Año Número 27 Junio 2005

Hace 35 años, días más días menos, se juntaron tres amigos para planear un negocio fabuloso que se llamaría Cancún.

El primero de ellos, rico de ocasión, era el Gobierno Federal. Yo pongo la infraestructura, dijo. Hago las calles y el aeropuerto, meto el agua y el drenaje, conecto la luz, construyo la plaza de armas y el palacio.

El segundo, rico de abolengo, era la Iniciativa Privada. Si tú pones todo eso, ofreció, yo luego pongo los hoteles, los parques, las marinas, las viviendas, en fin, yo convierto tu infraestructura en ciudad.

Pues yo no tengo que poner salvo la tierra, dijo el tercero, que era el Gobierno del Estado. Pero le entro porque tengo muchos campesinos y pescadores que hay que sacar de pobres.

Puestos de acuerdo, los socios se lanzaron a la aventura. Y hete aquí que se encuentran ayer, días más días menos, para tomarse un cafecito y platicar cómo va el negocio.

Yo no me puedo quejar, dice el Gobierno Federal. No sólo recuperé mi inversión vendiendo lotes, sino que además ahora recibo, cada año, unos tres mil millones de dólares en divisas y mil y pico millones de dólares en impuestos. No está mal.

Yo tampoco me quejo, acota la Iniciativa Privada. Donde no había nada he construido más de 50 mil cuartos de hotel, y recibo unos siete millones de clientes por año. La cosa va bien.

Pues yo no sé cómo le hicieron ustedes, tercia el pobretón, pero cuando empezó este negocio yo tenía 40 mil pobres, y ahora tengo 400 mil. Estoy corto en agua potable y en drenaje, en calles y banquetas, en rellenos sanitarios, y ando muy mal en escuelas y servicios de salud. Nada más en esa deuda social traigo un faltante de 500 millones de dólares.

Pues conmigo no cuentas, advierte Papá Gobierno. Yo antes era rico, pero ahora soy pobre, y ando ahorcado con la lana que me cuesta el Fobaproa.

Pues conmigo tampoco, aclara la IP. Yo pago mis impuestos, así que ustedes vean cómo le hacen.

Y con la pena, se despiden ambos, pero ahí te encargas de pagar el cafecito. Por desgracia, este cuento juguetón está muy cerca de la realidad. Gracias al turismo, Quintana Roo se ha convertido en uno de los estados más ricos del país, y las estadísticas dicen que ocupamos el tercer lugar en ingreso per cápita. Pero tales cifras son un espejismo que nos impide aceptar que, en relación a sus necesidades, tenemos un gobierno que opera en la indigencia.

Y lo peor no es deber, sino cada día deber más. Con un presupuesto estatal recortado, con ingresos municipales comprometidos, el rezago no sólo no se está abatiendo sino que aumenta cada año. A ojos vistas, el entorno social de Quintana Roo está perdiendo calidad, y tarde o temprano terminará afectando nuestro negocio, o sea, el turismo.

Y colorín colorado, el paraíso se ha acabado.
Con un guión muy similar, somos testigos de que eso le pasó a Acapulco.
¿Por qué estamos tan seguros de que no nos está pasando a nosotros?

 

 
 


 

2005 Latitud 21. Derechos Reservados.