Año 1 Número 12 Marzo 2004



Carlos Mota Columnista nacional de finanzas y negocios.

Es tan desafortunado el debate nacional en materia turística, que la siguiente ocasión que surja el tema de los casinos me recordará mis clases de matemáticas y la segunda derivada; o sea, algo insulso en mi vida profesional.

Entiendo que los casinos despiertan pasiones de toda índole en México. Calma. El razonamiento más sencillo suele ser el más sensato. Yo creo que los casinos deben reglamentarse pronto y apresurar su establecimiento formal en México.

El Congreso de la Unión tiene una deuda pendiente con este país: apalancar el sector turístico con reglas del juego que fomenten nuevas propuestas de negocio. Los casinos deben ser prioridad en el diseño turístico futuro.

El tema del juego, consustancial al casino, se aborda en México desde una perspectiva moral. Se ha insistido en el ocio y en su perversidad como inherentes a su establecimiento formal. Pero esa es la sombra de caudillos municipales pasados de moda. Al poner reglas en su operación, los casinos saldrían a la luz pública como una variable adicional de la que pueden depender recursos turísticos nacionales y extranjeros, así como creación de valor para empresarios que inviertan en el sector.

Las tres características que debieran considerarse para el establecimiento de casinos en México son:

Uno, la reglamentación a la que han de sujetarse no debiera ser otra más que la que rige la vida de cualquier otra empresa.

Dos, el tratamiento fiscal que les sea impuesto tiene que reflejar incentivos a su establecimiento, no inhibir su crecimiento.

Tres, podría pensarse en una pequeña comisión reguladora que evite los riesgos que perciben ciertos sectores de la sociedad.

Y en esta historia de los casinos, Cancún tiene un activo del que todo México se puede apalancar: su nombre es sinónimo internacional de diversión y primer mundo en materia de descanso y relajación. Si Rodolfo Elizondo y el Congreso se avivan, quizá observen que la marca de Cancún da para más.

Hace unas semanas John McCarthy dijo que la famosa Escalera Náutica del Mar de Cortés tendrá que esperar. No hay inversión. También hacia finales de febrero el diputado Francisco López, presidente de la Comisión de Turismo, afirmaba que México tiene mil 500 casinos ilegales. Menudo lío.

Cancún, We have a problem! Yo creo que con tanto desorden el país no avanzará en materia turística como debiera. Vergüenza debiera darnos que las remesas de los connacionales en Estados Unidos compiten por los tres primeros puestos en flujo de dólares hacia el país. Sí, tenemos un problema, y Cancún y los casinos es de lo poco que nos puede salvar.

*Carlos Mota es columnista nacional de finanzas y negocios.

A partir de esta edición tendrá una colaboración mensual en Latitud 21 motacarlos@aol.com

 
 


 

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