Quiero que me traigan algo que no existe: un bastón de golf que le pegue derechito a la bola, para que mis queridos contlapaches no me bajen mi dinerito con tanta facilidad cada día sábado.
También me gustaría un auto que no se descomponga, unos ojos que no se cansen con la computadora y una caja de puros que no se acabe.
A mi mujer, cómplice en la gula (pero no en el fogón), denle un recetario bien gordo, para que practique hasta que me ponga barrigón (¿más?).
A mis hijos, adolescentes sedentes, tráiganles un ánimo menos sedentario, que no se les canse para llevarme de viaje y de parranda (y un cochinito a cada cual, a ver si de milagro le echan un pesito).
A mis hermanos y su prole, un crucerito por el Caribe (aunque sea en el Tafil).
A mis amigos workaholics, denles tiempo y ánimo para la sobremesa, para la chorcha, para el dominó y para el barco, y denles también una, y otra, y otra montaña de dinero, no sea que se pongan nerviosos (mi abuelito decía: más vale tener amigos ricos que pobres, no te van a dar nada, pero tampoco te van a pedir).
A mis socios, paciencia… (this will pass, too).
A mi equipo de trabajo, más paciencia…
A mis vecinos, bastará con una tonelada de concreto hidráulico, para que tapemos el rosario de baches que adorna nuestra calle (manden tonelada y cachito, no sea que fa-falte).
Al Atlante, ídolo de la afición, tráiganle un terreno bien grandote, para que construyan su estadio y se queden para siempre (pero que se mochen con el estadio, no vaya a ser que quieran el regalo completo).
Para Cancún también quiero algo que no existe: un buen alcalde.
Como todos sabemos que eso es imposible, al menos tráiganos uno que no sea sordo, que no lo sepa todo y que sea discreto a la hora de clavarse la lana. Que disimule, pues…
A los políticos de Chetumal tráiganles algo de seso, para que no sigan jodiendo con que el gobernador tiene que ser de allá, por decreto.
Mejor, tráiganles una embarrada de seso a los políticos de todo México, a ver si ya le paran con este interminable circo de revolcones, machincuepas, piquetes de ojo, cambios de camiseta y arreglos en lo oscurito.
A Carlos Slim tráiganle otro monopolio, porque los que tiene no le alcanzan para saciar el apetito número uno del universo.
A los seis ministros de la Corte en los que estoy pensando, tráiganles una mentada de madre, porque no se merecen otra cosa.
Al Caribe tráiganle un año sin huracanes, no sean gachos.
A mi cuenta de cheques, un cero (pero a la derecha)
Y si no se puede nada de esto, bastará con que dejen en el arbolito algunas botellas de buen vino, de esas que hacen las penas llevaderas.
No me fallen, papacitos.
PD: Todo esto se lo pedí a Santa Claus, pero el mentecato gordo no me trajo nada.