Año 5 Número 59 Febrero 2008
Tú dirías que es un restaurante cien por ciento argentino, Pimienta?
- Para nada, Sal.
- Pero el nombre es argentinísimo, ¿o no?
- En efecto, Sal. Con la honrosa excepción del Uruguay, creo que Argentina es el único país en el mundo donde se toca el bandoneón, ese primo hermano del acordeón que le imprime al tango su característico acento me-lancólico y dramático.
- Y la parilla, ¿no es argentina?

- También. Son los cortes que se estilan en el Cono Sur y los nombres me recuerdan a los gauchos: entraña, cuadril, asado de tira, lomo, y tu favorito, el bife de chorizo.
- Y la lista de vinos, ¿no me dijiste el otro día que propone sólo marcas argentinas?
- Así es. Y tienen una oferta bastante res-petable, porque me parece que se han convertido en distribuidores de algunas bodegas, como Lagarde y Cassone. Por lo pronto, si te gusta la uva malbec, podrás escoger entre más de veinte opciones, y hay una buena selección de cabernets, merlots y pinots. Como ya hemos platicado, la re-lación precio-calidad es excelente en estos momentos para los vinos argentinos.

Sal y Pimienta
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Sal y Pimienta
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*Las críticas que presentamos en este espacio gastronómico están soportadas en las experiencias personales de expertos en restaurantes de Latitud 21. Todos los lugares que se mencionan aquí son visitados en anonimato y Latitud 21 paga por el consumo.
Ningún desembolso de otro tipo influye en los comentarios de este espacio gastronómico.

- Y con todo eso, ¿aún dices que no es un restaurante argentino?
- No cien por ciento, Sal.
- ¿Pues qué le falta, Pimienta?
- Yo diría que le sobra, Sal. El menú te da varias alternativas que tienen poco que ver con la cocina argentina y, curiosamente, enlista algunas en el apartado llamado Con sabor tango. Ahí figuran los tacos de camarones, rebozados al estilo norteño y servidos en tortilla de harina; los tacos de pescado, con el sabor inconfundible del achiote; y las costillitas de cerdo kobe, que al menos el nombre lo tiene en japonés.
- Pero si a ti los tacos te encantan. Incluso, te he oído pedir carnitas de atún.
- Son deliciosas. Por desgracia no figuran en el menú y no siempre tienen la misma consistencia, pero son una entrada muy recomendable. Pero no creo que tengan origen porteño.
- O sea, ¿tú dices que Bandoneón no es argentino porque vende tacos?
- Y ceviches, y carpaccios, y pescado a la talla, y huevos rotos. Tendrías que caminar mucho en Buenos Aires para encontrar esos platillos.
- Entonces, ¿cómo lo definirías?
- Te diría que el menú es ecléctico, para usar una palabra de moda. Lo que sucede es que los propietarios de este comedero son unos genios de la restauración, y sin duda conocen su negocio. Han montado un restaurante argentino, en esencia, pero lo han montado en Cancún y, muy conscientes del gusto local, reforzaron el menú con muchos platos mexicanos, e incluso con algunos netamente caribeños.
- Pues qué bueno, porque no puedes comer carne todos los días.
- En Buenos Aires no sólo puedes, sino que forma parte de la rutina: carne a diario. Pero ahí está el punto fino de este negocio: poder comer mexicano, o incluso internacional, en un restaurante que presume de su origen argentino.
- ¡Vaya que presume! Mira esas imágenes de los danzantes de tango en los muros.
- No hay duda que los dueños están orgullosos de sus raíces. Lo han venido demos-trando siempre, desde su primera marca, Cambalache, precisamente el nombre del más famoso y el más filosófico de los tangos, los versos inmortales de Enrique Santos Discépolo. Y su marca más reciente, Puerto Madero, en honor a la antigua zona de muelles de Buenos Aires.
- Es verdad. Pero, ¿no te parece que ha llegado el momento de pedir algo, mexicano o argentino, o internacional, o lo que sea?
- Puedes pedir lo que quieras porque la calidad es homogénea. Aquí la propuesta es un menú sólido, variado, con cierto toque casero, sin afectaciones ni extravagancias, que no te sorprenderá pero te va a dejar satisfecho.
- Pues eso quiero porque me muero de hambre. Voy a pedir una empanada de pulpo y luego medio pollo, que según esto lo asan en estaca. Aunque no me lo acabe…
- No te lo vas a acabar, la porción es monstruosa. Yo me comeré un salpicón de salmón, y de segundo otra entrada, el queso provoleta envuelto en pimiento morrón. Si me quedo con hambre, me das de tu pollo.
- Ni lo sueñes, Pimienta. La única posibilidad de que le metas diente a mi ración sería que juraras, en este mismo momento, que antes de que termine el año me llevas a Buenos Aires, para que me compruebes que es imposible encontrar ceviches en La Recoleta y sus alrededores.
- No cabe duda, Sal, eres un hueso duro de roer.

 
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