La artritis reumatoide es una enfermedad crónica que puede presentarse en cualquier etapa de la vida, aunque es más frecuente a partir de los 40 años de edad y un poco más usual en mujeres que en hombres

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Antes que nada hay que aclarar que el término de artritis es cualquier cuadro inflamatorio de una articulación caracterizado por dolor, calor, enrojecimiento e hinchazón local.
La artritis reumatoide es una enfermedad crónica, conocida también como reumatismo, la cual puede presentarse en cualquier etapa de la vida (en bebés inclusive), pero es más frecuente a partir de los 40 años de edad, y al parecer es ligeramente más habitual en mujeres que en hombres.
Las causas de este padecimiento hasta la fecha no son del todo conocidas; sin embargo, se habla de que factores genéticos, anormalidades en la regulación del sistema inmune e incluso agentes infecciosos son los responsables de la aparición de esta enfermedad.
El inicio de este padecimiento es muy variable. En la mayoría de los casos las quejas se centran en dolor y rigidez en las articulaciones, principalmente las de las manos, muñecas, codos, rodillas, pies, con una evolución de semanas a meses asociada con fatiga, fiebre baja y malestar general.
Con la evolución de la enfermedad sin tratamiento alguno se va instalando un cuadro de discapacidad que puede terminar confinando al paciente a su cama.
Otra característica importante de este padecimiento es que también puede afectar con el tiempo a otras articulaciones, así como a los pulmones, corazón, ojos y nervios periféricos.
La evolución de la enfermedad se caracteriza por agudizaciones y remisiones que terminan por producir un daño articular permanente.
El tratamiento tiene como objetivo mantener el tono muscular y función articular para preservar un estilo de vida normal. La fisioterapia siempre es de gran ayuda para aliviar los síntomas y mantener la fuerza muscular.
Los antiinflamatorios y los corticoides, cuando los primeros no dan el resultado esperado, son útiles en el tratamiento de la sintomatología que produce esta enfermedad, pero no influyen en la evolución de la misma.
Otros medicamentos como la cloroquina, el methotrexate, la sulfazalazina, las sales de oro, la penicilamina y la micociclina son administrados con la intención de disminuir la progresión de la enfermedad, pero el inicio de su acción es muy lento. A este tipo de medicamentos se les conoce como modificadores de la enfermedad.
Actualmente se han introducido al mercado nuevos fármacos con mejores resultados, pero su alto costo impide el acceso a ellos.
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