Lista la nueva Ley de Casinos en México

La Cámara de Diputados aprobó en diciembre pasado la nueva Ley Federal de Juegos con Apuestas y Sorteos, la cual fue turnada al Senado para su análisis.

En mayo del año pasado compartí con mis ocho lectores la noticia de que un juez en el Distrito Federal había rechazado el recurso de amparo promovido por el “Zar de los Casinos”, un tal Arturo Rojas.

Con dicha resolución permanecerían cerrados por tiempo indefinido todos los establecimientos de apuestas operados por la empresa “Entretenimiento de México”, razón social de Rojas Cardona.

Parecía entonces que íbamos por buen camino; sin embargo, los señores legisladores que una vez más, y como siempre, no parecen responder a los intereses de la enorme mayoría de sus representados, demuestran privilegiar los intereses de unos cuantos al aprobar esta nueva Ley, que aunque matizada con un nuevo Instituto de Juegos y Sorteos, órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación (SG), una edad mínima requerida de 21 años para poder acceder a un casino, entre otros distractores y enmiendas, en general da paso legal a estos tremendamente nocivos negocios para un país como el nuestro en donde la corrupción, la ilegalidad y la opacidad son la norma.

En mayo de 2014 compartí con ustedes las siguientes reflexiones que siguen intactas, cuando menos para quien esto escribe:

Siempre he estado en contra de los casinos en México, desde que se inició el debate hace muchos años en Cancún, en donde quienes los defendían argumentaban que traerían más turismo a nuestros destinos; nada más falso y más absurdo que eso.

Hablemos primero del fenómeno turístico y luego del social.

En lo turístico, les diría a mis ocho lectores que conozco prácticamente todas las islas del Caribe y capitales de Latinoamérica en las que hay casinos y nunca he visto turistas en ellos, lo que sí he visto con gran pena es a muchísima gente local de la tercera edad dejando ahí sus limitados recursos; he visto gente emborrachándose, y a muchas chicas, como dice un amigo querido, de muy buen ver y mejor tocar, ejerciendo el negocio más antiguo del mundo.

Los turistas que juegan de verdad van a Las Vegas, la capital mundial del juego, otros menos a Atlantic City y los europeos a Montecarlo, pero los casinos de América Latina solo han servido para lavar dinero y explotar a quienes tienen esta debilidad por el juego.

Algunos estudios realizados por colegas en Cancún arrojan que menos del dos por ciento de los turistas que visitan Cancún acuden a un casino.

No es verdad entonces que las casas de juego generen un nuevo y diversificado turismo como argumentan algunos. Los casinos eventualmente podrían ser un valor agregado, un producto más para quien ya está en el destino, pero no generan sin duda un turismo nuevo.

Por otra parte, en lo social está más que claro el enorme daño que estos centros de entretenimiento para adultos le hacen a nuestras comunidades, toda vez que además de fomentar un consumo irracional y desenfrenado contribuyen a la disgregación de la familia, fomentan las adicciones de todo tipo y en nada contribuyen a mejorar la calidad de vida.

Los casinos pueden ser muy divertidos, pero está claro que México con sus enormes carencias no está preparado para esta oferta de entretenimiento, además de que sin duda son el mejor escenario para el lavado de dinero y la extorsión.

Perversos me parecen quienes apuestan a este tipo de negocio que atenta contra nuestra sociedad, que rebaja al ser humano, que son una tentación para nuestros jóvenes y que en nada contribuyen positivamente al mejoramiento de nuestras ciudades y nuestra cultura.

¿Qué opinarán las familias de quienes murieron calcinados en el interior del Casino Royale en Monterrey?… ¿Qué opinarán aquellos que han perdido todo, hasta la conciencia, por la adicción de sus familiares al juego?…

No comparen por favor mis ocho lectores a quien está en un barco de crucero sentado en la mesa de black Jack, que eventualmente por eso se embarcó, o aquel que juega sus vacaciones en Las Vegas, con la señora de 70 años que se está jugando su jubilación en pesos en un casino local; la señora de sociedad que se está jugando la despensa o la colegiatura de sus hijos o el jovencito que ya está aprendiendo de los grandes a hacer trampa; no confundir por favor.

Por eso NO  a los casinos en México, ojalá los cerrasen todos…

 

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