Lo que no te mata te fortalece – Carta del Presidente Eduardo Albor

La mañana del lunes 22 de octubre llegué muy temprano a Dolphin Center, ahí en Chinchorro con Acanceh. De hecho aún no amanecía. Y es que ese lunes a las 9:00 am iniciaba la junta de Consejo de Dolphin, y la única manera de poder concentrarme era sabiendo que ya había escrito la editorial de Latitud 21 de noviembre. Para escribir en mi escritorio me siento en dirección al oriente, y es por eso que en un rato de haber llegado tenía el sol de frente, lo suficientemente deslumbrantecomo para anticipar lo hermoso que el día sería.

Qué diferente esa mañana a la del 22 de octubre pero siete años atrás, un sábado, cuando amaneció Cancún secuestrado por el huracán más fuerte jamás registrado en el Atlántico, el huracán Wilma. Esa mañana no estaba en mi oficina, entonces en Playa Langosta. Mas bien estaba refugiado en un cuarto de mi casa, esperando que pasara el huracán para salir a evaluar los daños, lo que finalmente pude hacer 24 horas después, al amanecer del domingo 23 de octubre del 2005.

La noche anterior, en lo peor del fenómeno meteorológico, recordaba a Amado Nervo en su famosa poesía EN PAZ, cuando dice “….hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tan sólo noches buenas…”. Y miren que esa noche fue muy larga. Al día siguiente, ante la visión apocalíptica de un Cancún arrasado por una pequeña muestra de lo que la madre naturaleza es capaz, lo único que se me ocurrió inicialmente, fue abrir el refrigerador, destapar una cerveza que se mantenía fría y celebrar el haber sobrevivido a Wilma. Había que dar gracias al Señor de haber vivido y sobrevivido a este evento y que nos sirvió para recordar nuestra vulnerabilidad, y, por supuesto, los grandes retos que teníamos enfrente.

Siete años después, estoy sentado en mi oficina en una de las mañanas más hermosas de un mes de octubre, apenas una semana después de haber acompañado a Alejandro Zozaya en la inauguración oficial de un nuevo hotel en Cancún, el Secrets The Vine, y que se viene a sumar a la oferta que en el último año incluye el Riu Palace, y a la del hotel Hard Rock Cancún de don Roberto Chapur.

Y me regocijo de encontrar a Cancún más fuerte, más bello y más sano que nunca en su historia. Gracias por supuesto a todos estos empresarios, mexicanos y extranjeros, que siguen apostándole al destino; gracias al esfuerzo conjunto de nuestro Gobernador anterior Félix González y del actual Roberto Borge, promotores incansables del destino, gracias a nuestro genio mercadólogo en la OVC en los últimos años, Jesús Almaguer y a todo su equipo promotor.

Gracias a todos esos héroes anónimos que día con día luchan y trabajan por este paraíso llamado Cancún y que nosotros llamamos casa. Y siete años después, tal como José hijo de Jacob interpretó al Faraón sus sueños, anticipándole que después de un ciclo de bonanza vendría uno de carestías, hoy quisiera interpretar este amanecer del 22 de octubre, a dos meses del amanecer de una nueva era, que el contrastante resplandor de la mañana es señal de que será un ciclo de bonanza, de grandes cosechas, a todo ese trabajo, ese esfuerzo, ese empeño, esa ilusión con la que hemos reconstruido Cancún en los últimos siete años. Que Dios nuestro Señor siga derramando su amor y su bendición en esta hermosa tierra que nosotros llamamos nuestra casa, y que los 3.5 millones de visitantes este año, le llaman Paraíso.

 

Eduardo Albor



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*