El rescate de espacios públicos

Hace un par de días leí en un periódico de Cancún, con sorpresa, con agrado, aunque reconozco también que con cierto grado de escepticismo, que por fin será demolido el conjunto Party Center, y que con ello desaparecería también el horroroso, vergonzoso y  muy lamentable “callejón de los milagros”.

Construido al amparo del influyentismo que proviene del poder político, con recursos de dudosa procedencia, sin estudios de factibilidad técnica, financiera y de mercado, seguramente sin diseño arquitectónico dado que es un mamotreto espantoso, y en una total falta de respeto por la ciudad, este inmueble tiene más de una década en el abandono, representando sin la menor duda el mayor desprestigio, la peor mancha y el más negativo impacto visual para la Zona Hotelera de Cancún y en concreto para la zona denominada Punta Cancún, en donde importantes inversiones y desarrollos se ven opacados, empañados y hasta afectados económicamente por los efectos de este irresponsable y absurdo inmueble abandonado.

Fue un fracaso desde sus inicios, no solo por su espantoso diseño y la cantidad de metros cuadrados de cemento que impactaron al paisaje, sino porque su oferta de negocios y servicios era de la peor clase. Ocupado por prostíbulos, llenos de extranjeros  de dudosa estancia migratoria en el país, pésimos restaurantes, y en general una oferta alejada de la dignidad y el buen nombre de Cancún, este desgraciado Party Center condenado al fracaso nos dejó un elefante blanco que ha sido la vergüenza de Cancún por muchos años, y con él un llamado “callejón de los milagros”, cuna de vagos, malvivientes, ratas y otra fauna nociva; venta de droga  denunciada en múltiples ocasiones, hasta ser vox populi, ante la pasividad e indiferencia de todas las autoridades.

Honestamente no hacía falta un dictamen del Colegio de Arquitectos o Ingenieros y la Dirección Municipal de Protección Civil para determinar que el Party Center es el inmueble que presenta la mayor problemática dentro de la categoría de edificios y estructuras abandonadas dentro de la zona de playas.  Cualquier estudiante de arquitectura se los hubiera dicho hace muchos años y no les hubiera cobrado nada, cualquier estudiante de cualquier carrera; cualquier turista que pase por ahí, cualquier cancunense con un poco de orgullo, dignidad y amor por esta tierra les habría dicho que eso es una vergüenza. Lo que ha faltado es voluntad política para decirles a esos irresponsables “desarrolladores” que su “inversión” era una porquería y que debía ser demolido.  Faltó voluntad, y hubo miedo o quizá respeto a las envestiduras políticas tan poderosas que se dice hay detrás.

Alguna vez en este espacio le decía a mis ocho lectores que cuando a algún empresario le va mal, sobre todo en la Zona Hotelera, a todos nos va mal, porque sus malas decisiones o “su mala suerte” impacta en la imagen urbana y en la economía de toda una ciudad, y por eso mismo proponía que los grandes proyectos, y en especial aquellos que impactarán a la imagen de la Zona Hotelera deberían ser, por ley, sometidos a la decisión de un gran Consejo Consultivo o de un Consejo de Desarrollo, colegiado, multidisciplinario, representativo, prestigiado, con autonomía técnica y financiera que sancione proyectos y desarrollos, para evitar estos desastres. Hoy no lo tenemos, el IMPLAN no lo es.

Hoy veo con agrado, solo por lo que leí, que alguien al parecer tuvo voluntad política, que tal vez se han escuchado nuestras voces a lo largo de los años y que este lastre de Cancún y su competitividad será atendido. Si bien soy escéptico, también soy optimista y lo celebro.

Lo que me preocupa también es el futuro del espacio que dejaría el Party Center. ¿En qué condiciones se dará el asunto? ¿Cómo será la negociación con los propietarios para su demolición?… Y ¿que habrá después en ese espacio?..

Si en verdad se trata de dignificar la imagen urbana de la Zona Hotelera como lo hemos venido proponiendo desde la Cimuc (Comisión de Imagen Urbana de Cancún), y si de lo que se trata es de devolverle dignidad a Punta Cancún, lo ideal sería contar con un espacio público, amplio, decoroso, reforestado, que pudiera significar un ícono en el área, en donde turistas, visitantes y locales pudieran tomarse una buena fotografía. Fuentes que cambien de colores, una hermosa maqueta del Mundo Maya, un café al aire libre, mobiliario estético para el descanso, podrían y deberían ser, entre otros, los elementos a considerar, con lo que Cancún daría entonces un primer gran  paso luego de tantos años en el verdadero rescate y mejoramiento de la imagen urbana.

Faltan otros inmuebles por rescatar, tanto en Zona Hotelera como en el centro de Cancún, pero este sería un gran comienzo. Ojalá los hasta hoy irresponsables propietarios de todos los edificios en el abandono y plazas comerciales fantasmagóricas y feas tomen nota, hagan conciencia y se sumen a trabajar por Cancún.

Cancún es bello, es hermoso y aún muy competitivo, pero falta mucho por hacer y se requiere no solo de recursos sino de voluntad, planeación, trabajo conjunto, colegiado, y, de manera especial, privilegiar el respeto por el paisaje, que es patrimonio de todos.

El destino turístico más importante de Latinoamérica, con su hermosa Zona Hotelera, sus campos de golf, increíbles restaurantes, su bella laguna y su hermoso mar azul turquesa con playas de arena blanca merece sin duda un nuevo y renovado esfuerzo. ¡¡Vamos por ello!!

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