¿Qué se te antoja comer hoy, Sal?
-No sé, no tengo nada en mente. Acepto todo tipo de sugerencias, Pimienta. Finalmente estamos a la mitad de la semana y si en ésta no pude empezar la dieta pues mejor ya ni intentarlo, así que venga la alegría con todo y calorías…
-No te alarmes que no vamos a comer cualquier cosa, te sugiero vayamos al Festival del Mole que tiene cada año La Parrilla en su restaurante de avenida Yaxchilán. ¿Te parece?
-¿No me digas que ya empezó?
-Peor aún, si no nos apuramos nos quedamos con las ganas porque quedan pocos días.
-Tienes razón. Sólo dura dos semanas y se van como agua. Este año no vi que le dieran mucha promoción. ¿Dónde oíste que lo anunciaran?
-La verdad en ningún lado, Sal, ya sabes que siempre soy muy distraído, tal vez fue en la radio pero como siempre ando cambiándole no estoy seguro, pero puede ser que ahí. Y como luego veo los periódicos de rápido, casi no me detengo en los anuncios, pero es posible que en un parpadeo hubiera estado en alguna página y ni me fijé, pero ya sabes cómo es el subconsciente, en todo está…
-No lo pienses más. Hago un par de llamadas para cancelar un par de citas, porque lo más seguro es que después de comer todo lo que me imagino no me queden ganas más que de ir al cine y esperar que me hagan digestión cómodamente tantos condimentos convertidos en moles de todos colores y sabores.
-Pues qué te parece, Sal, ¿cuál se te antoja?
-No sé; déjame ponerle una cucharadita a mi plato y ya decido. A simple vista se ven todos deliciosos. No me presiones. Tenemos todo el tiempo del mundo así que mejor nos relajamos y lo disfrutamos…
-¿Ya leíste las etiquetas que están en las cucharas?
-Sí, claro. Se ve que estas cucharas han navegado ya varios años en estas cazuelas.
-Creo que ya son diez años, ¿u once?.
-Pues los felicito. Creo que pocos festivales han durado tanto tiempo en esta ciudad. No recuerdo uno que haya celebrado más de dos o tres ediciones y párale de contar…
-Tienes razón. ¿Ya viste? Tacos al pastor adobados con mole verde.
-Es una de las características de este festival, así como sus infaltables crepas de cajeta. Yo no las perdono, es más, sólo espero que se descuide la cocinera para ponerle todas las nueces que le quepan al plato.
-Y luego te andas quejando de las calorías… Te pasas.
-Y si tuviera pasas también se las ponía, me encantan.
-Sabes, Sal, una cosa que me encantan de los buffets es que te puedes servir la cantidad que gustes, así que a este mole poblano le voy a poner más arroz, y no sólo rojo, se me antoja ese verde que se ve muy esponjadito. Tiene muy buena cara.
-¿Te has fijado, Pimienta, que toda la gente está comiendo mole? Casi nadie pide hoy a la carta. ¡Qué bien!
-¿Y a ellos les habrán avisado que hay un festival? Por si no lo notaste, a nosotros ni nos dieron la bienvenida. Simplemente nos dejaron pasar amablemente como en casa, y si estamos comiendo mole es porque sabemos de la tradición. Creo que debieron abrirnos el apetito antojándonos un poquito, ¿no crees?
-Tienes razón, nadie nos dijo nada. Creo que dieron por hecho que veníamos derechito a las cazuelas de mole. Pero bueno, espero que tomen nota y a los demás clientes no los dejen ir sin antes probar esta verdadera delicia. Como el mole de guayaba y el de mango, algo dulces pero en verdad únicos. Qué sabores, ¿eh? ¡Qué sabores!
-Creo que lo mejor será tomarnos una cervecita para que no nos caigan de peso los molitos porque ya llevo cuatro, y cada uno con su pieza de pollo y carne de cerdo.
-Pues tampoco se trata de contarlos, sino de saborearlos. El chef Misael me recomendó el Negro y el Coloradito, dice que están de concurso, y mira que Misael ha llevado el sabor de La Parrilla a los paladares más exigentes de diversas partes del mundo, así que no me queda duda.
-Pues buen provecho Sal. Déjame sucumbir ante tus apetitosas sugerencias y que aparezca pronto una sal de uvas para que la santa digestión nos permita hacerle un huequito pronto a la cena.
-¿Cenar? ¿Pero quién quiere cenar después de comer moles?
-No me digas que no, porque te conozco. Es más, ya tengo el lugar en la punta de la lengua.
-Pues no me lo digas que ahora sólo tengo moles en el paladar, en la mente y en mi plato también.