A lo largo de toda nuestra historia, una cosa ha quedado muy clara para toda nuestra comunidad: cuando la corriente turística que nos visita sufre una reducción, todos sufrimos.
La primera experiencia fue el huracán Gilberto. Nos tomó largos y difíciles meses el trabajo de reconstrucción, para volver a gozar de la derrama económica de las corrientes turísticas.
En los pasados años 2001 y 2002, la recesión económica internacional y los actos terroristas de septiembre 11 nos asestaron un segundo golpe: pérdida de cientos de miles de visitantes y reducción drástica de la demanda económica que genera el gasto del turista.
Nuestros análisis demostraron que esta segunda crisis económica es un subproducto de la primera. La pérdida de las playas, que nos hicieron mundialmente famosos, nos ha llevado a perder competitividad como centro turístico y la recuperación económica actual no debe llevarnos a bajar la guardia
 Como primera prioridad tenemos que recuperar nuestras playas, para iniciar un proceso de blindaje que mantenga nuestra competitividad y garantice el éxito futuro de Cancún.
Por esto hemos diseñado, durante tres años, el Proyecto de Recuperación Playas, en todos sus aspectos: los asuntos legales, fiscales y financieros, los aspectos técnicos, oceanográficos y constructivos, y una atención especial a las cuestiones ambientales. En lo que se refiere a este último punto, para garantizar la conservación del arrecife, cancelamos las escolleras inicialmente proyectadas en Punta Nizuc y Punta Cancún. También se canceló del proyecto la línea sumergida de protectotubo, que pretendía evitar la dispersión de la arena.
En su lugar se incrementó la cantidad de arena en el relleno de playas, para que la propia acción del oleaje mueva la arena y la acarree hasta formar la berma natural que siempre ha existido en nuestras playas. |

Los dictámenes técnicos señalan que la arena que se vierta tiene que ser de la misma calidad, color y granulometría de la arena existente, para garantizar que el relleno permanezca.
La tarea de localizar bancos con ese tipo de arena fue larga y difícil, porque tenían que estar ubicados a una distancia considerable de los arrecifes y de las playas de Isla Mujeres y Punta Sam, para no afectarlas.
Al diseño de la nueva duna se agregó, por recomendación de expertos ecologistas, la necesidad de consolidarla con especies locales de vegetación tradicional y la necesidad de un vivero especial para ello.
Así, sucesivamente, se fue contemplando la solución a los problemas ambientales hasta llegar a un proyecto técnicamente factible, legalmente posible, financieramente viable y totalmente respetuoso del cuidado del medio ambiente.
Y no podría ser de otra manera, puesto que se trata, precisamente, de un proyecto de recuperación ambiental: la restitución de las playas erosionadas por el huracán.
Por ello, el Consejo Coordinador está otorgando un total apoyo al proyecto, considerando que ha sido estudiado, discutido y consensuado exhaustivamente. Y por ello también, a diferencia de los otros proyectos involucrados en la MIA , solicitamos a la Semarnat evaluarlo individualmente y en forma prioritaria, para acelerar su puesta en marcha.
 No podemos seguir demorando una necesidad de toda la población de Cancún. |