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7 Número 82 Enero 2010 |
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Mark Elliot Zuckerberg; Dobbs Ferry, Westchester County, 1984. Empresario y programador informático estadounidense. Creador y presidente de la comunidad virtual Facebook, en el año 2008, con tan sólo 23 años de edad se convirtió en el multimillonario más joven de la lista que publica anualmente la revista Forbes.
Nacido en el seno de una familia judía, su pasión por la informática se manifestó muy pronto, y ya a los 12 años de edad comenzó a programar. Cursó estudios en el Ardsley High School y la Phillips Exeter Academy, y en 2002 ingresó en la Universidad de Harvard, Massachusetts. Dos años más tarde, a principios de febrero de 2004, con tan sólo 19 años y junto a sus compañeros de habitación en la universidad, lanzó un nuevo sitio Web, la red social Facebook.
Originalmente denominado thefacebook, el proyecto Facebook surgió con la intención inicial de crear una red de conexión entre los estudiantes de la Universidad de Harvard. El nombre del sitio hacía referencia al boletín que muchas universidades entregan a sus nuevos alumnos con la intención de ayudarles a conocerse entre sí a su llegada al centro. Los servicios que ofrecía Facebook consistían fundamentalmente en la posibilidad de agregar amigos, con los que se podían intercambiar fotos y mensajes, y de unirse a grupos, una de las utilidades que más se desarrollarían a posteriori. Cada usuario, que debía estar registrado, disponía de un wall (muro) que permitía que los amigos escribieran mensajes o enviaran regalos para que éste los viera. El supermuro, una mejora posterior, permitiría, además, incrustar animaciones en formato flash.
Lo que empezó como un juego entre colegas desbordó todas las previsiones en poco tiempo. En sólo dos semanas dos tercios de los estudiantes de Harvard se habían adherido a Facebook, y coincidiendo con las vacaciones de verano de ese mismo año lo habían hecho más de 30 universidades de Estados Unidos. Cuando acabaron las clases, Zuckerberg aprovechó para mudarse a Palo Alto, California, y crear su primera oficina. Aunque la primera intención del joven universitario era retomar sus estudios en Harvard tras el receso, el negocio iba viento en popa y requería su atención, por lo que decidió abandonar Harvard y permanecer en la costa Oeste.
El proyecto se extendía como un reguero de pólvora y pronto expandió sus redes a otras instituciones educativas y empresas, hasta que al final el éxito propició que abriera sus servicios al público en general. En 2006 Facebook se había convertido en un fenómeno mundial, con 64 millones de usuarios, concentrados en países de habla inglesa como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Sólo disponible en inglés en sus comienzos, en 2008 Facebook ensanchó horizontes y estaba disponible en varios idiomas, entre ellos el francés, el alemán y el español.
Para hacerse una idea de la fortaleza social de Facebook, baste decir que la espectacular marcha contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) del 4 de febrero de 2008, que reunió a un millón de personas en Bogotá y a cientos de miles en 130 ciudades de todo el mundo, fue convocada por un grupo de estudiantes colombianos a través de este canal de difusión. Unirse a grupos constituía, en efecto, una de las utilidades más exitosas de Facebook. Un usuario interesado, por ejemplo, en la ecología, tenía la posibilidad de adherirse a los grupos surgidos dedicados a este tema. Inmediatamente recibía en su wall toda la información que este grupo generara. El grupo del candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, contaba en junio de 2008 con cerca de un millón de miembros. La página era además la más popular para colgar fotos (según estadísticas de 2008, más de 14 millones al día; en total, 1.700 millones).
En diciembre de 2007 la revista Forbes, como cada año, publicó el ranking de las 25 personas más influyentes de Internet. Una de esas estrellas de la red era Zuckerberg, jefe ejecutivo del site, después de vender, por 256 millones de euros, el 1,6 % del portal a Microsoft. Tres meses más tarde, en marzo de 2008, Zuckerberg entraba en el ranking de los 1.125 hombres más ricos del mundo elaborado por la misma revista. Ocupaba el puesto 785, pero era el más joven de los 1.125 y, además, el más joven en la historia de la publicación. Para evaluar su fortuna, Forbes se basó en el valor estimado de Facebook (5.000 millones de dólares), y en el hecho de que el joven era el propietario del 30 % de la empresa.
Las oficinas en Palo Alto de Facebook ocupaban ya en 2008 cuatro edificios y daban empleo directo a más de 400 personas; la empresa había recibido ofertas de compra por parte de Viacom y Yahoo!, y su facturación anual se estimaba en unos 150 millones de dólares. Sus mayores ingresos provenían de su contrato con Microsoft sobre anuncios publicitarios. El sitio había crecido tres veces más rápido que su rival MySpace, propiedad de News Corp, el imperio de Rupert Murdoch. Sin embargo, no todo era alegría para este joven talento informático. Tres de sus compañeros de universidad emprendieron un juicio contra él en una corte de Boston afirmando que Zuckerberg se había “apoderado de la idea”.
Pese a nadar en oro, el “nuevo príncipe de Internet”, como fuera apodado por el sitio especializado Valleywag, dista mucho del ejecutivo al uso. Interesado por la psicología, en el perfil de su Facebook se define como una “persona a la que le gusta hacer cosas”. Viste camisetas y calzado deportivo, y parece no tener grandes pretensiones: “Tengo un apartamento de un dormitorio con un colchón en el suelo, allí vivo”, dijo no hace mucho en una entrevista.
Versión original: www.biografiasyvidas.com
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Chris Hughes nació en Pensilvania, el 26 de noviembre de 1983. En 2004, cuando todavía no había cumplido 20 años, dio forma a Facebook junto a sus compañeros de la Universidad de Harvard. En principio era un sitio en el que los estudiantes se encontraban con sus compañeros pero fue creciendo hasta convertirse en la red social más importante del mundo.
Hughes abandonó Facebook por Barack Obama y en 2007, con sólo 23 años, se convirtió en el artífice de una brillante campaña en Internet que llevó a Obama a la presidencia. Treinta millones de personas se conectaron a My.BarackObama.com, uno de cada cinco de los votantes del primer presidente negro de Estados Unidos. Dos años después sigue apabullando su juventud.
La prestigiosa revista Fast Company le dedicó el año pasado su portada de abril bajo el titular: ‘El chico que hizo a Obama Presidente’, destacando la importancia de la utilización de Internet en las elecciones de EU en 2008.
Alrededor de My.BarackObama.com logró que cientos de miles de personas se movilizaran por el candidato demócrata. Sólo online lograron reunir más de 500 mil dólares para la financiación de la campaña.
Graduado en la Universidad de Harvard, dice no saber exactamente qué es una comunidad, y este dilema filosófico fue precisamente el que lo llevó a acercarse a los líderes de la campaña del actual presidente de Estados Unidos para ayudarles con las herramientas que les permitirían organizar las mejores “comunidades” on line que, trabajando de una manera armónica, lograron recaudar la mayor cantidad de dinero jamás recaudada por medios de comunicación virtuales
No es muy aficionado a estar delante de las cámaras, para ello ya está su compañero Mark Zuckerberg, pero Hughes -y ese mérito no se lo quita nadie- ha sido, sin duda, uno de los genios detrás del telón que ayudaron a descubrir lo que la gente quería realmente en términos de herramientas para administrar su vida social “on line”.
“Facebook nunca desaparecerá”
Facebook ya está prácticamente hasta en la sopa. Hay quienes en lugar de pedir un número de teléfono, o incluso el PIN del BlackBerry, preguntan: “¿Tienes Face?”, indicativo del éxito que arropa a esta red social.
Pero a ese mismo éxito no falta quien ponga fecha de caducidad, así como la que tuvieron las empresas punto com, cuando estalló la burbuja.
Pero para Chris Hughes, cofundador del “Libro de caras”, la realidad pinta de otra manera, y tiene sus propios argumentos para pensar que así será: “No creo que Facebook vaya a morir. Si vemos lo que hace hoy en día y lo comparamos con lo que era en sus inicios, diremos ‘¡Oh, qué básico era!’ Antes no tenía muro, no tenía espacio para fotos, y aun así lo usaban. Fue evolucionando y ahora es una plataforma diferente. Es otra manera de comunicarse que añade valor a la gente. No es un lugar que da acceso a un bien que va a desaparecer, es para que te comuniques, por eso no va a desaparecer”.
Y para el joven empresario, la diferencia fundamental de Facebook frente a otras plataformas similares yace en que “dio el control total al usuario de su información. La gente decide quién ve la información personal y quién no”.
Pero las esperanzas de Hughes sobre la supervivencia de la criatura que contribuyó a crear se cifran más allá del contacto interpersonal: “Creo que muchas compañías deberían tener su perfil en Facebook. Allí seguro encuentran mejores oportunidades para sus productos y servicios”, porque subraya que la razón principal para formar parte de esta comunidad mundial “es permitirle a la gente mantenerse conectada con los demás, para que compartan lo que está haciendo, se informen de lo que hacen los demás”. Añade también que los políticos deben tomar en cuenta el poder y alcance de estas redes sociales para aumentar el impacto de sus campañas y estrechar el contacto con su electorado.
Versión original: www.rtve.es/noticias | www.eluniversal.com
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A medida que se desarrollan las redes sociales como Facebook o los sistemas de oficina Web como Google, un porcentaje cada vez mayor de personas y empresas pone sus datos en manos de esos proveedores y confía en sus políticas de confidencialidad y protección de datos. La mayoría de los usuarios no cree que su información personal (dirección, teléfono) tenga demasiado valor.
La información que Facebook tiene de todos ustedes, por ejemplo, es impresionante. El valor de poder encontrar grupos de potenciales consumidores con gustos comunes tan focalizados como queramos es infinito. Y los productores están dispuestos a matar por información de este tipo.
Imaginen lo que pagan las empresas por publicitarse en televisión, donde no tienen cómo elegir los espectadores que los ven. En este nuevo mundo la publicidad irá directamente a los interesados en esos productos y llegará sin que se note. Aparecerá como novedades en sus pantallas de bienvenida o como resultado de búsquedas lejanamente relacionadas.
Mientras tanto, gigantes como Facebook y Google recolectan y recolectan información. En los rankings de usuarios, muchos países latinos figuran siempre en los primeros lugares como usuarios de estos sistemas. Peor que la CIA y la CNI, estos nuevos monstruos tienen nuestra cooperación y les entregamos voluntariamente nuestra vida y costumbres sin restricciones. Google, por ejemplo, tiene un pésimo hábito: si ustedes se identifican como usuario de Gmail, Google hace que el navegador recuerde quiénes son ustedes y sus búsquedas ya no son anónimas. Todo lo que buscan o cliquean desde las búsquedas ahora queda asociado con su perfil de usuario. ¡Cuidado con andar buscando páginas pornográficas después de leer su mail!
Una de las ideas más potentes de Facebook es la de armar redes sociales. Imaginen la red de contactos que se crea conectando los conocidos de cada uno, con los conocidos de los conocidos y así infinitamente.
A partir de un usuario, podemos hallar redes enormes de personas. Si sumamos a estos grupos sus gustos, compras y opiniones, obtenemos segmentos objetivos bien clasificados y discriminados para dirigirles publicidad o, simplemente, estudiarlos.
Más aún, Facebook acepta que usuarios instalen aplicaciones en sus cuentas. ¿Qué confianza podemos tener en aplicaciones de terceros?
Las aplicaciones son programas escritos por otros y que se ejecutan en nuestro espacio Facebook, con acceso directo a todos nuestros datos y que muchas veces actúan a nuestro nombre. Mientras contestamos una encuesta estúpida para saber qué tipo de animal somos, ¿cómo sabemos que esa misma aplicación no está robando nuestros datos y red de contactos?
Busquen en Facebook una posibilidad de borrar su cuenta. Verán que sólo hay una opción de “desactivar”, pero que no borra los datos. Para eliminar todo, hay que llenar un formulario y enviarlo a Facebook para pedirles a ellos que los borren. Esto muestra que lo más valioso para el sitio no es que ustedes lo usen sino que le permitan disponer de su información.
Creo que hay que comenzar a valorizar nuestra información: navegar en Internet en forma anónima y confiada es un privilegio que tal vez perdamos. No me gusta que los sitios me reconozcan y ofrezcan productos que no he solicitado. Un amigo recibió un mail de Google pidiéndole una entrevista para que trabajara con ellos, porque creían que su currículum era interesante, pero el problema era que él nunca postuló ni envió sus datos. Simplemente lo “encontraron” en la Web. Escalofriante, ¿no?
Versión original: www.dcc.uchile.cl | www.idg.es
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Los 300 millones de miembros de este sitio de redes sociales podrían preguntarse cuánto de la valoración de 10 mil millones de dólares se debe a su actividad.
Ahora, hay un software que puede medirlo.
En un intento por promocionar su libro, el periodista Adam Penenberg ha creado una aplicación de Facebook llamada Viral Loop que calcula el valor del usuario en dólares en base a su influencia al interior de una red social.
El software, creado junto a Paul Johnson, del grupo de medios digitales StudioE9, toma en consideración el nivel de actividad del usuario, cuántos amigos tiene y qué tan a menudo coloca cosas en su página. Luego calcula un valor, similar a la forma en la que Google mide la ubicación de enlaces en sus páginas.
“No es un rastreador tradicional de ingreso a las páginas, nosotros rastreamos la participación [en el sitio]”, dice Penenberg. “Si sus amigos se sienten motivados a hacer click en algo que usted tiene en su página, eso representa una influencia”.
Fast Company, el medio para el cual escribe Penenberg, mantiene un ranking de cerca de tres mil personas que ya han descargado la aplicación y coloca su valor monetario en una lista opuesta a una columna de celebridades. Según el software, la persona no famosa con más valor es un tal Jeremy Abelson, quién representa 280 dólares.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, vale US$1,3 millones para la compañía, un poco más que el actor Vin Diesel, que genera US$1,2 millones y la actriz Megan Fox, que hace US$969.000. Dios se encuentra rezagado frente a estas personalidades, su nombre apenas genera US$580.000, aunque le gana al campeón olímpico Michael Phelps, con US$558,000. Penenberg aún no se explica por qué “Michael Jackson tiene como cuatro veces el valor de Dios, eso me sorprendió”, dice.
En mi caso, un blogger con más de 500 amigos en Facebook, no soy muy activo en las redes sociales, pero subo artículos y actualizo mi estatus de cuando en cuando y mis amigos responden a ellos.
El software dice que mi valor es de 140 dólares. Tengo 104 dólares por el número de amigos que tengo, 20 dólares de los amigos que tengo que han usado la aplicación (aparentemente los he influenciado para que lo hagan) y una “bonificación por participación y establecimiento de tendencias” de 16 dólares. ¿Eso es todo?
Penenberg asegura que mi calificación no es mala y admitió que su software apenas lo valora en 107 dólares.
El creador del software agrega que uno de los puntos del software es permitir que los usuarios de Facebook entiendan su propio poder. “Si Facebook va a ganar dinero con estos usuarios, tal vez ellos merecen un porcentaje”, dijo. “Creo que ese va a ser uno de los grandes temas que crecerá con el tiempo”.
Identidad conocida
En PandaLabs han descubierto un servicio on-line de hackeo, cuyos autores, ucranianos, afirman que “cualquier identidad de Facebook puede ser hackeada”. Así, a cambio de sólo 100 dólares, proporcionan a sus clientes el nombre de usuario y la contraseña para acceder a cualquier cuenta de la red social. Y ahí se incluyen tanto las de usuarios anónimos como las de famosos, políticos o marcas publicitarias.
Para conseguir estos datos, el interesado debe realizar el pago on-line a través de Western Union. El país receptor es Ucrania, lo que refuerza la idea de que la mayoría de las mafias organizadas de Internet se ubican en Europa del Este. Además, el dominio que aloja el servicio está registrado en Moscú. Para dar más “garantías” a los posibles interesados, los responsables de este servicio acreditan una experiencia de cuatro años en este campo, con sólo un uno por ciento de cuentas a las que no pueden acceder. En ese caso, garantizan la devolución de la inversión. A pesar de estas afirmaciones, el dominio sólo tiene unos días de antigüedad.
Por otro lado, como si se tratara de la oferta de unos grandes almacenes, recompensan con dólares extra a gastar en su servicio cuantas más cuentas quieran hackear. E incluso ofrecen la posibilidad de afiliarse a su red para difundir este servicio y llegar así a una mayor audiencia. Los afiliados reciben el 20 % de lo que venden en dinero que pueden gastar posteriormente en hackear más cuentas.
Desde PandaLabs han publicado todas las imágenes del flujo de venta de estos ciberdelincuentes en su blog. En opinión de Luis Corrons, director técnico de PandaLabs, “el objetivo de este sistema puede ser bien el hackeo de las cuentas de Facebook tal y como anuncian, o bien conseguir beneficios económicos de aquellos que intentan probar el servicio. De cualquiera de las dos formas, el flujo de la página está tan bien hecho, que realmente es muy fácil contratar el servicio y exponerse a ser víctima de un fraude o convertirse en un cibercriminal y ser cómplice de un robo de identidad”.
Así, Corrons advierte que, una vez se accede como titular de una cuenta de Facebook, todos los datos personales allí alojados están expuestos a ser robados. “Igualmente, se pueden usar dichas cuentas para enviar a la red de amigos malware, spam u otro tipo de amenaza. Y además, si se trata de cuentas de personas o entidades populares, puede utilizarse para difamar o distribuir información en nombre del personaje, por ejemplo. En cualquier caso, es un delito”, matiza Corrons.
Versión original: www.elperiodicodemexico.com | www.idg.es
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