Año Número 23 Febrero 2005



David Cobar
davidcobar@prodigy.net.mx

Para cuando lea estas líneas habrán concluido las elecciones para elegir gobernantes municipales, estatal y de representación legislativa para Quintana Roo, y sabremos quiénes resultaron ganadores.

Con la misma certeza sé que escucharemos por semanas difamaciones y desacreditaciones de todos contra todos. Se van a acusar de fraudulentos, mentirosos y desleales. Y, como siempre, nadie le creerá a nadie.

Por fortuna el IFE y el Ieqroo han modificado la duración de las campañas y esta vez la pesadilla fue más corta.

Hoy, mientras escribo, ignoro quién va a ganar, pero sí sé que quienes lo logren será por haber gastado una mayor cifra en promoción electorera, y porque contaron con un aparato promocional más poderoso, convincente y en ocasiones hasta cínico para recolectar favoritismos y dinero para las campañas. ¿A quién apoyaron los sindicatos del estado? ¿Por qué artistas costosos cooperan con partidos para agregar imagen populachera y credibilidad? ¿Quién en realidad sabe de dónde provienen todos los fondos de campaña? ¿Quién explica por qué en un estado un partido se alía con otro cuando en el estado vecino son enemigos acérrimos?

Es válido pensar que las promesas de campaña, en esencia, están basadas en vocación auténtica y en un deseo de servir, pero la estrategia y, sobre todo, la mecánica están lejos de ofrecer algo sustancial en marketing: credibilidad.

Todos los candidatos, todos, acudieron otra vez a la misma técnica obsoleta. Se utilizaron los mismos medios de siempre y promocionaron el mismo "slogan" mentiroso y utópico. Todos optaron por ensuciar hasta el límite las calles y carreteras del estado con carteles impresos con fotos retocadas, presentando su mejor y más honesta sonrisa. Todos los "slogans" propusieron a cada candidato como el salvador y libertador definitivo de un pasado histórico de Quintana Roo y de México. Y todos prometieron que, a partir de resultar elegidos, cuentan con la plena capacidad de revertir el curso de una historia agotada, desgraciada y miserable, y dar inicio a una nueva era de bonanza, legalidad, equidad y justicia.

En México el marketing electoral está caduco. El ganador fue otra vez el voto manipulado de un pueblo que no sabe cómo salir de su marginación, de su ignorancia y de su incapacidad por ejercer un voto para elegir a su gobierno.

 
 


 

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