Año 1 Número 11 Febrero 2004
El debate de
los changarros

¿Copia del extranjero? ¿Tradición nacional? ¿Pilar de la economía? ¿Autoempleo disfrazado? Las teorías abundan, pero lo cierto es que la empresa familiar es el modus vivendi de millones de mexicanos

Microcréditos, ¿una alternativa para el desarrollo?

Existen más de 900 instituciones en todo el mundo que imitan el sistema de microcréditos inventado en Bangladesh por Muhammad Yunus, apodado el banquero de los pobres.

Gustavo Vargas

Cada vez con mayor frecuencia se ha escuchado el término de microcréditos. Existen opiniones a favor y en contra acerca de los beneficios que brindan como instrumentos de financiamiento. Incluso algunos empresarios han expresado su descontento por considerarlos insuficientes para ayudar a las pequeñas empresas. ¡Y tienen toda la razón! ¿Cómo es posible? ¿Acaso los impuestos de los ciudadanos se han ido a la basura?

¿Y qué hay con las aportaciones al fisco de esas pequeñas empresas que deberían ser las más beneficiadas? Precisamente ahí radica la confusión. En primer lugar, los programas de microcréditos no son propiamente financiados por nuestros impuestos, y por si fuera poco nunca han sido pensados para destinarse a la pequeña empresa.

Es decir, un microcrédito no ayuda a resolver problemas de financiamiento a las microempresas porque su verdadero objetivo es brindar a las personas que viven en situaciones de pobreza, una alternativa que les permita generar ingresos en base a su propio esfuerzo.

Un poco de historia

En Bangladesh, un país cercano a la India y con una población similar a la de México, más de 10 millones de personas se quedaron sin techo en 1991 a causa de las tempestades y tornados que azotaron la zona. Una persona ayudó a que este desastre no fuese tan dramático: Muhammad Yunus, fundador del Grameen Bank, apodado el banquero de los pobres.

Todo comenzó con un pequeño crédito de 27 dólares que concedió a 42 vecinos de la aldea de Jobra. Aunque era poco dinero, se pusieron todos contentos. Eso le llevó a pensar que si una cantidad tan pequeña les había proporcionado tanta alegría y seguridad en sí mismos, valía la pena poner en práctica la idea a mayor escala. A partir de ahí comenzó un lento peregrinaje por diferentes bancos para presentar su proyecto.

Hoy en día el Grameen Bank cuenta con 2.5 millones de prestatarios de los que el 95% son mujeres, mismas que al principio no se atrevían a solicitar un préstamo ya fuera por ignorancia o por miedo a sus maridos. Pero Yunus, conocedor de las necesidades de sus vecinos, estaba convencido de que las mujeres pobres que conocía estaban dotadas de una excelente intuición para la supervivencia, la cual les ayudaba a manejarse con recursos mínimos para dar de comer a la familia, mantener la casa y administrar con eficacia esos préstamos. Más aún, los resultados de esta experiencia realizada con hombres fueron nefastos. Los hombres se gastaban el dinero y no llegaba a sus familias.

El éxito del Grameen Bank se ha exportado a 68 países. Hoy existen más de 900 instituciones en todo el mundo, desde bancos a organizaciones no gubernamentales (ONGs) que imitan el sistema de microcréditos inventado por Yunus. Más de 22 millones de personas en el mundo se benefician de estos préstamos y sólo en Bangladesh se ha conseguido sacar de la pobreza a un tercio de los 2.5 millones de prestatarios, que no es poco si hablamos de uno de los países más pobres del mundo. El banco de Yunus ha crecido de una manera tan espectacular que ahora configura un entramado de empresas que van de la telefonía móvil, la energía o programas informáticos para los pobres.

La iniciativa de Yunus ha dado la vuelta al mundo y en 1998 consiguió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación. En los pueblos de Bangladesh donde antes había desolación y miseria, hoy la gente compra y vende verduras, construye su casa aunque sea con techo de hojalata o adquiere una vaca. Con buenas iniciativas, el ser humano no se resigna ante la pobreza.

¿Para qué sirve el microcrédito?

Si se quiere entender su verdadera función tendremos que remontarnos al viernes 2 de febrero de 1997. En aquella fecha se celebró en Washington, DC, la Cumbre de Microcrédito en la que se reunieron 137 países. Era el comienzo de una campaña de nueve años que tenía como objetivo llegar a las 100 millones de familias más pobres del mundo, especialmente sus mujeres, para que recibieran crédito para trabajar por cuenta propia (se destinarían 11 mil 600 millones de dólares) y otros servicios financieros y empresariales antes de finalizar el año 2005.

En la Cumbre se reunieron agentes financieros, partidarios del programa, instituciones educativas, organismos donadores, ONGs y otras relacionadas con el microcrédito para promover las mejores prácticas sobre el tema, aprender unos de otros y trabajar hacia el objetivo. ¿El resultado? Hasta agosto de 2000 existían tres mil 113 instituciones de 139 países cuyo esfuerzo había logrado apoyar a 23.5 millones de personas.

¿Qué es el microcrédito?

El microcrédito son programas que dan pequeños préstamos y otros servicios financieros, como por ejemplo ahorros a personas muy pobres, principalmente mujeres, para proyectos personales que generen ingresos, lo que les permite atender a sus familias con su propio esfuerzo. Nunca ha sido más descriptivo el término de "enseñar a pescar en lugar de sólo proporcionar el pescado". De esta forma, el microcrédito permite a las familias trabajar para acabar con su situación de pobreza con dignidad.

Los programas de microcréditos de todo el mundo usan una gran variedad de modelos y han demostrado que las personas pobres devuelven sus préstamos. Las tasas de interés son altas porque son riesgosas. El reembolso de los créditos se promueve mediante un sistema de apoyo y presión de los otros acreditados. Los prestatarios son responsables de los éxitos de cada uno y aseguran que cada miembro de su grupo pueda devolver sus préstamos.

¿Por qué centrarse en las mujeres? Las mujeres son a menudo las responsables de criar a los hijos y su pobreza normalmente resulta en su infradesarrollo social y físico. La experiencia ha demostrado que las mujeres son buenas para créditos de riesgo y que invierten sus ingresos en el bienestar de sus familias. Al mismo tiempo las mujeres se benefician con un mayor reconocimiento, tanto de sus esposos como de sus hijos, cuando aportan ingresos adicionales.

¿Y Changarrolandia? Desde el comienzo del gobierno de Vicente Fox, palabras como "changarro" y microcréditos pasaron a formar parte del vocabulario cotidiano, aunque la promesa de que cada ciudadano mexicano pudiera tener un negocio propio se promovió desde su campaña misma. Imaginarse un país lleno de "changarros" generó todo tipo de comentarios, desde aquellos líderes empresariales que afirmaban que 15 mil pesos no eran suficientes para comenzar un negocio hasta aquellos que esperaban ansiosamente la llegada del dinero para resolver sus problemas personales. Lo curioso del asunto es que hasta ahora el concepto que se tiene del microcrédito en general es bastante equivocado, o confuso en el mejor de los casos.

Un microcrédito busca resolver los problemas de pobreza del ciudadano (preferentemente mujer), por lo tanto cualquier empresario, por pequeño que sea su negocio, puede aspirar a ser sujeto de este tipo de apoyo ya que se supone que como propietario de un negocio su situación no es propiamente de pobreza. Incluso esto ha generado la polémica sobre si los programas deben administrarse por entidades económicas o sociales.

¿Cómo funcionan los microcréditos?

Es importante entender las premisas bajo las que operan los programas de microcrédito y por qué no es conveniente compararlos con otros mecanismos de crédito. De antaño se sabe que para un banco es más rentable colocar recursos con unas cuantas empresas importantes que con miles de pequeños negocios, sobre todo por el costo elevado de administración. No es igual asignar un ejecutivo a cuatro cuentas importantes que 20 de pequeñas. O se asigna un mayor número de ejecutivos a las cuentas pequeñas a la vez que aumenta el costo de operación, o será un problema el servicio prestado y la recuperación de cartera.

Una microfinanciera incurre en grandes costos de operación al otorgar y dar seguimiento a cientos de créditos. Dichos costos no deben subsidiarse, sino sufragarse con los ingresos generados por las comisiones cobradas a quienes son apoyados. Estas comisiones se consideran elevadas si se ven desde el punto de vista del mercado financiero. Pero no olvidemos que son de programas sociales y su tratamiento debe permitir que sea autosuficiente y sustentable, no se podría lograr con comisiones insuficientes.

Cuando se otorga un microcrédito, éste se entrega al beneficiario casi siempre en efectivo. El seguimiento y aplicación debe hacerse de cerca, lo que implica asignar gente para el trabajo. Imaginemos que en una comunidad rural alejada de caminos pavimentados, un grupo de 20 mujeres solicita apoyo. Primero deberán estar dispuestas a convertir al grupo en aval solidario, no para pagar las deudas de quien incumpla en sus pagos, sino para obligarlo a cumplir. Aquí se ve un terreno que se pierde cada vez: el crédito a la palabra.

Luego, el grupo debe constituir una directiva integrada por presidente, secretario, tesorero y supervisor. Este último es quien vigila que el dinero llegue a cada uno de los miembros (se le presta a la persona, no al grupo) y se destine a la compra de los insumos a los que se comprometieron al ingresar en el programa. Este aspecto es importante, ya que si un acreditado se gasta el dinero en la compra de comida, podrá pasar un rato agradable mientras consume sus alimentos, pero tan pronto se terminen ya no dispondrá de otros y tendrá que cubrir una deuda.

En cambio, si uno de los miembros solicita el crédito para vender desayunos en su casa, tan pronto reciba el apoyo comprará lo necesario para su actividad y con ella recuperar el dinero del crédito, más las utilidades que le permitirán mejorar.

 

Gustavo Vargas
es colaborador de la
revista haznegocio

Legislación para negocios de familia

Salo Grabinsky

En todo el mundo se están creando asociaciones para apoyar y defender a los negocios de familia. Desde la creación en Suiza del FBN (Family Business Network), que es una red de empresas familiares europea que incluso tiene filiales fuera de ese continente y aquí en México, en Estados Unidos y Canadá hay organismos que ayudan a aglutinar negocios de estructura familiar y que sirvan como trampolín para presentar un frente unido ante autoridades, los académicos e investigadores y, claro está, defender sus intereses.

Acabo de leer que en varios países europeos se están gestionando cambios legislativos así como reglamentando ciertos puntos que servirán para proteger la supervivencia familiar. Desde asuntos fiscales como las leyes de herencias que se están aboliendo o reduciendo sustancialmente, ya que se daban casos de familias "venidas a menos" que tenían que entregar tierras, castillos o incluso negocios al fisco por no poder con esos gravámenes absurdos. Un amigo mío francés heredó una propiedad así y cuando lo visité en los alrededores de París estaba desempleado, debía una fortuna de la herencia que le dejó su padre al morir, la casa estaba ya deteriorada por falta de mantenimiento y, para acabarla, el Instituto de Cultura y Monumentos (como el INAH) había declarado patrimonio nacional su propiedad, por lo que no podía venderla a su precio real sino a valores irrisorios. ¿Suena desesperante, no creen?, sobre todo porque se perdía el patrimonio de siglos.

En España hay un grupo que está cabildeando, comandado por un señor Puig que es familiar de la empresa de jabones, y está haciendo progresos al instaurar como necesario que cada empresa familiar redacte su Protocolo Familiar con reglas claras para sus descendientes y que permita la continuidad.

En Alemania, Italia e Inglaterra se busca cambiar leyes que perjudican la transferencia de acciones entre familiares, reducir impuestos, etc. En Japón pese a la recesión de ya una década se está reafirmando la necesidad de que los grandes keiretsu (una forma híbrida de familias mezcladas con empresas, bancos y comercializadoras), que han tenido serios problemas sobre todo en el sector bancario, apoyen a millones de empresas pequeñas y medianas que son sus proveedores o clientes y que son todas familiares, para sobrevivir y crear nuevos empleos y fomentar el espíritu emprendedor en una sociedad tan homogénea y estructurada rígidamente.

Como ven, en todos lados se cuecen habas. En México habemos gente que somos apasionados del tema y en nuestras posibilidades queremos apoyarlos. Instituciones oficiales (Nafin, Cetro-Crece, Secretaría de Economía) y otras ayudan, junto con universidades y gente buena, pero hay un campo virgen por hacer. Las Cámaras y la Coparmex son buenas instancias para buscar apoyos al empresariado, pero tienen el doble problema de tener pocos recursos y de que sus dirigentes están tratando de destrabar la economía recesiva que seguimos teniendo, pelear por mayor seguridad en el país y ver cómo se mueven los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial en forma más coordinada sin paralizar todo. En fin, tienen sus manos llenas.

Mi sugerencia es la creación de asociaciones (como parte de las Cámaras si así se quiere) para apoyar y buscar el buen desenvolvimiento de la micro, pequeña y aun gran empresa de estructura familiar, con apoyos a los investigadores y académicos para que aporten y enseñen estos temas tan vigentes en los centros de estudios, a las autoridades para buscar simplificar la interacción con los empresarios y sus ejecutivos y además, como lo estamos haciendo conjuntamente en la actualidad Nacional Financiera con el decidido apoyo de su servidor y cientos de instructores en todo el país, sensibilizar, mediante la conferencia "¿Qué hago con mi empresa familiar?", a miles de estos negocios para que pongan reglas, estructuras y se capaciten. Es un esfuerzo global que requiere enfocarse correctamente.

El tema de la empresa familiar que era casi desconocido hace quince años y en el mejor de los casos se asociaba sólo a los "changarros", ahora en todos lados se está volviendo prioritario y con justa razón: se vienen épocas difíciles, turbulentas, de transición generacional y patrimonial y se necesitan todos los esfuerzos coordinados que haya.

Les dejo estas reflexiones para que piensen... y actúen.

 

Salo Grabinsky
es colaborador de la
revista PyME

Microcréditos federales, un engaño para las mujeres

Rafael Maya

Aún no hay estudios ni manera de medir si realmente el Pronafim ha contribuido a abatir la pobreza entre la población. Las críticas de académicos, organismos civiles de mujeres y legisladoras federales apuntan hacia su ineficacia

Rutilia B. obtuvo hace medio año un microcrédito del gobierno federal por diez mil pesos, para comenzar su propio "changarro" en el barrio de Iztapalapa. Hoy, los recursos obtenidos de su panadería difícilmente le alcanzan para pagar los altos intereses que impone el gobierno. Además, lejos de "sacarla de la pobreza" como auguró el presidente Vicente Fox, su microempresa le aumentó el trabajo doméstico.

Rutilia B., de 38 años, divorciada y madre de dos hijas, es una de las cerca de 300 mil mujeres que en 2002 recibieron a través del Programa Nacional de Financiamiento al Microempresario (Pronafim), dependiente de la Secretaría de Economía, diversos créditos para impulsar algún pequeño negocio. Los montos de los microcréditos van de los 500 hasta los 20 mil pesos.

De acuerdo con la directora del Pronafim, María del Carmen Díaz Amador, en 2002 se destinaron 500 millones de pesos para proyectos productivos ("microchangarros") de mujeres en todo el país.

Informó que 85 por ciento de las personas beneficiarias de ese programa son mujeres urbanas y rurales de escasos recursos. Advirtió que los "changarros" de mujeres "son una extensión de las labores del hogar", lo que se refleja en negocios relacionados con la cocina, la costura y las manualidades.

Los microcréditos otorgados a las mujeres tienen intereses de hasta el ocho por ciento mensual, y deben pagarlos en su totalidad en un término de 16 semanas para que mantengan su derecho a ser sujetas de crédito.

Changarros: panacea foxista

Las críticas del sector académico, organismos civiles de mujeres y legisladoras federales apuntan hacia la ineficacia, limitaciones y falta de integralidad del programa de microcréditos. Tales aspectos negativos, señalan, han impedido el mejoramiento real de las condiciones de vida de las mexicanas más pobres.

Proclamado por el mismo presidente Vicente Fox como instrumento eficaz contra la pobreza, el Pronafim, advierten expertos, aún no ha demostrado en la cotidianidad mejoras económicas que se reflejen en los bolsillos de las mujeres.

El 10 de noviembre, en Nueva York, durante la Cumbre Mundial de Microcréditos, el mandatario mexicano lanzó sin fundamentos sólidos, según algunos especialistas, una afirmación temeraria: "los microchangarros han reducido en tres por ciento la pobreza en México".

De inmediato, el economista Julio Boltvinik desmintió de tajo la certeza presidencial. Expuso con cifras y documentos que la presunta reducción de la pobreza en todo caso habría ocurrido entre 1998 y 2000. Es decir, antes del arribo de Fox a Los Pinos y por tanto mucho antes del arranque de su Pronafim.

Boltvinik, investigador de El Colegio de México, apuntó que por el contrario, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), instancia de las Naciones Unidas, la pobreza y la indigencia en México aumentaron durante el periodo 2000-2002, ya en tiempos de los "microchangarros".

Escepticismo

Daniel Lund, presidente de Mund Américas, empresa especializada en investigación en demografía global, expresó su escepticismo por la declaración triunfalista de Vicente Fox. Consideró que aún no existe un análisis profundo, ya sea del propio gobierno, la academia o la iniciativa privada, acerca del impacto en la economía mexicana del programa de microcréditos.

"Aún no hay estudios ni manera de medir" si realmente el Pronafim ha contribuido a abatir la pobreza entre la población, sostuvo. Sobre su impacto entre las mujeres, advirtió que dicho programa es un "subsidio disfrazado para los hogares de los grupos marginales".

Lund explicó que los préstamos son insuficientes para impulsar un pequeño negocio que sea redituable. Agregó que los créditos "se malgastan" al enfocarse a resolver necesidades básicas en el hogar, como salud o alimentación, y no para atender una microempresa.

Ubica como uno de los primeros efectos del Pronafim a "la saturación del mercado informal", que tiene como consecuencia que la mayoría de las mujeres pobres tiene mayor dificultad para establecer un giro rentable en medio de la creciente competencia.

Para el también doctor en Derecho por la Universidad Católica de Los Angeles, las microempresas de mujeres "son ágiles pero frágiles", ya que pueden responder rápidamente a una demanda de servicios o productos en las comunidades.

Pero al mismo tiempo, las microempresas son frágiles ante las condiciones del mercado, la falta de infraestructura, el tiempo absorbente que se les dedica a ellas, y los trámites burocráticos, muchas veces corruptos, que tienen que realizar las propietarias para tener los permisos para que funcione su "changarro".

Sobrecarga de trabajo

La presidenta de los Puntos Focales de la Red de Mujeres Líderes de la Asociación Asia Pacífico (APEC), Magdalena García, en su estudio "Las empresarias mexicanas" expone que, de acuerdo con información del INEGI, las microempresarias trabajan 25 horas más a la semana, en promedio, que las mujeres que no participan en el mercado laboral y quienes trabajan, en promedio, 10 horas más a la semana que los hombres.

Magdalena García, quien ha realizado trabajo comunitario con mujeres del Movimiento Urbano Popular, apunta en su investigación que actualmente en México 12 millones de personas se dedican a las actividades empresariales de manera individual, familiar, "o con sociedades de diferentes formas".

De ese gran total, el 30 por ciento, alrededor de 3.6 millones, son mujeres. El 87 por ciento de las empresarias están en las microempresas, que tienen de dos a cinco empleados.

Las microempresarias están en servicios diversos, comercio y manufacturas. Sus ingresos e instrucción son inferiores a los de los hombres. El mayor porcentaje de ellas tiene entre 30 y 39 años de edad, y se observa "cierta tendencia" a la incorporación de mujeres cada vez más jóvenes.

Trabas y más trabas

La también integrante del Consejo Consultivo del Inmujeres indica que 80 por ciento de las iniciativas productivas de hombres y mujeres en el espacio urbano, "no son resultado de su vocación empresarial sino de la necesidad de complementar o sustituir ingresos para vivir o apenas sobrevivir".

Añade que son una opción ante el desempleo, los bajos salarios, el deterioro de las prestaciones laborales y el creciente número de hogares encabezados por mujeres, "situación derivada de la migración de los varones en busca de fuentes de empleo".

Por otro lado, diputadas federales de la Comisión de Equidad y Género, como la priísta María Elena Chapa y la perredista María de los Angeles Sánchez, han criticado a la Secretaría de Economía por los programas de microcréditos y sus efectos en las mujeres.

Han denunciado que tales programas "son inaccesibles para las mujeres" debido a sus reglas de operación, o en todo caso sólo dan preferencia a "las mujeres líderes".

Al mismo tiempo han advertido a la dependencia que con estos microcréditos "no debe esclavizarse" a las mujeres para que únicamente pongan changarros en los que ellas mismas son las productoras de gelatinas o de tortillas.

Las legisladoras reclaman que, por el contrario, deben generarse otro tipo de estrategias para que ellas obtengan ganancias de sus micronegocios. Es decir, que tengan instrumentos para crecer y no nada más para subsistir.

Propuestas

La profesora investigadora Magdalena García propone reformas integrales e incluso estructurales en los ámbitos laboral, educativo y de uso del suelo que favorezcan la creación de espacios productivos apropiados dentro del hogar, o en el sector salud, respecto al tiempo y espacios de atención de las y los enfermos, para que los programas de microcréditos beneficien de manera efectiva a las mujeres.

Pide que los programas tomen en cuenta las condiciones educativas y hasta reproductivas de las mujeres, las cuales las mantienen en los roles tradicionales dentro de sus familias.

"Se requiere de paquetes coordinados de programas para atender los distintos factores que inciden en cada una de las etapas del proceso empresarial", añade. A su vez, tiene que haber mayor formación y capacitación que elimine la inexperiencia de las mujeres en cuestiones empresariales.

De su lado, Gloria Agueda, directora de la microfinanciera Desarrollo Autogestionario, con sede en Xalapa, Veracruz, y que participa en el Pronafim, asevera que "el crédito por sí solo" no es suficiente para combatir el complejo problema de la pobreza. Asegura que debe vincularse al ahorro.

De lo contrario, lamenta, "estaremos contribuyendo nuevamente al paternalismo y la dependencia del crédito".

 

Inf. producida por CIMAC

"El crédito por sí solo" no es suficiente para combatir el complejo problema de la pobreza. Este debe vincularse al ahorro, para no contribuir al paternalismo y la dependencia

Dos propuestas

Luz María Silva

Tengo dos propuestas para enfrentar dos de los retos actuales: el de la aparente pérdida de rumbo nacional y el desempleo. La primera, el regreso al presidencialismo, está basada en cuestiones históricas. La segunda, es parte del cambio. Supone reconocer nuestra capacidad de crecimiento.

Segunda propuesta: los emprendedores

Se le echa en cara a Fox que en materia de empleo no haya cumplido su promesa de campaña. No la ha cumplido, ni la cumplirá. No puede. Tampoco Bush ni ningún otro gobernante, aunque insistan en prometerlo. El problema no es político ni local. La nueva economía no necesita empleos, requiere emprendedores y ese es un reto mayúsculo para cualquier gobierno.

Para empezar, el gobierno no puede hacer emprendedores, no puede crearlos, porque no existen "emprendedurías" que repartir. El emprendedor, por definición, debe empezar su aventura solo, sin que el gobierno le diga qué, cómo y dónde. Mientras sea legal, éste no debe intervenir. Hacerlo, es falsear el proceso. Proporciones guardadas, es como si el padre de un adolescente le diera permiso de rebelarse, le enseñara cómo, cuándo, dónde y luego se rebelara por él.

El emprendedor tiene que decidir qué quiere y dar los pasos necesarios para lograrlo. Si espera que el gobierno o alguien le diga qué debe emprender no es emprendedor, no es iniciador. Es una especie de empleado a destajo, incapaz de decidir por sí mismo, invalidado para salir adelante. En esa materia, el gobierno tiene que crear las condiciones necesaria para que los emprendedores florezcan, ni más, ni menos. Una fundamental es lograr que al fin exista un Estado de Derecho, reglas claras y menos trámites que sólo quitan el tiempo y dinero. Esa es su complicada tarea a corto plazo. A corto, mediano y largo es dar una educación de buena calidad y obligar a los medios de comunicación a subir el nivel de sus contenidos.

Por desgracia, al hablar de "changarros" el presidente Fox está abortando las posibilidades de que la gente se interese por emprender, por trabajar por su cuenta. Se habla de autoempleo como sinónimo de pseudos oficios subterráneos. No lo es y aunque en teoría no importa, en la realidad afecta la autoestima de profesionistas y demás desempleados de clase media. De hecho, quien inicia un negocio es tan autoempleado como el propietario de una empresa o como millones de profesionistas independientes que en otros lares más desarrollados viven de su trabajo y en donde reciben sí, consideración social, un marco legal que les permita funcionar, pero nadie los lleva de la manita, ni les dice qué deben emprender, ni les quita el tiempo con trámites que no tienen caso.

Ser emprendedor supone resolver problemas, saber generar dinero a partir de lo que se hace y administrar los recursos. En realidad, sobre todo al principio, es una vida dura, llena de trabajos y privaciones para lograr un capital que permita crecer. Emprender no es construir el techo antes de los muros, no es, para empezar, la nueva manera de asegurarse un ingreso similar al que se tenía de empleado. Es iniciar una forma distinta de vida y de trabajo. Supone, para la mayoría, una etapa de ajustar fuertemente el presupuesto familiar y personal a cambio de la posibilidad futura de volver a vivir bien, quizá mejor que nunca, pero no al inicio.

Para tener éxito como emprendedor, hay que comprometerse con lo que se inicia. Si el gobierno lo protege, si le impide hacer la tarea, lo condena al subdesarrollo, al "ai se va". Lo mismo sucede con el crédito. Darle un préstamo al emprendedor en el momento del arranque, antes de que sepa si su negocio funciona o no, antes de que en realidad lo conozca, es distorsionar el proceso. El crédito sirve para crecer, no para iniciar. Ahí está una gran tarea pendiente de la banca. Pretender que realiza su función social dando sólo préstamos para el consumo es inexacto. Para cumplirla tiene que reaprender a prestar a personas e instituciones que conocen su negocio, que necesitan y pueden crecer.

Luz María Silva
es articulista de la
revista Kiosco

Aun con estancamiento podemos crear empleos

Coordinadora Ciudadana*

El principal desafío social en nuestros días es la generación de empleos, sobre todo para la juventud que anhela incorporarse al sector productivo.

Uno de los problemas sociales y económicos más importantes es el crecimiento del sector informal de la economía, porque implica la ampliación de la "cultura de la ilegalidad" que contribuye a la proliferación de la delincuencia y propicia el menosprecio de las autoridades y las instituciones.

El presidente Vicente Fox Quesada con visión ha propuesto la estrategia de promover la creación de microempresas, "changarros", talleres y cooperativas, porque la relación inversión-empleo es la más atractiva en términos de empleo.

México padece el mal crónico de quedarse en el intento sin poder crear suficientes fuentes adicionales que requieren nuestros jóvenes que se incorporan al mercado laboral anualmente; y la opinión de migrar a Estados Unidos también se reduce.

Por su parte, ante un mercado deprimido los empresarios no pueden financiar la oferta de empleo que requiere una inversión de varios miles de dólares por cada fuente creada. Corresponde a las secretarías de Hacienda y de Economía la política del empleo. La política de empleo consiste en promover la formación de empresas, porque ellos son los que generan empleo.

La recaudación proveniente de las personas físicas de bajos ingresos es de las más reducidas del mundo; sin embargo, los trabajadores tienen un mejor trato fiscal que los microempresarios.

Los principales obstáculos -no los únicos- para la creación y consolidación de microempresas es la legislación fiscal vigente y la cantidad de trámites.

En épocas de crisis económicas, en México se acrecienta la generación del autoempleo, como respuesta directa a la necesidad de mejorar el ingreso familiar.

La problemática del empleo juvenil es importante:

El promedio de tiempo para que el joven consiga un empleo es de nueve meses y los microcréditos para nuevas empresas, tan importantes para el autoempleo en los jóvenes, continúan su tendencia a la baja.

Es prioritario crear conciencia en la sociedad mexicana de la importancia del tema del empleo juvenil; convocar a una sinergia multisectorial (gobiernos en sus tres niveles, universidades, sector privado y sociedad civil); identificar las deficiencias estructurales para propiciar empleo juvenil, y proponer políticas públicas enfocadas a la solución del problema del empleo juvenil.

"Se puede deducir la importancia del proceso de creación de empleos, así como su complejidad, y la necesidad de abordarlo como parte de una Política de Estado, a través del diálogo democrático entre todos esos actores, para instrumentar las soluciones mediante un acuerdo nacional, sólo así se podrá lograr un proceso sistemático y eficaz que permita una relación armónica entre la competitividad, el desarrollo económico y el empleo".

"En todo caso es imperativo que pensemos en nuevas formas de concebir al empleo, alejarnos de fórmulas que han probado su ineficacia, e iniciemos poco a poco una serie de medidas que nos den luz sobre la viabilidad de las mismas, bajo una premisa elemental: Allanarle el Camino a las Personas para que Fomenten y Desarrollen Actividades, Remuneradas o No, Desde su Esencia, que Apoyen la Preservación del Tejido Social, el Respeto a la Naturaleza y Realización de sus Aspiraciones por Medio del Trabajo, el cual es importante para la autosuficiencia como persona; requerimos una concepción del gasto público como verdadero motor del desarrollo y el apoyo real a la creación de empleos como clave".

Necesitamos un nuevo esquema recaudatorio que abarque a las micro y pequeñas empresas que operan en la economía informal y a los pequeños contribuyentes establecidos ("changarros"), talleres, etc., que padecen el actual sistema impositivo, y a las cooperativas, y que atraiga a los posibles creadores de nuevas microempresas.

En este nuevo esquema, el pago de las contribuciones debe ser en un pago único que incluya: impuesto sobre la renta del propio empresario y el de sus trabajadores, el impuesto al valor agregado, así como la contribución para tener acceso a seguridad social, sea Seguro Social o el Seguro Popular, Infonavit u otro mecanismo de vivienda.

Proponemos la creación de un Padrón Único -con base en la CURP- de microempresarios que podrían empadronarse en una sola dependencia y será ésta quien, desde adentro, efectúe las altas que se requieran ante las demás dependencias federales, estatales y municipales.

El criterio para determinar cuándo se trata de un microempresario deberá ser el número de personas, de uno a 10 trabajadores, sea en Industria, Comercio o Servicios.

Facilitar el pago de impuestos con este sistema que proponemos facilitará la migración del sector informal al formal; fortalecerá la legalidad, la autoestima y la integración social, y por ende el cumplimiento de los deberes ciudadanos y el ejercicio de los derechos, entre otros el derecho a exigir mejores servicios "porque pago mis impuestos".

También es indispensable que los gobernadores y sobre todo el gobierno capitalino realicen operativos políticos de respaldo a los microempresarios y detener a las redes de explotación y corrupción que se han aprovechado de la ilegalidad para enriquecerse.

La banca social, es decir las instituciones de microcrédito, que crecen a un ritmo mayor que la banca comercial, deberán atender a tiempo esta nueva oportunidad.

 

*Propuestas y conclusiones de la reunión de representantes de algunas instituciones sociales y dependencias gubernamentales para la promoción de microempresas, talleres, cooperativas y otras formas de empleo productivo

 
 


 

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