El éxito empresarial

Durante el presente año el turismo ha tenido un crecimiento sin precedente en todos los sentidos; no solo las tasas observadas en el sector han sido positivas, sino que han alcanzado niveles superiores a los dos dígitos en la mayoría de las variables, además de haberse mantenido en esa condición de alto dinamismo ya por más de siete años. Por ello Grupo Posadas, tema de nuestra portada, le apuesta a continuar sus inversiones para ofrecer una mayor oferta de hospedaje a sus clientes.

Pablo Azcárraga, presidente del Consejo de Administración del grupo, en entrevista con Latitud 21 habla sobre los proyectos futuros de la prestigiada firma hotelera, así como de su portafolio de productos, que cuenta con un amplio abanico de marcas enfocadas a diferentes mercados, con el objetivo de satisfacer las necesidades de cada viajero en particular.

Los planes son muchos, con millonaria inversión para lograr el objetivo de duplicar en 2020 su oferta hotelera con 300 centros de hospedaje más en nuestro país y sumar destinos como República Dominicana y la isla de Cuba.

Con el paso de los años la Industria hotelera también busca nuevos mercados, y es por ello que la compañía líder en México lanza la marca LatinoAmerican dirigida a los famosos millennials, quienes están muy enfocados a la tecnología, por lo que a través de dicho producto podrán  satisfacer las necesidades de este segmento de mercado que cada vez tiene una mayor participación, no solo en el sector turísticos sino en todos los ámbitos sociales y económicos de este mundo globalizado en el que vivimos.

Pablo Azcárraga destacó que para los planes de crecimiento de Grupo Posadas nuestro estado es pieza fundamental, por lo que se ha destinado una importante inversión para la construcción de centros de hospedaje en Chemuyil y Tulum. Además, dentro de sus estrategias de negocio vendió el resort Fiesta Americana Condesa Cancún a Fibra Hotel, por medio de una transacción de venta y arrendamiento a largo plazo.

El ejecutivo no deja a un lado el tema de la seguridad como parte vital para cada uno de los destinos turísticos, por lo que hace énfasis en la importancia de  las reacciones mediáticas más oportunas  y eficientes, con noticias buenas que la gente siempre agradece.

En este contexto opina que todo lo relacionado con la inseguridad es muy complejo y debe ser analizado desde varias aristas para darle una solución puntual y definitiva, ya que de no resolverse colocará en un serio peligro el futuro del turismo, sector especialmente vulnerable a las manifestaciones de violencia, por lo que es tiempo de actuar y trabajar todos por hacer de México en su conjunto un lugar seguro para sus pobladores y visitantes.

Aires de esperanza

No podemos cerrar esta columna sin hacer mención sobre lo que ocurrió hace unas semanas en nuestro país, gravemente afectado por fenómenos naturales que cimbraron a todos los mexicanos. Sismos que dejaron olor a tristeza, muerte y desolación, pero también de esperanza, en momentos que nos mostraron, una vez más, lo mejor, aunque desgraciadamente también lo peor, de los seres humanos.

Por una parte robos y rapiña en horas de zozobra, pero por otra, y la más rescatable, la ayuda y solidaridad incondicional de tantas y tantas personas que no esperaron para brindar su colaboración en la remoción de escombros, primeros auxilios, o para abrir las puertas de sus casas en donde recibieron a los más desprotegidos, así como para juntar, llevar, organizar y entregar alimentos, agua, cobijas, artículos de higiene personal y medicinas, sin importar qué tan lejos se encontraban de las zonas de desastre.

No terminábamos de reunir lo necesario para nuestros hermanos de Oaxaca y Chiapas cuando otros estados de la república sufrían los estragos de un nuevo embate de la naturaleza; irónicamente el mismo día, como hace 32 años, cuando la Ciudad de México colapsó ante algo nunca antes visto: un terremoto de proporciones catastróficas.

La ayuda de toda la gente fue y ha sido pieza clave en uno de los momentos de contingencia más complicados que hemos vivido como mexicanos, sismos que quedarán en la mente como huella imborrable de todos aquellos que vivieron esos fatídicos momentos, que oramos para que no se repitan nunca más.

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