Año 7 Número 82 Enero 2010

Existe una palabra que al pronunciarse crea en aquellos a quienes les gusta el vino, o en los que comienzan a involucrarse en este tema, una sensación de tradición, respeto, misterio y, ¿por qué no decirlo?, de lujo. Esa palabra es barrica.
Cuando pensamos en vino, una de las figuras a las que nos remite nuestro inconsciente colectivo no es precisamente a la del vino en una botella, sino a la del vino en una barrica. Este hecho no es una casualidad, sino el resultado de una tradición milenaria y producto de un trabajo minucioso -hecho por la mano del hombre y no por la máquina-, que a fuerza de repetición ha quedado grabada en lo más profundo de nuestras mentes.
Pero, ¿cómo? ¿Qué hay detrás de la fabricación de una barrica de vino? ¿Cómo es que nace?
Para empezar, recordemos que una barrica se emplea para el afinamiento del vino con todos sus elementos. Esto sucede durante su primera etapa de fermentación, después de ella o a lo largo de todo el proceso. El líquido al estar en contacto con cierto tipo de madera logra obtener una mejor integración de todos sus componentes, para que así, después de haber sido embotellado, siga su proceso de añejamiento, logrando una estructura que le permite envejecer de una forma óptima.
Este es el propósito original de la barrica, aunque en algunos países el fin es darle sabor a madera, o a ese aroma de hojas mojadas o de canela o de tabaco, entre otros, fin que obedece más que nada a razones mercadológicas.
Pero volviendo a las preguntas ¿Cómo nace una barrica?
Para empezar necesitamos un árbol que normalmente tarde unos 200 años en crecer (roble generalmente). Esto es porque la madera debe de tener ciertas características de diámetro y de estructura, y sólo un árbol de esa edad nos la puede dar. Para poder hacer una barrica de 225 litros (tamaño estándar), se necesita que el tronco del árbol sea lo más homogéneo posible, que mida unos 40 cm de diámetro para que se pueda sacar una tabla de un metro 10 cm (largo estándar de una duela).
Aunque en el proceso de producción de una duela existen varios intermediarios, al final del camino los que tienen la última palabra son el enólogo y el maestro tonelero. Ellos son quienes seleccionan las duelas y deciden cómo se va a armar la barrica.
Un dato curioso es que una misma barrica puede estar hecha de maderas y ahumados diferentes, y obviamente esto acarrea distintos resultados. Otra curiosidad es que la barrica está ensamblada sin ningún tipo de pegamento o sellos; las duelas se mantienen unidas simplemente con los anillos de fierro y un proceso que explicaré a continuación.
El maestro tonelero tiene que hacer que todas las duelas sean de las mismas dimensiones, después se cortan en forma de cono y se arma con la ayuda de los aros de fierro.
Los anillos de fierro dan la estructura a la barrica, aunque entre una duela y la otra quedan espacios abiertos. Para cerrarlos se requiere usar calor, lo que hace que la madera se dilate y se sellen dichos espacios; esto se logra prendiendo fuego adentro de la barrica, lo cual le da también un ahumado que dará un efecto posterior al pasar estos aromas al vino. El grado de ahumado va a variar de una barrica a otra y dependerá de la decisión del enólogo y del tonelero.
Una vez ahumado el barril el tonelero humedece por fuera las duelas, cerrando así el espacio entre ellas, formando otro círculo en el extremo opuesto del barril. Este círculo se va cerrando poco a poco hasta poder poner el último aro de metal que dará la forma a la barrica. Se colocan los fondos y por último se cepilla.
Como ven, si sumamos los 200 años que se deben esperar para que una semilla se convierta en árbol, la labor que implica la fabricación de las duelas, la sabiduría para seleccionarlas según el tipo de barrica que se va a necesitar, el cálculo preciso para hacer el armado y el ahumado –que a mi parecer es la labor de un artista-, tenemos como resultado una pequeña obra de arte que nos infunde inconscientemente cierta forma de respeto y admiración.
Tal vez esto es lo que hace al arquetipo de la barrica tan fascinante, así como al vino que ésta encierra.

 
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