Año 1 Número 4 Julio 2003

En charla con Latitud 21, el ex canciller critica
la inseguridad jurídica y la aplicación
caprichosa de la ley por parte del gobierno,
y sostiene que eso ahuyenta la inversión extranjera.
A continuación, algunos extractos de la plática.

 “La inversión extranjera es uno de los pilares de la economía mexicana. Pero, por más esfuerzos que hace el país, el monto anual no pasa de 12 mil, tal vez 13 mil millones de dólares, una cifra muy reducida si la comparamos con los 180 mil millones de dólares que suman las exportaciones. ¿Por qué economías de tamaño equivalente, como Brasil, están recibiendo casi tres veces más inversión que México? ¿Por qué la economía chilena es, en este terreno, mucho más eficaz que la mexicana? Hay varias razones pero, a mi juicio, un factor de mucho peso es la seguridad jurídica. O sea, la inseguridad jurídica, la falta de mecanismos claros y precisos que protejan la propiedad privada. En ese sentido, un país sin leyes es un país sin futuro”.

“Por el régimen autoritario que tuvimos anteriormente, vivíamos en un estado de orden, pero no en un estado de Derecho. Sustituir uno por otro enfrenta graves problemas. Es un esfuerzo que se tiene que hacer, que toda la sociedad y el Estado tienen que hacer. La seguridad pública la tiene que proveer el Estado y la seguridad jurídica, al final del día, la tiene también que proveer el Estado. La seguridad pública para las personas, es decir, contra la impunidad, contra el abuso de la autoridad, contra la violencia, contra la delincuencia. Y la seguridad jurídica para los bienes, que implica el respeto a los derechos de propiedad, la claridad en los derechos de propiedad, la seguridad para los bienes de la gente, pero también la seguridad para los bienes del Estado y para los bienes en los negocios, y, por último, la seguridad jurídica en las transacciones”.

“En los viajes que hice con el Presidente Fox, en los encuentros empresariales, pude comprobar que hay un ambiente de desconfianza hacia México, sobre todo en sectores empresariales medianos y pequeños. No estoy hablando de las grandes empresas, las multinacionales, que llevan muchísimos años en nuestro país y están consolidadas.
Esas no tienen problema, y si lo tienen lo resuelven levantando el teléfono y llamando al Presidente, o a un secretario de Estado. Y como hay que tenerlas contentas, sus problemas se resuelven. Es lo mismo que el señor Carlos Slim: si tiene problemas jurídicos, hallará sin duda la forma de destrabarlos. Pero no es el caso de las empresas medianas y pequeñas, a las que el Secretario no les va a tomar la llamada, ni el subsecretario, ni el director, y la van a mandar con el secretario del secretario, que no le va a resolver nada. Eso no puede existir en un país moderno. Tenemos que tener reglas claras y precisas, y las empresas tienen que estar seguras que, si cumplen las normas, nadie va a molestarlas”.

 

Para las empresas pequeñas no hay bases, no hay reglas claras del juego, para estimularlas a venir sin pérdidas económicas
y ni de tiempo.

“Las empresas quieren reglas claras, no quieren favores. Quieren que no les pongamos trámites adicionales sobre la marcha, ni les carguemos nuevos impuestos, ni le salgamos con que fíjate que se me había olvidado decirte, pero te faltó este requisito y este papelito. Eso es moneda corriente y no se vale.
En México las empresas están obligadas a demasiados trámites sólo para operar, eso ya es malo. Pero lo peor es que el gobierno salga de repente con nuevas exigencias o nuevas cargas”.

“El Estado está obligado a entregarle a los ciudadanos una serie de documentos, de permisos, de posibilidadesde hacer cosas, para los cuales lógicamente hay requisitos. Yo no soy un creyente ciego en la desregulación, no. Creo que las sociedades modernas necesitan reglas del juego, y las reglas implican regulación, de la misma manera que para manejar un coche se necesita una licencia. En teoría , pues, para poner una empresa, poner un negocio, para lo que sea, se necesita cumplir con ciertas reglas. Eso está bien, lo que no está bien es que cambien impunemente las reglas, o que cualquiera decide discrecionalmente incluir un trámite adicional, un requisito adicional cuando no lo había. Eso es lo que llamo inseguridad jurídica para las transacciones y, en particular, las relaciones entre ciudadanos y el Estado, y este es el abuso de autoridad típico del estado.”

“En este momento, creo que los dos grandes retos que enfrenta México son la seguridad jurídica y la revolución educativa. También hay que reinventar el Estado, a través de reformas institucionales. Reinventar el sistema político mediante la reelección de diputados y senadores, el referéndum, la creación al lado del presidente de una figura, o bien de vicepresidente, o bien de jefe gobierno, o primer ministro, o bien de jefe de gabinete, que le descargue de muchas de las funciones que tiene actualmente el presidente. Además, la vinculación de la mayoría presidencial con la mayoría legislativa, para que el próximo presidente de México pueda implementar, pueda poner en práctica, el programa con el cual fue electo. Y, al final, la segunda vuelta presidencial en la elección presidencial, para evitar que el próximo presidente sea electo con 25 y 30% del voto.”

“No estoy en campaña para ser Presidente. No estoy contendiendo por ningún cargo de elección popular. Estoy en una campaña por el cambio, en una campaña de ideas, promoviendo el cambio y promoviendo estas ideas, y ya veremos si éstas más adelante pueden transformarse en una plataforma electoral y, si fuera el caso, ya veremos si algún partido con registro quiere, de alguna manera, hacer suyas estas ideas, esta plataforma electoral, y si quiere lanzar una candidatura que abanderara esa plataforma, la mía, o la de alguien más. Pero no es el momento de hacerlo, eso vendrá más adelante. (Mariana Orea).

 
 

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