“Novia mía, novia mía, cascabel de plata y oro tienes que ser mi mujer”….
-Que querendón me saliste Pimienta, yo no sé si tomarme tu romanticismo como un refrendo de amor, como sobre aviso a algún amorío o como una insinuación culinaria…
-Mi querida Sal, los celos te van tanto como a mí los amoríos… ahora sí que como dijera la Gloria Estefan: “oye mi canto… los celos y el odio ya son tradiciones, oye mi canto, hay que dejarlas atrás, no buscar explicaciones”…. Pero creo deberte una. Me siento inspirado al romanticismo pedroinfantesco, ese charro, de mariachis, tequila y mujeres que sólo se siente a flor de piel en las cantinas, donde se guisa punto y aparte. ¿Será que esté influenciado por San Valentín?
-No me conduzcas en tus vericuetos Pimienta… Sé perfectamente a dónde quieres llegar: a La Guadalupana. Sólo buscabas un pretexto para tirar en saco roto los propósitos de Año Nuevo…
-No empieces con el aburrimiento Sal. Es viernes y no hay mejor día para disfrutar y conocer ese bullicio cantinero, ese del que nuestro cine nacional hizo tanta gala, aunque con la pequeña diferencia de que ahora se permite el paso a las mujeres.
-Te estás tomando muy en serio eso de lo pedroinfantesco, hasta lo macho te está saliendo Pimienta…
-No me mal interpretes novia mía; mi invitación no es más que una insinuación culinaria a conocer la cocina de los hermanos Reyes, una de las más tradicionales de la región y donde puedes probar muchos pedacitos de México y hasta de otros del mundo que han influido en la cocina nacional. Tlayudas oaxaqueñas, taquitos de chicharrón prensado, caldito de camarón, chistorra española, chimichangas y empanadas argentinas, y carne tártara, que aquí se comen como en ningún otro lugar del terruño.
-¿Es de esas típicas cantinas como las que se ven en las películas, de puro macho empedernido, cantando a grito pelado y comiendo mondongo?
-Triste cuadro Sal el que tú pintas. La Guadalupana sí es una cantina-cantina, claro, no de manteles largos, ni con toda la parafernalia de vajillas y cubiertos. Su decoración es completamente rústica, con mesas de madera vieja y raspada por las largas jugadas de dominó, pero cómoda y cálida, donde cada vez más es frecuentada por féminas desinhibidas, de esas que piden igualdad, solas o acompañadas, pero que gustan de la tradición, de la buena mesa, del mariachi y de la jugada…
-Tu descripción es tal cual. ¿Por dónde empezamos?
-Vamos esperando el caldito de camarón de bienvenida y a cuenta de la casa; pediremos una cerveza bien fría como aperitivo y continuaremos con una botana combinada y después discutiremos de acuerdo con tu apetito.
-Creo que mi imaginación se extrapoló Pimienta, odio reconocerlo. La Guadalupana resultó de mi total agrado. No entiendo por qué muchas mujeres la hemos satanizado. Y como voy entendiendo, seré yo quien sugiera los demás platos, incluyendo el tuyo, para comer a entero placer. ¿Lengua veracruzana? ¿Puntas de filete en chile verde? o ¿Molcajete mexicano con cecina, queso asado y chorizo? No doy por cuál.
-No te desinhibas tanto Sal. Déjame contribuir al menú de hoy que será de tu total agrado. La carne en su jugo es una verdadera delicia; la milanesa oreja de elefante es otra atractiva opción, el suadero en salsa verde sí que lo saben preparar, pero si quieres probar una torta auténticamente a la usanza de la capital La Guadalupana es la respuesta. La arrachera toreada es rica pero es un recurso común en el resto de los comederos.
-¿Continuaremos con cerveza y tequilita?
-Mmmm, no mi querida Sal, esta vez te acompañaré con una Clementina.
-¿Así se le llama ahora al pulque mexicano? ¡Vaya contemporaneidad!
-No abuses de la ignorancia Sal. Es una bebida preparada a base de vino tinto, vodka y agua de limón. ¿Muy chic, no?
-Oye Pimienta, ¿siempre hay tríos, mariachis, trovadores y floristas?
-¡Siempre! Ese es el folclor del que tanto te hablo Sal.
-Está bien, pero acéptame una observación. Aunque La Guadalupana tenga sabor cantinero no tienen por qué descuidar detalles como la vajilla. Si siguen la filosofía de no arreglar las cosas hasta que se rompan, creo que están en un error, deberían invertir un poco y se notaría el cambio sin cambiar la atmósfera del lugar.
-Olvida esa nimiedad Sal. ¿Y sabes cómo? Con unos buenos chongos zamoranos, o un flan tradicional con queso y un cafecito, creo que es de olla…
-Mmmm... ¡Buenísimos! ¿Podríamos venir más a menudo?