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El avance de teléfonos
celulares ha propiciado la caída drástica de
los radiolocalizadores, pues desde la implementación
de “el que llama paga”, la mayoría de los
usuarios de celular lo utilizan sólo como receptor
La tecnología es capaz
de varios éxitos. La lista de éstos es larga
y ampliamente conocida. Pero también su carrera irrefrenable
esconde otras historias menos afortunadas.
Una de ellas puede ser la de los radiolocalizadores, que han
visto achicar de manera considerable su negocio ante el avance
impetuoso de los teléfonos celulares, y que ahora deben
buscar, para sobrevivir, nuevos nichos de mercado que captar.
Cancún es un ejemplo muy claro de este fenómeno.
Desde el año 2000 a esta parte el mercado de radiolocalizadores
se achicó tres veces, y su uso fue reemplazado por
los teléfonos celulares.
Esta historia tiene su inicio en mayo de 1999, cuando se aprobó
la ley “el que llama paga” en el servicio telefónico,
y luego se introdujeron los mensajes de texto en los teléfonos.
Para tener una idea de la magnitud del cambio, desde 1999
a junio de 2002 la industria de radiolocalizadores cayó
de 805 mil a 320 mil abonados en todo el país. Sólo
entre 1999 y 2000 la compañía Radar, de Cancún,
tuvo cuatro mil 950 altas contra cinco mil 816 bajas de abonados.
A la larga, el dato es más devastador. De los alrededor
de siete mil usuarios que tenía en 1999, Radar sólo
cuenta con dos mil en el presente. De los más de 20
empleados que tomaban los mensajes, hoy apenas se mantiene
con cinco.
Lo que sucede es que desde
que llegó “el que llama paga” una gran
cantidad de personas prefieren el
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teléfono celular
porque pueden usarlo sólo como receptor, y además
enviar mensajes alfanuméricos con un costo inferior
a un peso.
Se calcula que alrededor de un 35 por ciento del total de
usuarios de celular lo utilizan sólo como receptor.
Y ese es un número importante. La empresa Teléfonos
de México y el Instituto Nacional de Estadísticas,
Geografía e Informática manejan un dato sorprendente.
Hoy en el país existen alrededor de 14 millones de
líneas telefónicas alámbricas, y alrededor
de 25 millones inalámbricas. En 2000, los inalámbricos
eran 14 millones.
Muchas de esas personas son el viejo mercado de los radiolocalizadores,
cuyas empresas hoy comienzan a pensar en otras formas de
captar clientes para poder sobrevivir, en un principio,
y además para volver a ser un negocio rentable.
Cristian Siqueiros, de Radar, dice que luego de descartar
la posibilidad de volver a crecer por medio del sistema
de radio de dos vías, porque se hacía muy
costoso, se han dedicado a diversificar el mercado de sus
posibles compradores y a ampliar la oferta para sus clientes.
Con la estructura de trabajo que ellos ya poseen, pretenden
vender servicios a empresas o personas que necesiten, por
ejemplo, telefonistas. Cristian Siqueiros explica que ellos
pueden tener una conexión al número de la
empresa o persona, recibir sus llamadas y tomar sus mensajes.
Al convenir ese servicio, la empresa se puede ahorrar los
costos de contratar a un empleado, con todo lo que eso conlleva,
y para Radar significaría una forma de diversificar
su oferta y mantenerse a flote.
Otro servicio que podrían
prestar es el de sondeos telefónicos. Utilizando
la estructura que ya tienen, pueden contratar con medios
de información, empresas o incluso partidos políticos
para realizar encuestas telefónicas sobre temas diversos.
Pero lo que sucede es que existe una
resistencia natural en el mercado para aceptar propuestas
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nuevas, y eso hace más
difícil que logre agrandar la cantidad de clientes
a captar. Por eso, las empresas de radiolocalizadores han
decidido mantenerse en sectores específicos del mercado,
a los cuales aún les es imprescindible tener un radiolocalizador.
Por ejemplo, uno de los
sectores que no dejan de estar abonados a estos aparatos
son los médicos, quienes lo necesitan para ser localizables
en todo momento, y que deben sortear los momentos en que
los teléfonos celulares pierden conexiones o deben
ser recargados.
Una situación similar a éstos la tienen en
la Cruz Roja, donde es imprescindible contar con algún
sistema de comunicación que no pueda sufrir ningún
contratiempo y esté siempre disponible las 24 horas
del día.
También existe un mercado estable, pero posiblemente
creciente, de los vendedores de tiempos compartidos, quienes
necesitan este sistema para el envío de mensajes
grupales que se hacen muy costosos por celular, y que por
medio de un radiolocalizador pueden enviarse de manera rápida,
oportuna y económica.
Una situación similar viven los agentes de bienes
raíces, los técnicos de elevadores o los asistentes
personales de algunos empresarios, quienes conforman aún
mercados de posible crecimiento.
Y entre estos últimos existe uno en particular que
es el de los sindicatos o gobiernos, que muchas veces prefieren
este sistema ante la cantidad de personas que deben cubrir
con el servicio.
La diversificación de la oferta y de los mercados
a captar es entonces la llave del futuro para estas empresas.
Por ello, las empresas de radiolocalizadores se enfrentan
a un problema de no fácil solución: diversificarse
o morir. (Hugo Martoccia).
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