A 27 años de su fundación, la escuela de danza Talulah es pionera en esta disciplina en Cancún, una escuela que ha dejado huella en niñas de todas las clases sociales
Generalmente se piensa que si desde el inicio no se está de acuerdo con un negocio irremediablemente se estará condenado al fracaso.
Este, sin embargo, no es el caso de Elizabeth Duarte Marín, a quien simplemente conocemos como Liz, propietaria y maestra de la escuela de danza Talulah y quien hoy, a 27 años de haberla fundado (1977), nos confiesa el coraje que le provocó que su padre, Rodolfo Duarte (+), le haya construido el primer salón de danza con el ánimo, dice, de que no se fuera de Cancún.
En rebeldía, Liz -quien estudió danza en la ciudad de Mérida- decidió ponerle a su escuela de danza clásica el nombre de Talulah, que evoca a una doncella polinesia, en vez de echar mano de los tradicionales Pavlova o Nigisky:
"Según mi padre me estaba haciendo el regalo de mi vida, pero a esa edad (17 años) yo no pensaba en tener una escuela. Yo tenía ganas de irme a estudiar fuera y de hacer tantas cosas. Además, para construir esa escuela mi padre pidió dinero a un usurero y cuando la terminó me dijo: 'aquí está tu escuela y aquí está tu deuda'. Para mí fue no poder dormir nada más de pensar cómo iba a poder pagar esa deuda, porque, obviamente, era un dineral".
A pesar de no estar de acuerdo, Liz esperó serenamente la conclusión de las obras de esa primera escuela que, aclara, no era más que un salón en el patio de su casa. Pese a ello, inició las clases de danza en septiembre de ese año en el Parque de las Palapas, en lo que ahora son las oficinas del Registro Civil, contando con la venia del primer alcalde de Cancún, Alfonso Alarcón Morali.
"Para diciembre nos pasamos a la escuela (salón) que había hecho mi papá y fueron llegando las alumnas poco a poquito, y en el primer año cerré mi festival de cursos con 60 alumnas, o sea que ya desde el primer año la escuela había sido un exitazo. Recuerdo con mucho amor a mi padre haciendo las escenografías, a mis hermanos, en fin, toda la familia involucrada. Todo era tan maravilloso que la convivencia con las mamás de las niñas me hicieron olvidarme que quería irme a otro lado, además de que empecé a dar clases en el Itzamná y en el Montesori".
Ya casada con Jorge Barrera, fue hasta 1986 cuando empieza a construirse la actual escuela Talulah, que hoy se encuentra en la avenida Náder número 30.
-¿Y se pagó aquella deuda con el usurero?
"Sí, por supuesto.".