El abaratamiento de los Pueblos Mágicos

Hace poco más de un año comí con el director en México de una empresa internacional, y, como suele ocurrir en esas reuniones informales, donde todo lo que se dice es off the record, intercambiamos puntos de vista sobre muchos temas de la industria turística, y uno de ellos fue el de los Pueblos Mágicos, que para esas fechas ya comenzaban a proliferar como hongos.

“¿Qué piensas del Programa de Pueblos Mágicos?”, me preguntó, y, en resumen, le contesté que empezaba a haber demasiados, varios de los cuales no parecían cumplir con los requerimientos necesarios para tener esa categoría, por lo que me daba la impresión de que en la Secretaría de Turismo estaban aplicando un criterio político a la hora de seleccionarlos, con el fin de tener contentos a todos los gobernadores. “Eres demasiado amable –me dijo–. Yo más bien creo que lo están prostituyendo”, afirmó contundente y coincidió conmigo en que la entonces secretaria de Turismo, Gloria Guevara, la segunda titular de Sectur en el gobierno de Felipe Calderón, se había alejado de la idea original de este programa, para manejarlo con un criterio político.

Y es que cuando inició, en 2001 con Leticia Navarro como secretaria de Turismo, Pueblos Mágicos fue un programa del gobierno federal que tenía la vara muy alta para que alguna localidad fuera incluida. Así lo indicaba el bajo grado de crecimiento anual que registró durante una década.

Veamos. Huasca de Ocampo, en Hidalgo, fue el primer Pueblo Mágico y en ese año, sexenio de Vicente Fox, sólo hubo otros dos, Real de Catorce, en San Luis Potosí, y Mexcaltitán, en Nayarit, el cual sería expulsado en 2009.

En 2002, para darle impulso, Navarro designó a otros ocho, entre los que se encontraban sitios de indudables atractivos como Taxco, Tepotzotlán, Comala, Pátzcuaro, Dolores Hidalgo e Izamal, por nombrar algunos.

En 2003, a finales de julio Navarro fue relevada en el cargo por Rodolfo Elizondo, y en todo ese año únicamente se agregaron a la lista dos localidades: Tequila y San Cristóbal de las Casas.

En 2004 Elizondo mantuvo estrictas las reglas y sólo añadió otros dos: Real del Monte y Parras de la Fuente.

A esas alturas Pueblos Mágicos era ya un programa muy exitoso en el que todos querían participar, tanto por los beneficios que reciben en equipamiento e infraestructura como en promoción. Así que en 2005 hubo seis más, como Bernal y Álamos.

Esta misma cantidad de nuevos Pueblos Mágicos se repitió en 2006, entre los que se encontraban Bacalar y Todos Santos.

En 2007 el número bajó a cinco y en 2008 no hubo ninguno. Al siguiente año, 2009, nada más se nombró a uno: El Fuerte, Sinaloa, y, por el contrario, tres fueron expulsados del programa por no cumplir con los compromiso adquiridos: Mexcaltitán, Papantla y Tepoztlán; los dos últimos volverían a ser admitidos posteriormente.

Hasta ahí, después de nueve años y dos secretarios de Turismo, 32 localidades habían sido nombradas Pueblos Mágicos.

En marzo de 2010 Gloria Guevara ocupó el lugar de Elizondo y en ese año únicamente se agregaron seis, cantidad que creció a diez durante 2011. Pero algo sucedió en 2012 que a la entonces titular de Sectur le entró una gran fiebre por llenar al país de Pueblos Mágicos, devaluando así el significado de tener esta denominación. De manera que en su último año al frente de Sectur les dio este título a ¡35 localidades!, muchas de ellas con muy dudosos méritos para serlo. En total, Guevara añadió nada menos que 51 nombres a la lista; que actualmente contiene 83 Pueblos Mágicos, muchos de los cuales no tienen nada de magia y sí son una papa caliente para la nueva titular de Sectur, Claudia Ruiz Massieu, porque sin duda tendrá que revisar y depurar el programa, lo cual le costará fricciones con los gobernadores afectados. Ya veremos si se impone el sentido común o el manejo político de evitar problemas.

Hasta el momento, lo que la secretaria ha dicho al respecto es que: “Pueblos Mágicos es un programa exitoso; hay que mantenerlo y, sin duda, hay que revisarlo”. Y le pidió a su subsecretario Carlos Joaquín que lo revise para que le diga “qué mantener, qué apretar y qué modificar”.

 



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