñas que vienen con choferes de la zona hotelera".

-¿Cuáles han sido las grandes satisfacciones del Talulah?

"Para mí lo más importante es lo humano, ver tanta huella que has dejado en tantas niñas al haber estado aquí en Talulah por muchos años. Yo creo que ese es mi principal logro, que les dejé una marca tan importante en lo que es la disciplina, en el amor, en poder proyectar su arte a otra gente, poder compartir; porque hablábamos de gente de todas las clases sociales, para mí ese es un gran logro.

"En el terreno artístico, bueno, pues se han hecho muchos contactos con Estados Unidos. Hemos estado en la República Checa y las niñas se han ganado el segundo lugar en ballet clásico. Obtuvieron también el Gran Premio Grisko al mejor grupo, destacado entre 46 participantes de Alemania. Han estado en Orlando, Florida; han bailado dos veces en Disneyworld.

"Otra satisfacción es poder proyectarle al alumnado el hecho de presentarse en beneficio de organismos como la Cruz Roja. Ahora lo hacemos para la Ciudad de la Alegría, pero antes lo hicimos para el Centro de Atención Múltiple, la Casita y la casa hogar Esperanza".

-¿Cómo está eso de una coreografía para sordomudos?

"Esto se le ocurrió a un gran maestro que tenemos, al maestro Tomás Silva, con el ánimo de que las niñas vayan sintiendo que van a hacer algo por estos niños con capacidades distintas, y creo que se lleva más en el corazón que el simple hecho de bailar en el Teatro de Cancún y que te aplaudan".

Por lo pronto Liz Duarte se prepara para dos grandes eventos: el que se realizará este mes de marzo los días 20 y 21 y en el cual se presentarán en Cancún la compañía de Emma Pulido y Danza sin Fronteras, cuyo director es hermano de Jaime Vargas, el primer bailarín nacional, y el Encuentro Internacional de Danza, que se realizará en mayo, que es la segunda edición de un acontecimiento de esta naturaleza y en el que hasta el momento han confirmado ocho países, y entre ellos gente de la Escala de Milán. Todos los fondos que se recauden serán para la Ciudad de la Alegría.


Pie de foto: Elizabeth Duarte, muy joven pasó de alumna a maestra.

 
 


 

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