La zona conocida como "Ruinas del Rey" es uno de los vestigios arqueológicos de la cultura maya situados en plena isla Cancún.
La visión de José Rubial, accionista mayoritario, y algunos de quienes lo acompañan, como los hermanos Carlos y Miguel Rodríguez, Jorge Macari y Alex Krantzberg, entre otros, les llevó a constituir una empresa y adquirir un predio de seis mil metros cuadrados, contiguo al sitio maya, para instalar ahí una operación que ofertara un espectáculo cultural mediante un proyecto de entretenimiento.
La inversión total rebasa los seis millones de dólares, y la idea original es presentar una puesta en escena a través de un viaje al pasado de esta cultura milenaria, generando más de 120 empleos directos.
La labor inicial de investigación de mercado se ocupó de preguntar a los turistas algo así como si le interesaría asistir a un espectáculo ubicado a cinco minutos de su hotel, en vez de gastar un día entero de su excursión, para vivir una experiencia relacionada con la cultura maya. La respuesta fue afirmativa, como cualquiera puede suponer. El rigor puesto en el diseño de esta investigación es debatible, y para mí queda en tela de juicio. Tal vez la investigación no logró acercarse al fondo, y tras evaluar la "P" de marketing "Producto", se omitió profundizar en otra "P" que se llama "Plaza", que tiene que ver con la red que habría de distribuir dicho producto.
Adivinó usted, los Rep´s o las agencias (que no son lo mismo, pues aunque trabajen juntos en ocasiones tienen intereses separados) no quisieron, o no les interesó, o no entendieron, o no les llegaron al monto de comisión "requerido" para interesarlos en vender el producto.
En mi opinión, cualquiera que hoy atente a competir en contra del producto "cultural" más rentable para las agencias y por ello el más exitoso de toda la zona, el tour a Chichén-Itzá, tiene el partido perdido nada más de entrada.
Carecer del apoyo de las agencias no ha sido el único problema del espectáculo de "El Rey", pues por su parte el Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH), negó su permiso para "utilizar" la zona donde se sitúa el vestigio para la puesta en escena.
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Esta institución, siendo una de las más rigurosas y dogmáticas de México, ya ha mostrado su negativa a varios intentos, algunos de los cuales si bien optimistas y bien intencionados, han caído en ignorancia acerca del valor y el uso de valores arqueológicos.
Hablando de otros intentos de empresas promotoras de valores culturales vía entretenimiento, aún no olvido la pérdida de recursos que generaron México Mágico, propiedad de Carlos Millet, y el espectáculo del Teatro de Cancún, de Miguel Quintana. Ambos intentos llenos de buenas intenciones y dinero fresco, que quedaron como dos dolorosos goles en contra del marcador en el desarrollo de Cancún. El valor de todas estas inversiones tiene una enorme importancia, no sólo por la cuantía de los montos invertidos sino por la imperante necesidad de aumentar y enriquecer la oferta turística integral de nuestro destino.
El proyecto de "El Rey" hoy opera atendiendo, de manera esporádica, al segmento de grupos y convenciones, mientras avanza una renegociación de deuda con Bancomext, y los mismos accionistas buscan una puerta que conduzca a una operación rentable, en el mejor de los casos, o a una salida honrosa, en el peor de los escenarios. En cualquiera de los cuales les ofrezco mis mejores deseos.
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