ún tengo ese grato sabor de boca que me provocó nuestro nuevo descubrimiento playense, y mira que no soy materia fácil para dejarme influir por la sobriedad de un lugar a la hora de estar téte a téte con su propuesta gastronómica, pero confiésome que Negrosal me abrumó de principio a fin, mi querida Sal…
- Para serte honesta, Pimienta, no esperaba menos de tu apreciación, porque como tú encuentro en Negrosal el justo medio entre la sobriedad de su locación y la de su cocina, que no se conjunta fácilmente, al menos por esta zona, aunque… no me fascinaron ciertos atrevimientos en su servicio…
-Siempre buscando el pelo en la sopa, mi querida Sal…
-No, no es el caso Pimienta, recuerda lo histérico que te puso el contacto físico, muy familiar, una vez que el mesero tomó la orden del vino, que luego tú mismo disculpaste por su inexperiencia…
-Bueno, bueno, me tomó por sorpresa; lo siento, no pude evitarlo…
-¿No también respingaste cuando encontraste en su carta de vinos sólo un Rioja español, de mil 200 pesos?
-La elección de esa noche no estuvo del todo mal, Sal, un Malbec argentino, de Mendoza, Alamos, de respetable costo. Y aunque acepto que la carta te empuja más por los italianos, y de todas sus regiones, por añadidura con su cocina, no tiene nada que ver con el servicio.
-¿Y qué me dices cuando pedí mi ensalada de rucola, chaya, champiñones y parmesano? ¿Acaso no el mesero, tan seguro de sí, nos comentó que no había rucola, para minutos más tarde retractarse?
-Sal, Sal, no empieces con tu necedad. ¿No gracias a esto rompiste tus viejas costumbres para aventurarte a esa pera a la menta con mousse de queso de cabra que tanto te enloqueció? ¡Qué presentación! ¡Qué originalidad!
-¡Oh, cielos! Te ofrezco una disculpa, porque, es cierto, de lo que estábamos hablando es de esa extraordinaria composición de este feudo que ya adscribo entre mis favoritos…
-Benditas mujeres. No hay que entenderlas, ¡hay que amarlas! Pero a lo que a mí compete, sigo sin dar crédito a esa locura de gazpacho… Con los dedos de una sola mano –y me sobran- he encontrado sitios con tanta exactitud en la dosis de cada uno de sus ingredientes, tan difícil de lograr, y concordarás conmigo que ni el pimiento, ni el vinagre, ni el ajo, ni el aceite de oliva predominaron en solitario, se fusionaron para lograr el punto con una genuinidad pocas veces vista…
-¿Y qué me dices de su presentación? ¡Digna de agasajo! Y, ¿sabes? Ese equilibrio también lo encontré un su menú: entradas tan tradicionales como los carpaccios, las tartas, el salmón o las endivias; sopas, como tu gazpacho o el bisqué de langosta, las ensaladas, en muchas de las cuales incluyen ingredientes regionales como la chaya; las pastas….
-Momento, señora, momento, de las pastas soy yo la autoridad, y debo de reconocer que mis excentricidades me condujeron al camino del éxtasis… esa maltagliati al ragú de jabalí me supo sen-sa-cio-nal; por un momento la pensé de fortísimo sabor, pero no, ahí también consiguieron el equilibrio, porque no podrás negar que la carne de jabalí es de las más complejas de todas las llamadas carnes exóticas…
-Añadiría que todas las pastas son hechas en los fogones de Negrosal, lo que les dan cuerpo, sabor, consistencia… buen punto, Pimienta…
-Mmmm, tendríamos que regresar para probar sus cortes y sus pescados, pues la objetividad no la podríamos concebir con un pato en zarzamora, a medio cocer…
-Oyeme, Pimienta, ahora tú no me vengas con delicadezas. Si bien algunas sajas del corte no tenían el cocimiento de acuerdo a tu particular gusto, que no el mío, acreditó en su jugosidad, en sabor, en presentación y lo que es más, en su deliciosa y muy light salsa de zarzamora… Tanto equilibro, por Dios, es cosa de bendición a la buena mesa…
-Insisto, tendríamos que regresar, si no por la objetividad sí por esas fresas a la pimienta negra que “equilibraron” tu ácido cuando por equivocación sirvieron chinchón por sambucas…
- No fue equivocación, fue necedad de los meseros, porque a mí no me da igual como a ti, aunque reconozco la delicadeza del barman quien personalmente aceptó la confusión...
-Hey, hey… Insisto, ¡tenemos que regresar!
-Y ese es tu precio, a la quinta potencia, por sacarme tantos trapitos al sol… ¿Hoy? ¿Y el próximo fin? ¿Y en el cumpleaños de mi mamá? ¿Y en nuestro aniversario?