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| Año 1 Número 4 Julio 2003 |
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En
la guerra contra el hambre, el comercio es ciertamente
la principal arma que tienen las fuerzas mundiales.
Encontrar posiciones comunes entre países con características
e intereses tan variados, es un objetivo ambicioso |
La concesión de pesados subsidios
a los productores en los países ricos actúa
como una bomba en el único sector competitivo de
los países pobres. A diferencia de la realidad en
países desarrollados, la apertura comercial es una
cuestión de vida o muerte en muchos sectores de la
economía de países emergentes
En las relaciones internacionales, muchos
eventos tienen consecuencias que trascienden sus aspectos
inmediatos. El reciente conflicto en Irak es un buen ejemplo
de este fenómeno. Después que la iniciativa
anglosajona atropelló la posición de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU), se ha iniciado un serio debate
en el mundo acerca del futuro de las relaciones multilaterales.
Tal vez haya sido una coincidencia, pero después
de la guerra 12 líderes de países en desarrollo
fueron invitados a la cumbre del G8 en Francia. En esta
reunión los invitados de fuera del grupo de élite
aprovecharon para expresar su preocupación con el
comercio mundial.
Para países como México y Brasil, la discusión
sobre el proceso de liberalización está entre
las prioridades estratégicas de sus gobiernos. A
diferencia de la realidad en países desarrollados,
la apertura comercial es una cuestión de vida o muerte
en muchos sectores de la economía de países
emergentes. Antes de la cumbre, en Evian, el presidente
brasileño ya había llamado la atención
del mundo sobre esta realidad durante el Foro Económico
Mundial. En aquel encuentro, realizado en medio del furor
del debate sobre el conflicto en Irak, Lula convocó
a la comunidad internacional a lanzar una guerra mucho más
importante: contra el hambre.
En esta guerra el comercio es ciertamente
la principal arma que tienen las fuerzas mundiales. Conscientes
de esta responsabilidad, los 145 miembros de la Organización
Mundial del Comercio (OMC) decidieron en noviembre de 2001
empezar una nueva ronda de negociaciones, con 2005 como
fecha límite para firmar un nuevo acuerdo. Las experiencias
anteriores han demostrado que encontrar posiciones comunes
entre países con características e intereses
tan variados, es un objetivo ambicioso y a veces con resultados
impredecibles.
La preocupación de la OMC con el lento progreso que
están presentando las negociaciones fue evidenciada
recientemente por las palabras de desaliento de su director
general. Debido a las desavenencias entre algunos de los
principales miembros, el tailandés Supachai Panitchpakdi
subrayó que las trabas que se han presentado en diversos
sectores pueden acabar paralizando el proceso. Panitchpakdi
es el primer director general que viene de un país
subdesarrollado, y conoce bien los efectos de las políticas
proteccionistas de países ricos.
La reducción de inversiones en países con
economías inestables hace que dependan demasiado
de sus exportaciones para mantenerse con el cuello arriba
del nivel del agua. Aunado a la fuga de ingresos, el escenario
en muchos de estos países incluye también
una colosal deuda externa. La conjunción de los dos
factores hace que la cuestión no sea de progresar
comercialmente, sino de sobrevivir como economía.
Para que los países pobres puedan respirar más
aliviados ante esta situación de inestabilidad, es
fundamental que las negociaciones en el sector agrícola
demuestren alguna señal de avance. Sin capacidad
de competir de forma significativa en cualquier otra área
del comercio mundial, estos países de una manera
general apuestan todas sus fichas en obtener mejores condiciones
para vender sus productos primarios. En un contexto económico
en que todos los expertos hablan al unísono al defender
políticas liberales, la apertura a productos agrícolas
foráneos en mercados ricos debería ser algo
natural.
No hay siquiera una explicación factible para el
hecho de que el mundo desarrollado no concentre sus esfuerzos
en la producción de bienes más elaborados,
cuyos altos lucros les ofrecen más ventajas. Sin
embargo, la renuencia de Estados Unidos, la Unión
Europea y Japón a abandonar políticas proteccionistas
liquida la esperanza de los países pobres de desarrollarse.
Hace más de dos siglos, el
economista considerado el padre de la doctrina liberalista
ya preveía que su teoría sería susceptible
a este tipo de distorsión.
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Adam Smith preconizó que su planteamiento
era perfecto, pero que podría no funcionar debido
a la ambición de los más fuertes. Ciertamente,
si estuviera vivo, Smith vería con tristeza el hecho
de que un conjunto de islas superpobladas como Japón
insiste en producir arroz, en vez de comprarlo de países
que dependen de la exportación de este producto.
Claro que para que esto ocurra, los productores japoneses
cuentan con un arancel de más del 400% a las importaciones
del cereal. El economista se impresionaría también
con el hecho de que los europeos pagan 700 dólares
por una tonelada de azúcar, mientras podrían
comprarlo a Brasil por 250 dólares.
La
renuencia de EU, la UE y Japón a abandonar
políticas proteccionistas liquida la esperanza
de los países pobres de desarrollarse, por
lo que la OMC decidió en noviembre del 2001
empezar una nueva ronda de negociaciones, con 2005
como fecha límite, con miras a acabar con las
barreras al comercio agrícola
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Obviamente, la concesión de pesados
subsidios a los productores en países ricos actúa
como una bomba en el únicosector competitivo de países
pobres. Sin embargo, éste no es el único aspecto
lamentable de esta incoherencia en las políticas
comerciales de las economías más avanzadas.
Un efecto colateral de esta distorsión es que los
propios consumidores en estos países son privados
de comprar productos agrícolas al precio internacional.
Un país con serios problemas de obesidad como Estados
Unidos indudablemente ganaría en ofrecer una alternativa
barata a las populares hamburguesas y papas fritas. No hay
campaña que pueda ser efectiva en cambiar los hábitos
alimentarios de los estadounidenses si una hamburguesa cuesta
mucho menos que una pieza de lechuga.
A pesar de las ventajas que países pobres y ricos
claramente tienen en lograr un acuerdo para acabar con las
barreras al comercio agrícola, este sector puede
convertirse en el principal impedimento al éxito
de la presente ronda de la OMC. Uno de los motivos para
este pronóstico sombrío es que el éxito
en las negociaciones agrícolas pasa necesariamente
por una concertación entre Estados Unidos y la Unión
Europea. El secretario de Comercio estadounidense, Robert
Zoellick, ha reiterado que su país está dispuesto
a reducir los subsidios agrícolas, con tal de que
Europa haga lo mismo. A su turno, la Unión Europea
tiene problemas en librarse de su dañina Política
Agrícola Común (PAC). De por sí, encontrar
un denominador común entre las posiciones de estadounidenses
y europeos ya sería un gran desafío. Después
de la notable hendidura en las relaciones diplomáticas
entre las dos partes por la guerra, esta posibilidad es
casi inexistente.
Si
el escenario de fracaso que se pronostica para el
sector agrícola se concreta, la tendencia es
que la OMC sufra de un efecto dominó, con consecuencias
en todas las otras áreas. Después de
la ONU, el mundo no puede darse el lujo de debilitar
más un mecanismo de discusiones multilaterales
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Si el escenario de fracaso que se pronostica
para el sector agrícola se concreta, la tendencia
es que la organización sufra de un efecto dominó,
con consecuencias en todas las otras áreas. Las autoridades
brasileñas, que representan los países subdesarrollados,
ya han garantizado que si no hay avances significativos
en agricultura, no firmarán un acuerdo final. Las
negociaciones presuponen un intercambio de concesiones,
y como no hay otras áreas que puedan interesar a
los latinoamericanos, es probable que la posición
brasileña se extienda también al resto de
la región. Los negociadores tienen poco tiempo para
revertir esta tendencia. Después de la ONU, el mundo
no puede darse el lujo de debilitar más un mecanismo
de discusiones multilaterales.
*Cleiton Schenkel es periodista brasileño
con una maestría en relaciones internacionales de
la Universidad Alliant, de San Diego, y actualmente es maestro
de postgrado en Cetys Universidad, en Tijuana, BC.
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Todavía
hace seis años el Presidente palomeaba los nombres
de
quienes su partido postularía para gobernadores y legisladores;
hoy,
aún con el cambio de gobierno, los partidos vuelven
a desdibujar la
importancia del Poder Legislativo empecinados en redibujar
la
borrosa imagen presidencialista
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En México, durante los 70 años
previos al gobierno de Vicente Fox, cuando el Partido Revolucionario
Institucional (PRI) detentó el poder, éste
recaía, todo, en el presidente de turno.
El Presidencialismo regía la vida del país.
Hoy algunos politólogos, pesarosos, esgrimen que
a los mexicanos les interesa más el primer mandatario
que todos los legisladores juntos, y que el próximo
6 de julio —cuando se renueva la Cámara de
Diputados— los partidos nominaron “cuadrillas
de avanzada” para la siguiente batalla... presidencial.
¿Nostalgia de la figura que, paradójicamente,
no llena Fox? Paradójico porque el presidencialismo
era criticado en todos los tonos, era abominado y de entrada
en su Administración Fox lo declaró inexistente…
pero la inercia de la figura la mantiene vigente en la esfera
política.
Todo mundo está en campaña tres años
antes (bueno, hasta los que no tienen partido, como el ex
canciller Jorge G. Castañeda, en gira constante),
no importa que la elección en puerta es la intermedia
de diputados (y de algunos gobernadores), los tres grandes
partidos, que viven fuertes pugnas internas, las han convertido
en estrepitosos reacomodos con los que buscan llegar al
2006.
Algunos
politólogos señalan que los partidos
en este proceso electoral no buscan
incrementar sus posiciones en la Cámara de
Diputados, sino aprovechar la coyuntura hacia la elección
presidencial de 2006
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Hace seis años todavía el
Presidente priísta palomeaba (o borraba) los nombres
de quienes el partido postularía para gobernadores
y legisladores, hoy los partidos vuelven a desdibujar la
importancia del Poder Legislativo empecinados en redibujar
la borrosa imagen presidencialista. El 6 de julio de 2003
es un escalón para el 2 de julio de 2006.
En el Partido Acción Nacional (PAN), antes que mostrar
su estrategia por alcanzar la mayoría parlamentaria,
su dirigente Luis Felipe Bravo Mena hace varias semanas
anunció sus presidenciables: Francisco Barrio, Felipe
Calderón, Santiago Creel, Carlos Medina y Josefina
Vázquez Mota. Ostensiblemente dejó fuera a
Marta Sahagún y a Diego Fernández de Cevallos.
En el Partido de la Revolución Democrática
(PRD), recién sucedió otro tanto. Ya Rosario
Robles, su dirigente nacional, se plegó al Factor
AMLO y puso distancia de Cuauhtémoc Cárdenas
al hablar de “sus” presidenciables listando
al popular Andrés Manuel López Obrador (aunque
éste pida que lo den “por muerto”), así
como al gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas,
y también al gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal,
como para remachar la omisión del —¿ex?—
líder moral del perredismo.
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Y en la jungla del acéfalo
PRI resurgen canibalismos políticos y reina la ley
de la selva. Roberto Madrazo arregló la lista de
candidatos a diputados de tal manera que dejó claro
que confecciona su propio lanzamiento por la silla del águila.
De allí que su acérrimo rival, Francisco Labastida
(quien salió raspado por el escándalo de corrupción
de Pemex en favor de su pasada campaña presidencial)
destapa a sus incondicionales a diestra y siniestra sin
importar los tiempos políticos en un afán
de contrarrestar el avance madracista.
Pero Madrazo, desde las profundidades selváticas
del partido, sigue quemando a Labastida y su grupo por corruptos,
sacándolos de la jugada de 2006. Y lo está
logrando en la medida en que los priístas y sus simpatizantes
le compran la idea de que la derrota de 2000 se debió
a Labastida y sus cercanos, y no fue cosa del dinosáurico
partido que, presumen, sigue vivito y coleando. Ya hasta
algunos “bebesaurios” rompieron el cascarón
en las tales listas de Madrazo.
El mismísimo vástago del dirigente nacional,
Federico Madrazo Rojas, o el de José Murat, gobernador
de Oaxaca, de nombre Alejandro Murat Hinojosa, se cuentan
en el experimento del renovado parque jurásico de
la política priísta.
Y es que Fox —el Presidente de la alternancia—
no ha sabido cómo equilibrar la figura presidencialista
con el Poder Legislativo: “El Presidente propone y
el Congreso dispone”, llegó a presumir... pero
pronto se dio cuenta que la disposición del Congreso
ha sido indisposición a su “cambio”,
lo que ha mermado su imagen y debilitado al PAN, partido
que tampoco puede contener el contrapeso que le hace al
Presidente su propia esposa, Marta Sahagún. Incluso
hay quienes ven en esa escena un “presidencialismo
compartido”:
“Día tras día, la pareja presidencial
se empeña en poner en práctica ese nuevo presidencialismo.
Aquel donde la política seria se deteriora. […]
Aquel donde el protagonismo de la esposa del mandatario
atropella no sólo la agenda presidencial, sino también
la nacional”, René Delgado (Reforma, “El
primer caballero”, mayo 24).
Pero acabemos. Los partidos en esta campaña no buscan,
pues, incrementar sus posiciones en la Cámara de
Diputados sino aprovechar la coyuntura electoral hacia la
elección presidencial de 2006…
Tras todo lo cual se desprende que en México, la
política sigue siendo presidencialista.
*Raúl Caballero es subdirector del
periódico 'La Estrella', de la cadena Knight Ridder,
que se publica en Fort Worth, Texas.
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La Ley Federal de Acceso a la Información
Pública permitirá a cualquier ciudadano obtener
casi cualquier informe de una institución federal.
Sin embargo, los gobiernos, como los individuos, necesitan
de
un espacio privado, escondido de la luz pública,
para guardar información y tomar decisiones
Con bombos y platillos entró en vigor
en México la Ley Federal de Transparencia y Acceso
a la Información Pública Gubernamental, que
permitirá que cualquier ciudadano tenga el derecho
de obtener casi cualquier información de una dependencia
o institución pública federal. La idea es
que los funcionarios deben asumir que toda información
o documento que escriban o compilen es un documento al que
tendrá acceso el público.
Por un lado, el hecho de que exista esta ley abre el cauce
para que ciudadanos y medios de comunicación puedan
legalmente obtener la información que tradicionalmente
esconden las instituciones. Pero el factor que permitirá
la transparencia que busca esta norma es el hecho de que
todo funcionario tendrá ahora que asumir que quien
lo reemplace, y más si es de otro partido político,
pueda hacer públicas todas las actividades de su
antecesor, especialmente aquellas actividades que involucren
posibles ilícitos.
Pero son las excepciones las que suscitarán el debate
y en donde se tratará de cobijar y esconder cualquier
información que incomode al gobierno si se hace pública.
Entre las cláusulas que más controversia suscitan
ya, está la de que cualquier información que
comprometa la seguridad nacional no será pública.
Ante el hecho de que no tenemos una buena definición
de lo que es la seguridad nacional, esta cláusula
le da a los funcionarios discrecionalidad en la aplicación
de la ley y posibles excusas para no responder a la petición
ciudadana.
No obstante, es importante reconocer que los gobiernos,
como los individuos, necesitan de un espacio privado, una
“caja negra”, escondida de la luz pública,
para guardar información, analizarla y tomar decisiones.
La caja negra es un espacio obligado donde el Estado analiza
los peligros que acechan a la nación, las debilidades
ante las amenazas y las fortalezas que deberá utilizar
para tomar la posición más favorable.
La “caja negra” del poder está ahí,
pero el uso que se le da la pone al servicio de los ciudadanos
-aunque éstos no la conozcan por dentro- o la convierte
en una fortaleza donde se ocultan sus errores y delitos.
Mientras más alejada esté la agenda de seguridad
nacional de las percepciones del ciudadano de lo que siente
como una amenaza a la seguridad del
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país, más difícil se
vuelve para el gobierno justificar no solamente sus acciones,
sino mantener los secretos en la “caja negra”.
Cuando hay una adecuada difusión
de la agenda de seguridad y de los objetivos gubernamentales
en este sentido, apoyada con acciones que permitan suponer
que se tiene la voluntad de alcanzar esas metas, quien toma
las decisiones sobre la protección de un conjunto
de personas y sus bienes tendrá el respaldo de los
sujetos a proteger y habrá un consenso de que se
avanza por la ruta correcta. La percepción del concepto
de seguridad va emparejada con la forma en que el gobierno
maneja ésta, y de ello depende la aceptación,
el rechazo o la indiferencia de la población ante
temas como terrorismo, subversión, inseguridad, crimen
organizado, deforestación o un ataque del extranjero.
En otras palabras: es necesario convencer precisamente a
la ciudadanía de que hay acciones necesarias para
proteger sus intereses. Por esto es importante mantener
cierta información en la “caja negra”,
por lo menos por los 12 años que permite la nueva
legislación.
Los medios de comunicación jugarán un papel
primordial en esta relación entre poder y gobernados
para, incluso, ayudar a definir qué es la seguridad
nacional, ya que son los medios los que ayudan a moldear
lo que son las percepciones de las amenazas a un país.
Por lo mismo serán ellos los que presionarán
para que el lugar donde se guardan los secretos del Estado
sea mucho más pequeño de lo que es hoy. Habrá
muchas preguntas qué responder en los siguientes
meses y años, les dejo las siguientes a considerar:
¿Cómo difiere la definición de seguridad
nacional entre los medios de comunicación y el Estado?
¿A qué información debe tener acceso
la prensa y cuál debe reservarse por razones de seguridad
nacional? ¿Hasta dónde llega el derecho de
confidencialidad del Estado? ¿Existe una política
clara que establezca cuál información afectaría
a la seguridad nacional? ¿Debe penalizarse a la prensa
por filtrar este tipo de información? ¿A quién
le correspondería decidir en tales casos? ¿Imponen
los medios una agenda en temas de seguridad nacional? ¿Cómo
conciliar la paradoja de las necesidades del Estado de proteger
cierta información y al mismo tiempo dar transparencia
a sus acciones?
*Ana María Salazar trabajó
en la Casa Blanca, fue subsecretaria del Pentágono
y laboró en el Departamento de Estado. Es columnista
del periódico 'Reforma' en México y funge
como académica del ITAM.
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