El niño de oro

La llegada de grandes capitales al Caribe mexicano casi siempre han estado vinculados a apellidos españoles de potentado renombre, no sólo financiero sino también turístico: Barceló, Riú, Meliá, Occidental, Iberostar, cuya influencia y peso permeó en otros de mediano y pequeño nombre, pero con una firme decisión de crecimiento a través de ofertarse a un mercado generosamente apetecible, Norteamérica.

La apuesta no tuvo un elemento intrigante. Era natural su salto al Caribe por su condición geográfica y climática. En algunos casos éste despegó desde República Dominicana, en otros tantos desde el Caribe mexicano, pero fuese como fuese es en territorio nacional donde todos los grupos -sin excepción a la regla- colocaron varios ceros en el saldo de sus chequeras para desarrollar sus marcas Premium.

El voto de confianza no tuvo tampoco un elemento intrigante. Ciertamente fueron empujados por el gobierno a través de algunos subsidios, pero México es un producto sin parangón, porque lo tiene todo y en generosas dosis: ubicación geográfica, bellezas naturales, cultura ancestral, infraestructura, seguridad jurídica en la tenencia de la tierra, gastronomía, hospitalidad y actitud de servicio.

Esta reflexión no tendría fundamento sin algunas revelaciones de esos empoderados hombres de negocios a LATITUD 21

“Tuve una visión muy clara sobre la oportunidad que representaba el Caribe mexicano para consolidar un destino de lujo. A 20 años invertimos en nuevos hoteles de marcas Premium”: Gabriel Escarrer, CEO de Grupo Meliá Hotels International.

“México constituye el tercer país con presencia hotelera de Barceló en el mundo, tras España y los EU”: Pedro Simón Barceló, CEO de la cadena Barceló Hoteles.

“Reconozco que estoy un poco como hipnotizado por México. México es el país que más nos interesa; nos interesa tanto como España. De hecho estamos priorizando construir en México. Aquí se dan unas ventajas  objetivas que difícilmente se encuentran en otros lugares del mundo, como el hecho de que se ubica frente al mercado potencial más grande del mundo, los Estados Unidos. Aquí mismo en Quintana Roo queremos seguir invirtiendo. De hecho creo que sin problemas podríamos colocar otros tres hoteles en la Riviera Maya de nuestras marcas de lujo: tal vez otro Royal de unos 200 o 250 cuartos, y uno o dos Grand de 800”: Adolfo Favieres cuando era socio de Occidental Hotels.

“A la vez que concretábamos la construcción de varios hoteles en República Dominicana, viajábamos por la zona y descubrimos que Quintana Roo tenía un potencial tremendo y unas condiciones fantásticas para invertir y así empezamos”: Miguel Fluxá, CEO de Grupo Iberostar.

La andadura del Caribe mexicano dentro del mundo turístico, que lo coloca como gran centro receptivo, le ha permitido una diversificación al máximo de cadenas de hoteles, con una participación de diversos mercados que, contra detractores, han sido de gran soporte para el crecimiento del destino.

En ese contexto participa Grupo Sirenis, conducido por Pedro y Abel Matutes Barceló, hoy tema de nuestra portada. Para la cadena española, Quintana Roo le resultó el destino turístico perfecto para descansar sus inversiones. Como algunos, iniciaron su internacionalización en República Dominicana pero en el Caribe mexicano confiaron el producto Premium de su portafolio de marcas. Reconocen su condición de receptividad de un alto turismo, y todos sus atributos, así como su oferta de alto nivel hotelero difícil de encontrar en otros destinos del mundo; pero lo que es más, se reconocen confiados -aun ante los descalabros propios de la recesión en su país de origen- para avanzar y engrosar su cartera de activos en la zona, y esta nueva apuesta sigue desafiando la expectación… Quintana Roo sigue siendo el niño de oro de México. Habrá que cuidarlo y mimarlo para no descarriarlo.



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