Año 1 Número 4 Julio 2003
 
En Vías de
          extinción

El avance de teléfonos celulares ha propiciado la caída drástica de los radiolocalizadores, pues desde la implementación de “el que llama paga”, la mayoría de los usuarios de celular lo utilizan sólo como receptor

La tecnología es capaz de varios éxitos. La lista de éstos es larga y ampliamente conocida. Pero también su carrera irrefrenable esconde otras historias menos afortunadas.
Una de ellas puede ser la de los radiolocalizadores, que han visto achicar de manera considerable su negocio ante el avance impetuoso de los teléfonos celulares, y que ahora deben buscar, para sobrevivir, nuevos nichos de mercado que captar.
Cancún es un ejemplo muy claro de este fenómeno. Desde el año 2000 a esta parte el mercado de radiolocalizadores se achicó tres veces, y su uso fue reemplazado por los teléfonos celulares.
Esta historia tiene su inicio en mayo de 1999, cuando se aprobó la ley “el que llama paga” en el servicio telefónico, y luego se introdujeron los mensajes de texto en los teléfonos.
Para tener una idea de la magnitud del cambio, desde 1999 a junio de 2002 la industria de radiolocalizadores cayó de 805 mil a 320 mil abonados en todo el país. Sólo entre 1999 y 2000 la compañía Radar, de Cancún, tuvo cuatro mil 950 altas contra cinco mil 816 bajas de abonados.
A la larga, el dato es más devastador. De los alrededor de siete mil usuarios que tenía en 1999, Radar sólo cuenta con dos mil en el presente. De los más de 20 empleados que tomaban los mensajes, hoy apenas se mantiene con cinco.

Lo que sucede es que desde que llegó “el que llama paga” una gran cantidad de personas prefieren el

teléfono celular porque pueden usarlo sólo como receptor, y además enviar mensajes alfanuméricos con un costo inferior a un peso.

Se calcula que alrededor de un 35 por ciento del total de usuarios de celular lo utilizan sólo como receptor. Y ese es un número importante. La empresa Teléfonos de México y el Instituto Nacional de Estadísticas, Geografía e Informática manejan un dato sorprendente. Hoy en el país existen alrededor de 14 millones de líneas telefónicas alámbricas, y alrededor de 25 millones inalámbricas. En 2000, los inalámbricos eran 14 millones.
Muchas de esas personas son el viejo mercado de los radiolocalizadores, cuyas empresas hoy comienzan a pensar en otras formas de captar clientes para poder sobrevivir, en un principio, y además para volver a ser un negocio rentable.
Cristian Siqueiros, de Radar, dice que luego de descartar la posibilidad de volver a crecer por medio del sistema de radio de dos vías, porque se hacía muy costoso, se han dedicado a diversificar el mercado de sus posibles compradores y a ampliar la oferta para sus clientes. Con la estructura de trabajo que ellos ya poseen, pretenden vender servicios a empresas o personas que necesiten, por ejemplo, telefonistas. Cristian Siqueiros explica que ellos pueden tener una conexión al número de la empresa o persona, recibir sus llamadas y tomar sus mensajes.
Al convenir ese servicio, la empresa se puede ahorrar los costos de contratar a un empleado, con todo lo que eso conlleva, y para Radar significaría una forma de diversificar su oferta y mantenerse a flote.

Otro servicio que podrían prestar es el de sondeos telefónicos. Utilizando la estructura que ya tienen, pueden contratar con medios de información, empresas o incluso partidos políticos para realizar encuestas telefónicas sobre temas diversos.

Pero lo que sucede es que existe una resistencia natural en el mercado para aceptar propuestas

nuevas, y eso hace más difícil que logre agrandar la cantidad de clientes a captar. Por eso, las empresas de radiolocalizadores han decidido mantenerse en sectores específicos del mercado, a los cuales aún les es imprescindible tener un radiolocalizador.

Por ejemplo, uno de los sectores que no dejan de estar abonados a estos aparatos son los médicos, quienes lo necesitan para ser localizables en todo momento, y que deben sortear los momentos en que los teléfonos celulares pierden conexiones o deben ser recargados.
Una situación similar a éstos la tienen en la Cruz Roja, donde es imprescindible contar con algún sistema de comunicación que no pueda sufrir ningún contratiempo y esté siempre disponible las 24 horas del día.
También existe un mercado estable, pero posiblemente creciente, de los vendedores de tiempos compartidos, quienes necesitan este sistema para el envío de mensajes grupales que se hacen muy costosos por celular, y que por medio de un radiolocalizador pueden enviarse de manera rápida, oportuna y económica.
Una situación similar viven los agentes de bienes raíces, los técnicos de elevadores o los asistentes personales de algunos empresarios, quienes conforman aún mercados de posible crecimiento.
Y entre estos últimos existe uno en particular que es el de los sindicatos o gobiernos, que muchas veces prefieren este sistema ante la cantidad de personas que deben cubrir con el servicio.
La diversificación de la oferta y de los mercados a captar es entonces la llave del futuro para estas empresas. Por ello, las empresas de radiolocalizadores se enfrentan a un problema de no fácil solución: diversificarse o morir. (Hugo Martoccia).

 

 

 
 

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