Año 7 Número 82 Enero 2010

A finales de noviembre viajé a Playa del Carmen para presenciar, aunque fuera un solo día, el Festival de Jazz de la Riviera Maya. Hubiera querido estar en todo el evento, pero únicamente me fue posible asistir al concierto de Sergio Mendes y Spirogyra.
La actuación de ambos fue memorable. En primer lugar, porque casi todos los asistentes con los que platiqué previamente no recordaban a bien o no conocían la música de Spirogyra, así que la expectativa sobre ellos no era muy alta; pero su calidad sorprendió desde la primera pieza que tocaron y, al final, todos quedamos impresionados con el nivel interpretativo de este grupo ochentero. La expectativa fue superada por mucho.
Y, en segundo lugar, la estrella de la noche –y quizá de todo el festival, cuestión de gustos, edades y recuerdos-- era Sergio Mendes, sobre el cual pesaba una expectativa muy grande. Pero no decepcionó. Por el contrario, el brasileño llenó con creces lo que se esperaba de él, logrando ofrecer el que, quizá, haya sido el mejor concierto en la historia de siete años de este festival en la Riviera Maya.
He asistido a varias ediciones del evento y no recuerdo ningún concierto en el cual la gente haya terminado de pie, exaltada, bailando y pidiendo más después de tres encores. A mediados de año, como un adelanto del festival 2009, se presentó el canadiense Gino Vannelli y rompió el récord de asistencia, con una cantidad de siete mil personas, según cifras oficiales de los organizadores. Pero ahora, en esa noche de Mendes y Spirogyra, de acuerdo a lo que informó Javier Aranda, director del Fideicomiso de Promoción Turística de la Riviera Maya y promotor del festival, playa Mamitas prácticamente llegó a su límite al registrar una asistencia de doce mil personas.
Como es sabido, la entrada a los conciertos de este festival es gratuita. Entonces muchos se preguntan en dónde está la ganancia económica de este evento que, sin duda, cuesta varios miles de dólares organizar. La respuesta está, en primera instancia, en que paulatinamente se ha ido convirtiendo en uno de los principales festivales de jazz del mundo, con la consiguiente promoción del destino que esto conlleva.
Y, en segunda instancia, la cual resulta más concreta y en el plazo inmediato, es la cantidad de turistas que llegan al destino con el objetivo principal de presenciar el evento, aprovechando también –en el caso de los visitantes provenientes de Estados Unidos— la coincidencia intencional con la celebración del Día de Gracias.
En los cuatro primeros días del festival la ocupación hotelera de este destino turístico se incrementó diez puntos porcentuales, al pasar de 62% a 72%, lo cual no es poca cosa si tomamos en cuenta que el inventario hotelero es de 37 mil 200 cuartos.
Esto significa que el festival representó, por menos, que se ocuparan tres mil 720 habitaciones durante varios días. Pero, además, si reparamos en que los asistentes no viajan solos, sino por lo menos con un acompañante, el número de visitantes llega, mínimo, a siete mil 440, con la derrama económica que todo ello significa.
Basta pensar, al final de cada concierto, que esos miles de personas que desalojan playa Mamitas poco antes de la medianoche, algunos regresarán de inmediato a sus hoteles Todo Incluido, pero también muchos de ellos, tal vez la mayoría, se quedan en Playa del Carmen para cenar o ir a algún bar a seguir la fiesta. Todos, motivados por la música que acaban de escuchar, de alguna u otra forma seguirán abriendo sus carteras para comer, beber, comprar cosas o pagar taxis, incluyendo en esto último a quienes no permanecen y vuelven a sus lugares de alojamiento.
Como cada año, en este 2009 el Festival de Jazz superó al anterior. Y ahora el reto para Javier Aranda, como cada noviembre, es planear un elenco para el siguiente que se imponga sobre el previo. Cuando cada edición de este evento termina, de inmediato inician los trabajos para el siguiente. Esa es la constante de quienes laboran en este Fideicomiso. El trabajo constante, el perenne esfuerzo de la imaginación. Son gente que dedica el día a día a esforzarse por el destino. Lo cual, por cierto, no sucede en todos los destinos turísticos de Quintana Roo.

 

 
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