El niño que debiera ser mimado

El Caribe mexicano merece atención puntual y cuidado especial. Su verdadero efecto ha sido demostrar que un desarrollo turístico de gran volumen es un auténtico polo de desarrollo regional al que hay que mantener y mejorar a toda costa, sin maquillaje ni postizos.

El hecho de que en Riviera Maya, por ejemplo, haya ya más cuartos de hotel que en el propio Cancún comprueba que éste sí fue un verdadero polo de desarrollo y hay que mantenerlo vivo, porque sin Cancún, ni la Riviera ni Quintana Roo, ni Yucatán, serían lo que son.

La numeralia que se ha gestado en Quintana Roo a partir del Caribe mexicano –y no la “alegre”- en 44 años lo han probado. Y eso es lo que los tres órdenes de gobierno deben alentar en la zona y en toda la República Mexicana.

El anuncio por parte del presidente Enrique Peña Nieto en lo concerniente a inversión en materia de infraestructura, cifrada en 7.7 billones de pesos, tiene una importante connotación en ese sentido, pues como él mismo aduce: “La experiencia internacional es clara, a mayor y mejor infraestructura hay más oportunidades de atraer inversiones productivas, generar empleo y mejorar los ingresos de las familias”… Y afortunadamente la industria turística se llevará una tajada de este friolero pull de recursos, y nuestro estado también.

México ocupa el lugar 64 de 148 países en materia de calidad de infraestructura de acuerdo con el índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial. Y es en esta materia donde el Caribe mexicano, y la Península de Yucatán, han estado resentidos.

La intención de la administración pasada de incrementar uno por ciento más al Impuesto al Hospedaje, de dos a tres, tendría ese sentido, el mejoramiento de la infraestructura turística, además de su promoción, aunque su implantación no tuvo el efecto deseado ni esperado. Es en esta administración con Roberto Borge a la cabeza donde este impuesto por muchos peleado –aunque el cargo siempre ha sido al presupuesto del turista- debe tener  una clara repercusión en ambos sentidos, que por sexenios han peleado a la federación en beneficio del estado que genera el 46% de las divisas que ingresan al país.

Al parecer la política turística federal no demerita lo que el Caribe mexicano ha rendido a la nación a través del concepto sol y playa. Es más, reconoce que ha sido bondadoso para traer grandes volúmenes de turismo, y repartirlo a entidades contiguas. De hecho, Quintana Roo genera el 90% del turismo a Yucatán, y un 40% a Campeche, aunque en ésta pudiera empatarlo.

Es entonces que valiéndose del rendimiento de Quintana Roo, más la suma de nueva infraestructura, es lo que le permitirá a la federación abrir otros centros turísticos integralmente planeados dentro de la península: Chichén-Itzá, Calakmul y Palenque, en los próximos cuatro años, junto con Teotihuacán, con una inversión cifrada en ocho mil 75 millones de pesos, como parte del plan para la consolidación del patrimonio Mesoamericano. Y todo apunta a repetir el milagro Cancún y Los Cabos: traer más divisas al país, más inversiones, proveer de más fuentes de empleo y desarrollo social en forma integral, y esta vez a través del concepto cultural, un producto con el que México ha logrado la empatía con el mundo entero… Y en efecto, con el Caribe mexicano como puerta de entrada.

Y estos sitios arqueológicos serán los detonantes turísticos de las entidades; sin embargo, habría que considerar en todo caso que aunque es determinante la decisión del gobierno promover la creación de nuevos centros turísticos, no será una cuestión que se materialice en un año, ni dos, ni tres, ni cuatro. Un proyecto turístico lleva años en la planeación, en la ejecución y todavía más años en posicionarlo en la geografía turística nacional y mundial… y muchos más consolidarlo.

Así que será  el Caribe mexicano el que estará sirviendo de apoyo para su concretización. Por ello debe cuidarse, mantenerse en su mayor nivel de competitividad. Si se recapacitara en los esfuerzos que se hicieron para fundarlo, crecerlo y consolidarlo, se entendería su complejidad, y no se  echaría a la suerte lo que ha logrado históricamente y en tiempo récord por sus bondades culturales, naturales y geográficas. El Caribe mexicano es un privilegio, al que hay que mimar.

 



 

 

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