Año 1 Número 4 Julio 2003
El arquitecto Rodolfo Páez, con 29 años de residencia en el Caribe mexicano, suma a su currícula los hoteles Aquamarina Beach y Tucancún, los estadios Beto Avila,
Venancio Pec, Cancún 86, y la urbanización de la SM 3 y 22

Para el arquitecto Rodolfo Páez la clave del éxito en los negocios radica en tres aspectos: dedicarle mucho tiempo, mantenerlo todo en orden y tener conocimiento de las finanzas, así es como sugiere este regiomontano nacido hace 61 años.
Rodolfo Antonio Páez Villaseñor llegó a esta ciudad en 1974, enviado por la constructora Protexa para desarrollar urbanísticamente las supermanzanas 3 y 22, además de los servicios de agua y drenaje de la Zona Hotelera. El plan -lo recuerda muy bien- era quedarse sólo 15 días para checar la construcción, pero, maravillado por las bellezas de este lugar, decidió quedarse aquí y traer a su familia
Empero la situación para Protexa en Cancún no pintó bien, por lo que en un solo año lo enviaron a Perú, Colombia y Ecuador. Su familia tuvo que regresar a Monterrey, por lo que la lejanía de su familia lo hizo tomar una decisión: renunciar y regresar.
Ya de regreso, Páez se asoció con el ingeniero Rafael Lara Lara y fundaron la compañía Lara y Asociados, misma que realizó construcciones importantes como el Palacio Municipal de Isla Mujeres, el Rastro de Cancún, los estadios Venancio Pec y Cancún 86, la Casa de la Cultura, la Central de Abastos, los hoteles Tucancún y Aquamarina, entre otros.
Esta sociedad con el ingeniero Rafael Lara ha sido una combinación afortunada, y Páez deja ver que la complementación de estilos, de carácter e incluso de ver la vida ha sido un acierto total para el éxito de la empresa (actualmente Constructora Integral Especializada).
“Rafael es el tipo simpático que le cae bien a todo el mundo, yo soy más estricto. El es quien logra las relaciones y los contratos y lo mío es más operativo, pero, insisto, esta mezcla es lo que le ha dado forma”.
- ¿Qué hacer cuando hay época de crisis?
“Bueno, ahora mismo es una temporada bastante baja en el área de la construcción, además en la actualidad hay más de 300 arquitectos en Cancún, y las compañías grandes ya traen sus proyectos; esto complica el panorama, pero nosotros hemos vuelto a hacer lo que hicimos en un principio: compramos terrenos, construimos unidades, constituimos sociedades y creamos inmobiliarias, es decir, ya estamos construyendo para vender.
“Ahora bien, la cuestión es ¿qué hacer para que no fracases como empresario? Yo lo que hago es tener diferentes negocios de manera independiente, para que si no te va bien en uno esto no le afecte a los otros”.
- Por ahí se menciona con insistencia que un buen empresario suele ser un muy mal padre, ¿esto le ocurrió a usted?
“No, claro que no…

“Yo le he dedicado mucho tiempo a los negocios y mucho tiempo a mis hijos, lo que he sacrificado ha sido la diversión, porque, por ejemplo, voy al cine cada tres meses.
- ¿Cuáles han sido las obras que más le han gustado?
“El hotel Aguamarina, porque lo hicimos sin dinero (risas).
- ¿Y cómo le hizo?
“Ahí está el secreto”, sonríe.
“Pero también me gusta el estadio de beisbol Beto Avila, que hicimos en 58 días; el Gimnasio Cuxín Baxal, que ya teniendo la estructura del edificio tuvimos que rediseñar y con mucho menos presupuesto…”.
- ¿Hay alguna obra pendiente que le gustaría hacer?
“Sí, la Catedral de Cancún. Hace años me di cuenta que ya había construido todo: hoteles, estadios, condominios… todo o casi todo, porque me faltaba construir una catedral y siendo católico pues, es un reto”.
Y tal parece que todas las condiciones estaban dadas, pues uno de sus hijos, Guillermo, presentó su tesis profesional para obtener el título de arquitecto precisamente con el tema de una catedral.
“Un día me comentó el ingeniero Lara que el arzobispo quería una catedral, aquella que se iba a construir en los terrenos de la Expo pero que Magaly Achach mandó al Ombligo Verde. Yo tenía la idea y el arzobispo necesitaba el proyecto para que Fonatur le diera el terreno, así que trabajamos con muy poco tiempo. Finalmente, en este tiempo, se le han hecho modificaciones muy favorables al proyecto original.
El arquitecto Rodolfo Páez está casado con la señora Mireya González Salinas, con quien tiene cinco hijos: Rodolfo, Mireya, Ileana, Guillermo y Miriam. (Francisco Verdayes).

 
 

2003 Latitud 21. Derechos Reservados.