sta noche estoy pensando que deberíamos cenar algo delicioso pero fuera de serie, Pimienta, en algún sitio elegante pero que podamos llegar de lo más cómodos…
-Mmmm… Todas esas características no me llevan a suponer otro que no sea el Aïoli, que ya estaba de moda muchísimo antes que lo hiciese feudo presidencial Fox y su gabinetazo durante su estancia por el Le Méridien, el único hotel que resistió la caprichosa estancia de “Wilma”. ¿Cierto?
-Tus observaciones son inequívocas querido Pimienta. Tratándose de un lugar en el medio de la industria hospitalaria y con su evidente sibaritismo, no es extraño que abrace desde tiempo atrás a la cúpula empresarial, así como a los mejores eventos sociales y gastronómicos de los últimos tiempos.
-Me siento satisfecho con la coincidencia, lo que me lleva a cambiarte la oferta. No quiero ir a cenar… ¡quiero ir a comer! La seguridad de que todo lo que hay en su menú será de nuestro entero agrado y su magnífica vista al mar no debe ni tienen por qué esperar…
-Mmm… Como tampoco, Pimienta, ver servido en mi mesa mi Quinto Elemento…
-Mi glotona preferida… Pero es cierto, no hay postre más creativo ni más delicioso: esa esfera de chocolate blanco rellena de Mouse de chocolate blanco y su cubo de jalea de frambuesa, todo servido sobre una salsa de frutas rojas y su aro de chocolate oscuro… Me estás provocando…
-¿Ahora comprendes por qué lo escogieron como el postre oficial de Le Méridien Cancún entre las mejores revistas gourmet del mundo?
-Más que entenderlo, lo devoro… Pero volviendo a los principios de la etiqueta de la que eternamente haces gala mi querida Sal, te propongo seamos respetuosos de los tiempos. Y me pregunto: ¿Estarán sirviendo los nuevos platillos que congraciaron el apetito de Fox, o habrán sido diseñados ex profeso?
-Es atrevido tu comentario, Pimienta. Voy a hacer como que no lo oí. Si algo debemos reconocerle a la cocina del Aïoli es su innovación, su seducción a los nuevos sabores y aromas, como ha sucedido con su restaurante hermano, L’Instant, cuyos chefs, primero Pascal Legrain y actualmente Yann Giacomoni, emprenden una aventura mensual a razón de especias, flores, frutos… Y no veo la diferencia, asumo la sorpresa.
-Excúsame. Fui un verdadero loco, Sal. Y es que es tanta mi hambre que creo que he empezado a desvariar… Para entrar en cordura y a darme el latigazo de tu perdón y del Aïoli sucumbiré a una buena entrada. ¿Qué te parece el rollo de salmón ahumado, relleno de queso mozzarella marinado en pesto y albahaca? Y a continuación para tragarme mi atrevimiento, una copa de Chablis Louis Latour.
-¡Vaya combinación! Me has dejado perpleja, Pimienta, pero continúo con mi necedad, y para demostrarte la sorpresa pediré la tartaleta de camarones y alcachofas con vinagreta de chalote tibia y esencia de avellana, pero con una copa de Sauvignon Blanc, Geyser Peak. Qué aroma de vino…
-Si ese es el juego mi adorada necia ante mi excusa, me iré por el robalo en crosta de aceituna verde con risotto de betabel y jugo “Route de L'Orient” al esencia de azafrán. ¿Complacida?
-Yo asumo que el complacido has sido tú… Pero ni pienses que estoy de complacencia… Bueno, al menos lo estaré con mis antojos. Y en efecto, has dado en el clavo, quiero la pechuga de pato en magret, “cassoulet” con escargots y cebollitas glaseadas con salsa de vino tinto y balsámico, pero esta vez con el maridaje completo, eso significa una copa de Pinot Noir Echelon.
-Creo que la elección no pudo ser mejor, Sal… Y mira que para ser un restaurante de especialidades francesas con toques mediterráneos y estar ubicado dentro de un hotel como éste, los precios también me complacen: justos, así que me declaro repetir la experiencia a la brevedad. Y es más, ¿qué te parecería si de una buena vez reservo mesa para darle la bienvenida a un nuevo año de glotonería para continuar con la racha francesa? Porque no creo que muchos hoteles estén listos desde ahora con todo y esplendoroso menú…
-Ahora sí que me complaces, pero ahora soy yo la sorprendida, porque no sé cómo te has dado por enterado que el menú de Año Nuevo ha sido denominado justamente como bien por adelantado lo has calificado: Splendor…
-Sería injusto condecorarme con las sorpresas, esas se las concedo al Aïoli. Así que me confieso un tramposo; su menú lo he visto ya en el ciberespacio… Aunque lo único que recuerdo dadas tus preferencias es la entrada: pato deshebrado con papa confitada en aceite de avellana y foie gras con vinagreta de vino jerez y trufa. Y si mi memoria no me traiciona, recuerdo algo muy complaciente para las mías: filete de res Star Angus al sartén con guisado de hongos silvestres, foie gras, jamón serrano y papa pont neuf… ¿Empezamos de una buena vez a comer las tradicionales uvas para ver cumplidos todos tus deseos señora mía a pesar de las reglas de etiqueta?