El famoso elemento “diferenciador”

 

“los destinos turísticos de México deben tener una clara diferenciación. Ahí tienen una oportunidad muy fuerte, porque todos hablan de sol, playa, descanso y diversión con los mismos argumentos”, comentó hace unos días Pablo Azcárraga, dirigente del Consejo Nacional Empresarial Turístico, durante una reunión con periodistas. Y al escucharlo no pude evitar pensar en cómo las administraciones pasan y pasan y los problemas más obvios a resolver siguen ahí, a la vista de todos, sin que nadie repare en ellos, más allá del discurso.

Seguramente el tema es mucho más antiguo, pero como periodista me inicié en el mundo del turismo a finales del siglo pasado y a la primera autoridad que le escuché plantear el tema fue a María Elena Mancha, la segunda directora que tuvo el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), allá por 2002.

Básicamente, la señora Mancha exponía hace más de una década lo mismo que acaba de plantear Azcárraga: casi todos los destinos de México, pero principalmente los de playa, utilizan los mismos argumentos para convencer a los turistas de visitarlos, como si todos fueran lo mismo.

Un ejemplo claro de esta situación lo es si un visitante extranjero, que nunca ha estado en el país, se embarcara en Acapulco en un crucero que recorriera el Pacífico mexicano, tal y como sucedía con Pullmantur en las rutas que canceló el año pasado: en el puerto guerrerense le van a ofrecer como lo más típico mexicano beber tequila o cocteles Margarita (hechos con tequila), y al descender en Ixtapa lo van a recibir con tequila y mariachis. Después, al llegar a Manzanillo le van a dar la bienvenida con mariachis y tequila. Y después, al descender en Puerto Vallarta, tierra jalisciense, pues con mayor razón lo van a esperar con tequila y mariachis; y si se sigue a Mazatlán también va a beber tequila y a oír mariachis. Y si llegara hasta Cabo San Lucas o se regresara a Huatulco sucedería lo mismo: sol, playa, mariachis y tequila, pareciera ser el resumen de nuestra oferta turística en los destinos de mar. ¿Y si llega a Guadalajara o a la Ciudad de México, qué crees que encontraría? Seguramente mariachis y tequila.

Claro que el mariachi y el tequila son elementos importantes de nuestra identidad nacional y ambos agradan a los visitantes, pero si un turista va a encontrar eso en todos lados, pues después de estar en Acapulco e Ixtapa muy probablemente opte por quedarse a bordo del crucero en las siguientes paradas, harto de tequila y mariachis.

Efecto de la globalización, lo mismo sucede ya con las artesanías, de las cuales se pueden encontrar esculturas de palo fierro de Sonora en Michoacán, alebrijes oaxaqueños en Puebla o vidrio soplado de Tlaquepaque en Cancún.

¿De verdad será tan difícil que en cada puerto o ciudad acepten elegir un elemento que les dé una identidad única, sin tener que recurrir al tequila y los mariachis? Por decir algo, Acapulco podría ser un destino retro con glamur; Ixtapa-Zihuatanejo, dos destinos en uno, tradición y modernidad; Manzanillo parece un puerto Mediterráneo por su arquitectura; Puerto Vallarta es el típico pueblo mexicano, con mariachi y tequila, ¡por supuesto!; Los Cabos son el destino Premium del país, desierto y mar, y Huatulco tiene en su cuidado ecológico su factor de identidad. Y así cada uno; habría que hacer un inventario.

Sin duda esta es una asignatura que deberá entrar en la lista de pendientes tanto de la secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, como del director general del CPTM, Rodolfo López Negrete.

 

 



 

 

 

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